Incendios, saqueos, barricadas, robos, destrucción de mobiliario público y una larga lista, similar a la del 18 de octubre de 2019, fue el saldo que dejó la protesta para recordar aquel día.

De acuerdo con el director nacional de Orden y Seguridad de Carabineros, el general inspector Marcelo Araya, la jornada violenta del día de ayer dejó como balance preliminar 12 civiles lesionados, dos fallecidos, 45 carabineros heridos y 450 detenidos por saqueos, desórdenes y barricadas, entre otros delitos.

La mayoría de las protestas ocurrieron en la denominada «zona cero», barrio que lleva dos años afectado por los disturbios. Óscar Carrasco es vecino del Barrio San Borja, vive en Diagonal Paraguay y esta mañana entregó su testimonio en el programa de radio Mirada Líbero en Agricultura: «Es prácticamente invivible. Lo que pasamos hace dos años atrás fue el infierno. No podías vivir tranquilo de lunes a domingo. Mañana, tarde y noche, por los incendios, los ruidos, los saqueos. Lamentablemente, eso no paró nunca porque lo de ayer fue como revivir un poco lo que pasó en 2019».

El déjà vu comenzó temprano. Por la mañana el día fue tenso. Hasta que pasadas las 17:00 horas, Carrasco vio cómo los «vándalos» comenzaron a llegar. «Algunos a pie y otros en buses particulares, lo que me llamó harto la atención, porque no creo que esos buses sean baratos de arrendar». Detalla que fueron tres los buses particulares que vio dejar gente para que luego estos caminaran hacia Plaza Italia. Tres horas después, «pasadas las 20:00 horas estaba totalmente todo desatado: los incendios, los saqueos y los vándalos, prácticamente era el infierno».


Relata que «manifestantes sacaron de cuajo los postes de la calle Ramón Corvalán, quemaron paraderos del Transantiago, derribaron semáforos y señaléticas, prácticamente todo lo que iban encontrando por Alameda: bancos, locales comerciales, edificios, supermercados, todo eso fue vandalizado», lamenta. Finalmente, la tranquilidad venció a la media noche. «Pasada la una de la mañana se logró prácticamente, entre comillas, dormir tranquilos», agrega.

El vecino además se refiere a un momento especialmente tenso que hubo cuando comenzó el incendio de la escalinata del Cerro Santa Lucía. «Vecinos salieron armados con piedras para ahuyentar a esta gente violenta, si no hubiera sido por la premura de Carabineros, prácticamente se habría quemado entero el cerro Santa Lucía. Los vándalos van dispuestos a todo».

«Van armados con palos, piedras, fierros y armas blancas»

Carrasco lleva dos años siendo testigo de los saqueos, los incendios, las barricadas, que acompañan las manifestaciones en los alrededores de Plaza Italia, por eso describe que quienes no han dejado de asistir cada viernes «son gente joven que viene en grupos, los mayores tienen 35 años. Vienen vestidos de negro, encapuchados y muchos de ellos armados con palos, piedras, fierros y armas blancas».

Lo más grave de este asunto, opina Carrasco, «es que es gente joven ideologizada políticamente que viene a vandalizar, robar, asaltar y quemar. Si ellos hubieran venido a manifestarse pacíficamente no tengo ningún problema, pero destruir todo el barrio nuevamente no cabe en la lógica. Mi barrio ya está destruido, rayado, vandalizado y prácticamente en condiciones paupérrimas desde el 18 de octubre de 2019″.

Hace dos años recuerda que les tocó enfrentar a un grupo de manifestantes que quería entrar en su edificio. «Tuvimos que organizarnos rápidamente con los vecinos para hacerles entender que iban a perjudicar a más de 300 personas en un edificio». Pero denuncia que como consecuencia de este clima conserjes han sido agredidos, así como algunos vecinos de los edificios que están por Ramón Corvalán y Marcoleta, «los han asaltado y les han robado los mobiliarios para hacer barricadas».

Una realidad sin fecha de término

Vivir en el epicentro de las protestas es algo que a Óscar Carrasco le inquieta cada vez más. Hasta el año 2018, dice, «teníamos una vida normal, una vida tranquila, con gente de clase media, gente de tercera edad, matrimonios jóvenes que realmente veían que la conectividad, el ambiente y estilo de vida que tenía el barrio San Borja era agradable». Sin embargo, todo eso para los vecinos del sector se vio violentamente alterado.

Muchos de los vecinos, explica Carrasco, «hoy en día están con tratamiento psicológico, porque hay gente que no aguanta mas. La resistencia física, mental, o psíquica que puede tener un ser humano tiene un límite, y el ser humano es débil. No podemos resistir más violencia, más gritos, más ruidos, más saqueos y más incendios».

«Los vecinos en algún minuto pensamos que esto iba a decantar y que la violencia iba a disminuir pero nos dimos cuenta que cada vez la gente estaba más agresiva y dispuesta a todo. En enero de 2021, mi edificio prácticamente se deshabitó, porque ya no vieron seguridad ni solución alguna».

«Nos ha cambiado radicalmente la vida a los vecinos», concluye.

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