Publicado el 2 marzo, 2021

Vanessa Kaiser: Y ahora… ¿quién podrá salvarnos?

Candidata a concejal por Las Condes Vanessa Kaiser
No soy especial admiradora de Sebastián Piñera, pero lo que está sucediendo con el desprestigio de su figura es inadmisible.
Vanessa Kaiser Candidata a concejal por Las Condes
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Al gobierno le llueve sobre mojado. El aumento de la intensidad en el conflicto en la Araucanía parece tener un solo responsable: el Presidente. Se repiten las escenas de las semanas posteriores al 18 de octubre, cuando hordas de lenguas maldicientes, ciclistas enardecidos y ciudadanos indignados apuntaban con su dedo acusador al nuevo chivo expiatorio de todos nuestros males. Al más puro estilo de infantes fanáticos de los cómics donde se enfrentan el héroe y el villano, muchos adhirieron a la consigna: “No fueron treinta pesos, fueron treinta años y Piñera tiene la culpa de todo”.

Quiero aclarar que no soy especial admiradora de Sebastián Piñera. Sin embargo, a pesar de todos sus defectos y su criticada participación en un sinnúmero de eventos, lo que está sucediendo con el desprestigio de su figura es inadmisible. Jueces de la más diversa índole se muestran implacables con el hombre que salvó a los 33 mineros, reconstruyó parte de Chile tras el terremoto, ha implementado un plan de vacunación exitoso y, lo más importante, frente al estallido no renunció dejando el país en manos de una izquierda capturada por las dinámicas violentas del PC y parte del FA. Si lo pensamos bien, para un hombre millonario que ya está en los descuentos de su vida, lo más lógico hubiera sido renunciar. De hecho, muchos pensaron que lo haría. Como no lo hizo, parte del Congreso se empeñó en destituirlo para consumar así el golpe de Estado que dieron con el guante blanco de magnitudes políticas invisibles para el radar del derecho. La fórmula de Atria expuesta en su libro La constitución tramposa estuvo a punto de encarnar en la historia de nuestro país para, como dice él, devolverle las instituciones al pueblo. El mismo pueblo que no le dio apoyo ni para inscribir su partido y que está hastiado de los políticos. A ese pueblo que Atria, comunistas y frenteamplistas dicen representar (aunque una ínfima minoría vote por ellos), casi le roban la democracia desde adentro. La salvaron un Presidente que no se fue pa’ la casa y un par de parlamentarios dispuestos a respetar el resultado de las urnas.

No pocos dicen que hubiera sido mejor que Piñera renunciara. Lo que no ven es que con ese acto habría soltado las amarras del proyecto de la extrema izquierda, o, ¿por qué cree usted que intentaron destituirlo con tanto ahínco? Justamente, porque el Presidente Piñera es, aunque muchos no lo crean, la represa que contiene el flujo de las corrientes que nos hubieran conducido al ordenamiento institucional perseguido por los socialistas del siglo XXI. El modelo es un añejo proyecto de apropiación institucional de parte del “pueblo”. Con el fin de darnos una idea del proyecto, en su libro, Atria recurre a Allende: “Probablemente, Salvador Allende fue el más explícito respecto de esta apropiación de las instituciones por el pueblo bajo la Constitución. Él sostuvo, en su Informe al Pleno Nacional del Partido Socialista en Algarrobo en 1972, que ‘las instituciones no son un ente abstracto. La institucionalidad responde a la fuerza social que le da vida. Y lo que está acaeciendo ante nuestros ojos es que la fuerza del pueblo, del proletariado, de los campesinos, de los sectores medios, está desplazando de su lugar hegemónico a la burguesía monopolista y latifundista’”.

¿Tienen razón quienes ven en el Presidente a un cobarde que sólo defendería sus intereses personales intentando evitar juicios que lo acusen de violaciones a los DD.HH. y confisquen sus bienes? Creo que la única manera de responder esta pregunta es poniendo en los zapatos del mandatario a un reemplazante cualquiera manteniendo las mismas condiciones, es decir, céteris páribus. ¿Qué habría podido hacer diferente alguno de sus tantos ministros destituidos o actuales presidenciables con tribunales capturados por jueces activistas de izquierda, una serie de organizaciones atribuyéndole a la fuerza pública violaciones a los derechos humanos cada vez que intentan reestablecer el orden, un congreso adverso y los medios en manos de comunicadores que más saben de Gramsci (aunque no creo que lo hayan leído) que de informar?

Para ser justos es necesario recordar las palabras del Presidente: “Estamos frente a un enemigo poderoso e implacable”, afirmaba por enésima vez durante una ceremonia de egreso anticipado de funcionarios de la PDI, cuarenta y dos días después del estallido. ¿Alguien le preguntó quién era ese enemigo del que hablaba o en qué consistía su poder? Nadie. Silencio. En lugar de indagar en los hechos violentos y sobre la identidad de sus protagonistas, los medios, la ciudadanía en general, los políticos y el largo etcétera de jueces que hoy lo apuntan como el único responsable reaccionaron con risas, burlas, más protestas, cicletadas en su contra el día de su cumpleaños, ridiculización y desprestigio. Así horadaron la capacidad de acción de carabineros y de las FF.AA., que enfrentaron a una ciudadanía inflamada por todos los flancos. El discurso que amparaba a los violentos mientras horadaba la autoridad fue pronunciado incluso en el escenario de la Quinta Vergara cuando un humorista puso en el podio de los héroes a la Primera Línea sólo un par de horas tras haber sido agredido por ellos. Y es que, como anunciara hace ya tiempo Nietzsche: “Hay un punto en la historia de la sociedad en el que el reblandecimiento y el languidecimiento enfermizos son tales que ellos mismos comienzan a tomar partido a favor de quien los perjudica, a favor del criminal, y lo hacen, desde luego, de manera seria y honesta.” ¿Cómo puede el Presidente enfrentar este complejo estado psíquico de parte importante de quienes tienen la batuta del discurso hegemónico, partero de la opinión pública?

Sin legitimidad no es posible ejercer el mando ni hacer uso de la coerción estatal para restablecer los derechos de las mayorías hoy oprimidas por minorías violentas, una casta política que ha capturado el Estado y comunicadores que promueven el discurso del odio con que se encienden las molotov todos los viernes en el centro de Santiago. Tampoco podrá avanzar en soluciones en la macrozona sur que impliquen el uso de la fuerza, porque el fenómeno parece ser el mismo. No olvidemos que mientras se quemaban todas las ciudades del país, la zona sur experimentaba una baja importante en la intensidad del conflicto. ¿Coincidencia?

Solo cabe preguntar… y ahora, ¿quién podrá salvarnos? Lo que está claro es que no sacamos nada con cruzar los dedos para que el Chapulín que llegue a La Moneda no sea colorado. Es preferible empezar a tomarnos en serio el desmantelamiento de nuestra democracia y unir voluntades para dar espacio a las voces que defienden la paz y la libertad.

  1. Oscar Carrasco Iturriaga dice:

    Estamos capturados por la ONU. Desgraciadamente nunca se ha querido en Chile enfrentar los problemas. Siempre desde la epoca de la Independencia de Chile hasta hoy, al chileno le cuesta tomar la decision final a cualquier problema que implique utilizar la mano dura o enfrentar un problema que se puede solucionar desde la genesis de el. Si Chile no hubiera firmado tratados internacionales que nos dejaron a merced de la ONU, otra realidad campearia en Chile. Por otra parte, si se hubiera observado el fenomeno de la corrupcion desde que esta comenzo, ese fenomeno.hoy no seria tema si se hubiera enfrentado a tiempo. El otro error cometido por Chile fue el haber dejado retornar a exiliados que solo traian el sindrome de la venganza, el odio y el rencor. Por otro lado, ya un Senador como el Señor Huenchumilla llamando a la intervencion de la ONU y los Cascos Azules para pacificar la Araucania. El plan perfecto de intervencion extranjera y de destruccion definitiva de Chile que la Sra. Michelle Bachelet no miraria con malos ojos. Sino porque ella misma unge y bendice a Paula Narvaez como candidata presidencial?. Lo de Sebastian Piñera es un hombre inteligente en lo empresarial pero ignorante en lo politico. La solucion va a ser violenta para Chile: o despertamos los patriotas definitivamente y salvamos nuestra nacion de intervencion extranjerao esto acabara en una guerra civil o u otra intervencion militar. Y sera mas fuerte y sangrienta que las anteriores.

  2. Veronica Munita Bennett dice:

    Excelente Columna! Un llamado a darnos cuenta que le hace un flaco favor a Chile culpar de todos nuestros males a Piñera. Hoy es lo más fácil. Desde la izquierda hasta la derecha. En vez de eso, debemos tener un pensamiento más crítico y darnos cuenta de la responsabilidad que le cabe a su propio sector político (muchos cada vez más cobardes y populistas), la izquierda obstruccionista, que no lo ha dejado gobernar, la Justicia y la Fiscalía, que no ha colaborado en recuperar el orden público desde lo que les corresponde, la mayor parte de los medios de comunicación.
    Si nos importa aportar, apoyemos las buenas iniciativas y a los buenos políticos!

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