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Publicado el 04 de mayo, 2019

Urnas vacías, por qué los estudiantes no votaron en la elección de la Fech

Autor:

Bastián Garcés

El desgaste del Frente Amplio, que ha tenido 9 presidencias consecutivas, es una de las causas que explican por qué fracasaron los comicios en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, según comentan al interior de la casa de estudios. Emilia Schneider (Partido Comunes) asumirá con el mandato de convocar nuevas elecciones en un plazo de 6 meses.

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Bastián Garcés

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La baja participación en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) no alcanzó siquiera para poder agregar un día más de votación al proceso. Los 8.019 votos, que representan al 25,8% del padrón habilitado para sufragar de 31.080 alumnos, quedaron muy por debajo del piso del 30% que establece el estatuto de la Fech para añadir una nueva jornada y así alcanzar el 40% del quórum, porcentaje para declarar válido los comicios.

Una situación que no se repetía desde 1994, cuando las votaciones para definir al sucesor del actual senador y presidente del Partido Socialista, Álvaro Elizalde, como máxima cabeza del organismo estudiantil, no fueron validadas por falta de quórum. Veinticinco años después, la Fech nuevamente vive una crisis. La cantidad de votos emitidos solo permitió definir una mesa interina que «tendrá como único objetivo convocar a más tardar en el plazo de seis meses a elecciones generales de Federación«, según establece el artículo 120 bis del estatuto de la organización.

La directiva transitoria quedó compuesta por las tres primeras mayorías que podían conformar la mesa de la Fech en caso de que la elección fuera válida. Es así como el Frente Amplio logró poner en la presidencia del organismo a su novena carta consecutiva: la dirigente de las movilizaciones feministas del año pasado y activista trans, Emilia Schneider (Partido Comunes), quien estará acompañada por Nicole Martínez (Revolución Democrática), Millaray Huaiquimilla (Partido Comunista) y dos miembros que deberá definir el consejo de presidentes de centros de alumnos. Esto porque la elección de consejeros Fech -cargo que ejerce un rol similar al Poder Legislativo- fue invalidada por la falta de quórum.

Pero, ¿cómo una de las organizaciones estudiantiles más importantes del país quedó en una situación tan crítica? La respuesta que más se escucha en los patios de la universidad, y que las mismas fuerzas políticas reconocen, es que se generó la convicción de que la «Fech solo le ha servido a los intereses de los movimientos políticos» y que ha sido utilizada como una plataforma para levantar liderazgos que, eventualmente, puedan llegar al Congreso.

Una tesis con la que concuerda la actual presidenta del organismo, Karla Toro (Partido Comunes), aunque con matices. «En menor medida las fuerzas políticas buscan hacer que sus dirigencias que son representantes de movilizaciones el día de mañana puedan tener un espacio en el Congreso o en cualquier tipo de dirigencia más nacional«, explica la líder estudiantil, quien califica que esto «no es negativo en el sentido que estos (dirigentes) sean el reflejo de luchas sociales». Para Toro es ahí donde «se ha perdido un poco el foco, porque varias dirigencias buscan proyectar vocerías nacionales, olvidándose de los espacios locales».

El asambleísmo espantó a los demócratas, las persecuciones alejaron a los opositores y la corrección política echó a los estudiantes críticos», señala Juan Pedro Lührs, ex secretario ejecutivo de la Fech de 2011.

«Es un espacio que sirve a la militancia de los partidos políticos que están en el poder pero no al estudiante promedio», explica  sobre la Fech Juan Carlos Bustos (Centro Derecha Universitaria, CDU), secretario ejecutivo de la federación durante el período 2018-2019, quien agrega que «el principal problema que veo es la forma que se hace política en la federación, la Fech tiene una forma de trabajar a puertas cerradas, a espaldas de la mayoría de los estudiantes, porque no se les pregunta, no se les consideran sus problemas».

Algo que es confirmado en privado por un dirigente de la base de Revolución Democrática de la Universidad de Chile quien afirma que «está la sensación de que la Fech solo le ha servido a los intereses de los movimientos políticos, que la federación se ha visto debilitada y los únicos que se ven favorecidos son los movimientos». Además, comenta que durante el proceso de campaña las cinco listas en competencia «de alguna u otra forma lo hicieron entrever así. La centroderecha, la ex Nueva Mayoría y el Frente Amplio tenían un discurso que iba en esa dirección, de que la Fech solo estaba sirviendo a los grupos políticos«.

Nueve presidencias de la Fech en manos del Frente Amplio

Otro factor al que apuntan en el interior de la universidad es el «monopolio» que ha tenido la presidencia de la federación por parte de fuerzas que integran el Frente Amplio. Una lista que comienza con Gabriel Boric en 2012, en ese tiempo militante de Izquierda Autónoma, quien desplazó a la comunista Camila Vallejo, quien había encabezado las movilizaciones estudiantiles de 2011, como máximo dirigente del organismo.

Se ha perdido un poco el foco, porque varias dirigencias buscan proyectar vocerías nacionales, olvidándose de los espacios locales», analiza Karla Toro, actual presidenta de la Fech.

Desde entonces, han sido 9 los dirigentes de fuerzas frenteamplistas que han accedido a la presidencia de la Fech. Andrés Fielbaum (Izquierda Autónoma, 2012-2013), Melissa Sepúlveda (Frente de Estudiantes Libertarios, 2013-2014), Valentina Saavedra (Izquierda Autónoma, 2014-2015), Camila Rojas (Izquierda Autónoma, 2015-2016), Daniel Andrade (Unión Nacional Estudiantil, 2016-2017), Alfonso Mohor (Movimiento Autonomista, 2017-2018), Karla Toro (Partido Comunes -fusión entre Partido Poder y la IA, 2018-2019) y Emilia Schneider (Partido Comunes, de forma interina durante 2019).

Si bien el Frente Amplio como tal existe desde 2017, el origen de la coalición tiene como base el movimiento estudiantil y principalmente la Universidad de Chile, lugar del que han salido sus principales dirigentes. Y para varios, este fue un factor relevante durante las últimas elecciones.

Así lo ve el ex secretario ejecutivo de la Fech de 2011 Juan Pedro Lührs, quien pertenecía al Movimiento Gremial. Explica que la baja participación durante las elecciones de este lunes y martes «no es culpa de lo que pasó este año, es un proceso más largo, la gente se terminó cansando del Frente Amplio«.

En términos concretos, este fue el primer año en que el FA compitió por la federación presentando una sola lista, aunque eso no fue una muestra de buenos resultados. Si en la elección de 2017, las dos apuestas de la coalición sumaron 4.637 votos, este año solo alcanzaron 3.708 , es decir 929 preferencias menos. No fue el único grupo de izquierda que disminuyó su votación: la plataforma Vamos Construyendo perdió 988 sufragios y la lista ligada al trotskismo disminuyó en 360 preferencias en comparación a 2017. Solo la apuesta de las Juventudes Socialistas y Juventudes Comunistas mejoró su registro, al aumentar su votación en 312 preferencias. En el caso de la Centro Derecha Universitaria, sus resultados tuvieron una mínima variación de 66 votos menos.

Otro factor que destacan es que este año hubo menos listas. No solo porque el FA fue unido sino que también porque no hubo lista de independientes, lo que para algunos «significa que los que compiten por la Fech son los grupos duros y politizados».

Estos elementos afirman la tesis de Lührs. El ex dirigente afirma que actualmente hay «un sistema electoral que solo favorece a las izquierdas, porque la única forma de ser oposición es ser de izquierda, todos los demás actores políticos están marginados del proceso». Y señala que «el asambleísmo espantó a los demócratas, las persecuciones alejaron a los opositores y la corrección política echó a los estudiantes críticos«.

Una muestra de esto, ocurrió hace poco menos de un mes cuando durante la sesión del pleno de federación -mayoritariamente de izquierda- del lunes 1 de abril, se solicitó la renuncia del secretario ejecutivo de la Fech Juan Carlos Busto (CDU), quien horas antes había presentado un requerimiento en Contraloría para que se investigara la legalidad en el uso de recursos públicos de la federación.

Durante la sesión una de las primeras en alzar la voz fue la coordinadora Javiera Ortiz -cercana a la presidenta Karla Toro– quien solicitó inhabilitarlo para ejercer cualquier cargo universitario.

Aunque no era la primera vez que Bustos era criticado por cuestionar al resto de los integrantes de la mesa, la que se elige a través de un sistema de lista abierta lo que permite que diferentes fuerzas políticas integren la federación. Un año antes, el 18 de abril de 2018, el secretario ejecutivo criticó públicamente una marcha convocada por la Fech, algo que le significó recibir insultos del resto de la directiva por WhatsApp. En la ocasión Bustos además afirmó que a El Líbero que «es muy difícil trabajar cuando hay cuatro tipos de izquierda que se pelean entre ellos por quién lleva la batuta».

La Fech tiene una forma de trabajar a puertas cerradas, a espaldas de la mayoría de los estudiantes», dice Juan Carlos Bustos (CDU), secretario ejecutivo de la federación.

Además de esto, las fuerzas del Frente Amplio deben cargar con sus propios fantasmas. La elección de 2016, en la que la carta del Movimineto Autonomista, Alfonso Mohor, se convirtió en la máxima autoridad de la federación, no alcanzó el quórum mínimo requerido para ser considerada válida. Por esta razón, se debió extender un día más para alcanzar el 40%, porcentaje que superaron por menos de 80 votos.

Fue un mal presagio para lo que se desataría meses después, cuando en junio del año pasado Mohor, presentó su renuncia a la presidencia del organismo luego de ser acusado de haber encubierto un acoso laboral ocurrido en 2017. Esto significó que se iniciara un proceso en su contra, razón por la que prefirió dejar su cargo, desatando una crisis en la que la federación se mantuvo «descabezada» hasta que asumió su compañera de lista, Karla Toro.

En ese sentido, Toro cree que «la misma renuncia de Alfonso, la suspensión, la aprobación de una Fech que no tenía quórum va generando un escenario de desconfianza«. No solo eso, la líder de emergencia de la federación asumió con la intención de realizar una congreso refundacional del organismo, el que finalmente no se pudo llevar a cabo -según cuentan desde el interior de la universidad-, porque los únicos interesados eran los movimientos políticos y no el «estudiante de a pie». Ahora, en retrospectiva, varios creen que esa era la primera señal de alerta de la baja participación de estas elecciones.

Algo que incluso se notó en las movilizaciones feministas que se desarrollaron durante el año pasado. «La federación, durante esas movilizaciones no existió, yo asumí en un período donde estaban suspendiendo al presidente», recuerda la dirigente.

En medio de este escenario asume Emilia Schneider, quien si bien tiene como único mandato convocar a nuevas elecciones dentro de los próximos seis meses ha señalado que «lo que va a motivar mi presidencia interina va a ser reconectar la Fech con las luchas que hoy dan los estudiantes«.

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