Publicado el 1 enero, 2021

Susana Jiménez: La conectividad, factor clave para retomar la senda del crecimiento

Autor:

Susana Jiménez

“La única manera de igualar la cancha en términos de aprendizaje y capacitación, y reducir las diferencias laborales y salariales es tener un Chile más conectado, lo que requiere inversión privada en infraestructura física, y apoyos estatales para la conexión de la última milla que permita llegar hasta ojalá todos los hogares”, advierte la economista y ex ministra de Energía. 

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Susana Jiménez

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“Durante la próxima década, enfrentamos antiguos y nuevos desafíos, como el cambio climático y el envejecimiento de nuestra sociedad; pero también tendremos nuevas oportunidades con la revolución digital y la sociedad de conocimiento y la información”, éstas fueron las palabras del presidente Piñera en el reciente aniversario de la OCDE. Cerrando el año 2020, debemos evaluar cómo ha sido el desempeño de nuestro país en estas materias y cómo nos proyectamos hacia delante. La respuesta, como se verá, recuerda la famosa película estrenada la misma década que vio nacer la OCDE: Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo. 

En materia de cambio climático, Chile ha hecho un trabajo digno de resaltar, calificando sin duda como “Lo Bueno”. El Índice de Desempeño del Cambio Climático 2021 recientemente publicado, ubicó a Chile en el lugar N°9 de 57 países evaluados, situándonos junto a Marruecos e India como los únicos países en vías de desarrollo en el top 10.

Lo anterior no debiera sorprendernos. Chile ha tenido enormes avances en generación eléctrica en base a fuentes renovables, las que han podido desplegarse gracias a las favorables condiciones de radiación solar y viento en el país, así como por la dramática reducción de costos de estas tecnologías a nivel mundial.  La generación de energía renovable, anteriormente considerada “no convencional” superó este año el 20% de la producción total de energía eléctrica -meta que esperaba alcanzarse recién al año 2025- y los proyectos de inversión en curso en estas energías limpias y renovables superan los US$ 28 mil millones.

Si queremos recuperar la productividad estancada durante la última década y retomar la senda del crecimiento -fuente principal para el progreso social y económico del país- necesitamos subir a todos al carro con mayor conectividad y generación de competencias digitales en estudiantes y trabajadores”.

Esto se suma a otros cambios de connotación mundial, como el acuerdo alcanzado para el retiro gradual de las centrales a carbón, las positivas perspectivas de producción y uso de hidrógeno verde, la creciente penetración de la electromovilidad, particularmente en el transporte público, y el esperado reemplazo de combustibles fósiles por energías limpias en usos industriales y de calefacción. Todo ello, permitió al gobierno comprometer que Chile alcanzará la carbono neutralidad al año 2050, invitando incluso a otros países a sumarse a este desafío global. 

En oposición a lo anterior, el envejecimiento de la población nos recordará por décadas lo peor del año 2020, no por este fenómeno demográfico común a muchos países del mundo, sino por las consecuencias que traerá la aprobación de la peor política pública en décadas (podio que compartirá con el Transantiago). Me refiero, obviamente, al doble retiro de 10% de los fondos de pensiones, lo que dejó a cuatro millones de afiliados sin recursos para su jubilación, redujo en más de USD 27 mil millones los fondos de pensiones y generará una enorme carga para las arcas fiscales. 

Lo increíble es que, habiendo transcurrido quince años desde que la Comisión Marcel alertara sobre la necesidad de introducir cambios al sistema de pensiones para darle sostenibilidad, no solo no se ha logrado avance, sino que, con la dudosa excusa de ayudar a las familias ante los estragos de la pandemia, se permitiera ir en sentido contrario, desfondando los recursos que los expertos han señalado como insuficientes para la mayoría de los jubilados. No solo el mundo político hizo oídos sordos, sino que cada vez resulta más evidente que nadie ha estado dispuesto a hacerse cargo de decisiones difíciles pero necesarias, como igualar y aplazar la edad de jubilación de hombres y mujeres y elevar la tasa de cotización para aumentar el monto de ahorro individual para financiar las pensiones. Hoy, en cambio, se barajan opciones como expropiaciones de los flujos futuros de ahorro vía fondos colectivos e impuesto al trabajo, participación de entes estatales en la administración de esos fondos, debilitamiento del derecho de propiedad y de la libertad de elección de los trabajadores, entre otros. Así, “Lo Malo” del año 2020 se manifestó en un coro de populismo desatado, al que se sumaron -preocupantemente- casi todos los sectores políticos.

La única manera de igualar la cancha en términos de aprendizaje y capacitación, y reducir las diferencias laborales y salariales es tener un Chile más conectado, lo que requiere inversión privada en infraestructura física, y apoyos estatales para la conexión de la última milla que permita llegar hasta ojalá todos los hogares”. 

Termino con “Lo Feo”. La pandemia aceleró los procesos de digitalización a nivel de hogares, trabajos y empresas. La conectividad pasó a ser una necesidad para cualquiera que, desde el confinamiento o distanciamiento social, quisiera estudiar, trabajar o capacitarse, emprender o comprar. La crisis, sin embargo, desnudó las conocidas deficiencias, exacerbando aún más la brecha existente. En efecto, si bien en Chile un 91% tiene acceso a Internet, el 84,2% es por acceso móvil y solo un 56,8% de los hogares cuenta con internet fijo. La única manera de igualar la cancha en términos de aprendizaje y capacitación, y reducir las diferencias laborales y salariales es tener un Chile más conectado, lo que requiere inversión privada en infraestructura física, y apoyos estatales para la conexión de la última milla que permita llegar hasta ojalá todos los hogares. 

Por su parte, aun cuando la digitalización, robotización y automatización ya son una realidad en empresas grandes, como la minería, persiste una brecha enorme con las pymes, donde un tercio de los no conectados dicen considerarlo una herramienta innecesaria. Si queremos recuperar la productividad estancada durante la última década y retomar la senda del crecimiento -fuente principal para el progreso social y económico del país- necesitamos subir a todos al carro con mayor conectividad y generación de competencias digitales en estudiantes y trabajadores para realmente aprovechar las oportunidades del mundo digital que se nos avecina.

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