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Publicado el 18 de octubre, 2018

Sergio Urzúa, economista y ex alumno del Instituto Nacional: “La Ley de Inclusión hizo prácticamente imposible poder expulsar a un estudiante”

Autor:

Emily Avendaño

El académico egresó hace un par de décadas del liceo emblemático, por eso habla con conocimiento de causa sobre lo que se vive al interior de los colegios públicos. Para él no es correcto reducir la discusión solo a estos centros. “La educación pública viene desangrándose hace rato”. Dice que pensar que el proyecto de ley Aula Segura pasa por encima de los derechos de los estudiantes es “antojadizo y equivocado”.

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Emily Avendaño

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El martes comenzó en el Senado la ronda de audiencias por el proyecto de ley Aula Segura. Ministros, académicos, juristas y especialistas participan del debate. La discusión no le es ajena al economista Sergio Urzúa, para quien el tema educativo reviste especial interés, lo que demostró con diversos textos que hablan sobre gratuidad y “el fin de los liceos emblemáticos”. También con el libro “Educación con patines”, que firma junto al académico de la Universidad Diego Portales Arturo Fontaine. Allí defienden la necesidad de “empoderar” a los directores y permitirles una administración más autónoma de las salas de clase.

Urzúa sigue estos debates desde Estados Unidos, donde se desempeña como profesor en la Universidad de Maryland, pero antes se formó en el Instituto Nacional y creció en Maipú. Es contundente en sus planteamientos sobre una discusión que califica de “cavernícola”: “Hay gente que plantea que cualquier medida disciplinaria está en contra de la calidad del sistema educativo. Eso es simplemente un absurdo y plantea un desconocimiento absoluto del funcionamiento de la educación en el mundo”.

El economista cita a Fukujama en su libro “Identidad” para reiterar que los contratos sociales solo funcionan en la medida que se respetan las normas que permiten desincentivar y castigar comportamientos inadecuados. “El conocido mensaje aplica a jóvenes y adultos. Por eso, las consecuencias de largo plazo de hacerse el tonto en el ámbito de la violencia, en cualquier forma, tiene efectos sociales profundos que pueden ser de alto costo”.

-Siendo ex alumno del Instituto Nacional, ¿cómo evalúa los hechos que ocurren en instituciones como el INBA o el Liceo Aplicación?

-La escalada de violencia que se ha observado en los colegios emblemáticos sorprende, en especial a alguien como yo, que estudió en uno de estos centros hace un par de décadas. Estos niveles de violencia son inimaginables. Reflejan los problemas de orden y disciplina que han ido creciendo en el tiempo. Los responsables de su administración también tienen que hacer un mea culpa respecto de qué cosas se han dejado de hacer, qué cosas se han relajado. Lo que ocurrió con la Presidenta Bachelet y la muerte lenta que se le dio a los liceos emblemáticos motivó y dio espacio para que las manifestaciones de violencia fuesen creciendo. Este es un proceso lento, pero que ha tenido evolución en el último tiempo.

-¿A qué se refiere cuando dice “lo que ocurrió en la administración de Bachelet”?

La Ley de Inclusión hizo prácticamente imposible poder expulsar a un estudiante. Es un proceso complicado, que toma tiempo. Eso terminó mellando la capacidad de los directores, de los profesores, de tener reglas disciplinarias acordes a lo que uno esperaría. En una sociedad existen parámetros de comportamiento que tienen que ser aceptados y no hacerlo implica algún tipo de penalización. Esa visión se relajó y hoy estamos en una discusión que es realmente absurda: Las medidas disciplinarias se aplican en todo el mundo. Buscan castigar a quienes tienen un comportamiento que no está acorde al ambiente en el cual se desempeñan y tienen un elemento disuasivo.

Lo que ocurrió con la Presidenta Bachelet y la muerte lenta que se le dio a los liceos emblemáticos motivó y dio espacio para que las manifestaciones de violencia fuesen creciendo. Este es un proceso lento, pero que ha tenido evolución en el último tiempo”.

-¿Cómo es el ambiente en estas instituciones? ¿Por qué los ataques ocurren particularmente en los liceos emblemáticos?

-Es más amplio que eso. Lo que pasa es que los colegios emblemáticos tienen un impacto mediático más fuerte. Si se revisan los actos de violencia en los colegios públicos en contra de los profesores, tanto por alumnos como por apoderados, así como la violencia entre alumnos, vemos que no es simplemente un problema de los liceos emblemáticos. Desconocer esto es no hacerse cargo del problema.

-En el libro “Educación con patines” ustedes planteaban la necesidad de darle más atribuciones al director para administrar la disciplina.

-Nos referimos a volver a empoderar al director en distintas dimensiones, no solo en el ámbito disciplinario. Permitir que el director pueda tomar decisiones en otras áreas que ahora coartan su capacidad de administrar y de liderar el colegio, pero entre ellas está por su puesto el ámbito disciplinario.

No es simplemente un problema de los liceos emblemáticos. Desconocer esto es no hacerse cargo del problema”.

-¿Pero esa no sería una obviedad?

-La Ley de Inclusión puso bastantes restricciones al proceso. Su lentitud, en particular, y las etapas del proceso de expulsión. A partir de la Ley de Inclusión de 2015 se terminó con la posibilidad de expulsar a un estudiante y de poder implementar prácticas disciplinarias dentro del colegio. Si antes de la Ley de Inclusión, la educación pública ya boxeaba con una mano atada, lo que hace la norma en muchas dimensiones es atarle la otra mano. Por eso es bien difícil para la educación pública ser competitiva.

“Me interesa es que existan protocolos claros que generen incentivos para el buen comportamiento y Aula Segura apunta en la dirección correcta”

-Su investigación plantea que ya desde 2006 la encuesta CEP daba cuenta de la falta de disciplina y orden en las escuelas, liceos y colegios del país. ¿Por qué se permitió que eso escalara tanto a lo largo de esta década?

-Estos son procesos lentos: la pérdida de orden y disciplina, el detrimento del poder de la autoridad dentro del colegio. Es un proceso lento que lamentablemente llegó a un extremo. Lo que ha sucedido refleja el deterioro de lo que ocurre dentro de las salas de clases y se requieren medidas rápidas, claras, que no generen dudas en cuanto a tratar de reordenar y mover la aguja hacia un proyecto educativo que entienda que los estudiantes tienen derechos y por supuesto también tienen responsabilidades, y eso pasa por tener un comportamiento adecuado dentro de la sala de clases. Si se mira el proyecto de ley Aula Segura resulta que lo que se está discutiendo son cosas súper razonables. Estamos hablando de atacar actividades que claramente golpean el convivir diario, como puede ser el atacar físicamente a un profesor o a una autoridad dentro del colegio.

La violencia, la indisciplina, el desorden, no pueden ser parte de la cultura educativa. Así fracasan los sistemas educativos, así se atenta sobre la calidad de la educación”.

-Las críticas al proyecto de ley de Aula Segura dicen que no se respeta el debido proceso de los estudiantes, o que ya el director tiene esta capacidad.

-Lo que plantea el proyecto es simplemente acelerar los procesos y tomar una medida disciplinaria rápida en cuanto a la separación de estos estudiantes que tienen comportamientos extremos, mientras se desarrolla el proceso disciplinario. Eso es razonable. Si uno quiere mirar el vaso medio vacío va a decir que “es un atentado contra los derechos de los estudiantes”. Yo lo veo al revés. A mí lo que me interesa es que existan protocolos claros que generen incentivos para el buen comportamiento y esto apunta en la dirección correcta. Pensar que se va a pasar por encima de los derechos de los estudiantes es antojadizo, equivocado. El sistema educativo de Chile tiene un problema que es generalizado y tiene un foco muy particular en la educación pública: la falta de disciplina y de orden. Hace más de diez años ese problema ya se había detectado y nada se ha avanzado en esa dirección. ¿Qué estamos esperando? ¿Que muera un carabinero, que muera un profesor, que muera un alumno, que realmente los quemen, como se ha intentado, para tener realmente una discusión seria en esta materia?

Que un estudiante se ponga un overol blanco, tire bombas molotov y trate de bañar con bencina a profesores no ocurre de un día para otro. Va creciendo. Y nadie lo paró”.

-¿Considera, entonces, que el Estado ha sido permisivo?

El Estado se ha hecho el tonto. Se ha hecho el leso con respecto a lo que ha pasado, los municipios, que son los sostenedores de los colegios públicos, y los administradores por mucho tiempo se hicieron los lesos y los problemas de disciplina crecieron. La violencia genera violencia. Que un estudiante se ponga un overol blanco, tire bombas molotov y trate de bañar con bencina a profesores no ocurre de un día para otro. Va creciendo. Y nadie lo paró. Nadie le dijo al joven: “Usted no puede hacer esto. Son prácticas absolutamente prohibidas y será penalizado su comportamiento”. Es muy fácil decir que esto apunta a generar la represión de una autoridad con respecto a una persona. Esa es la posición más sencilla, pero la verdad es que lo más sencillo a veces no es lo correcto. Me parece más razonable pensar qué tipo de normas, protocolos, van a estar funcionando dentro de los colegios a efecto de reducir los niveles de violencia que se están observando en la sociedad chilena.

Nos dedicamos a gastar plata en atender la educación superior, cuando en la práctica muchos de los problemas que observamos en el sistema universitario son producto del desamparo que ha tenido la educación básica y media”.

-¿Qué pasa al interior de estos colegios que hace que los jóvenes vean en la violencia la solución a sus reclamos?

-Yo me opongo a que haya que utilizar la violencia para poder obtener algún beneficio. Eso habla de una sociedad que va en retroceso. Puede ser parte de la moda, puede ser parte de una cultura dentro del colegio y eso hay que terminarlo de raíz. Hay que erradicarlo ya. La violencia, la indisciplina, el desorden, no pueden ser parte de la cultura educativa. Así fracasan los sistemas educativos, así se atenta sobre la calidad de la educación. Lo que está súper claro es que el sistema educativo está sufriendo. La educación pública viene desangrándose hace rato. Lo que observamos ahora es simplemente el resultado de este proceso, lento y doloroso, y lo que hay que tratar de hacer es ponerle punto y final. La violencia no puede ser una característica del sistema educacional chileno. Me opongo a esa idea.

-¿La política de tolerancia cero, que plantea en su libro, no puede ser vista como más bien radical?

-Lo que nosotros planteamos en el libro es un punto que no ha estado muy en el debate, que es fundamental: si se miran las estadísticas de consumo de droga y alcohol dentro del sistema educativo chileno las cifras son escalofriantes. Si eso está correlacionado, o eso causa la violencia, no lo sabemos, pero lo más probable es que sea así. Lo que planteamos en el libro es la necesidad de tener una política de tolerancia cero en lo que es el consumo de droga y alcohol. Nos dedicamos a gastar plata en atender la educación superior, cuando en la práctica muchos de los problemas que observamos en el sistema universitario son producto del desamparo que ha tenido la educación básica y media. Yo lo digo muy claro: La Ley de Inclusión terminó generando mayor segregación, y eso va a continuar así si no nos hacemos cargo de este tipo de cosas.

-¿Los liceos necesitan más autonomía?

-Lo que es claro es que el director del colegio público tiene muy poca capacidad para poder administrar. El director no puede elegir sus profesores, sustituir profesores. El director no puede actuar rápidamente ante actos flagrantes de faltas disciplinarias graves. El director tiene que estar empoderado. Hay que formarlos bien, capacitarlos bien, y entregarles herramientas para que ellos puedan desempeñar su trabajo. Si no lo hacemos, lo que va a terminar pasando es que los colegios privados van a seguir aumentando su matrícula. Ya está pasando eso. Se ha acelerado y hay que hacerse cargo del problema, por eso, insisto, la Ley de Inclusión parece que generó mayor segregación de lo que uno podría haber anticipado.

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