Tras haber perdido la demanda ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya en octubre de 2018, la aspiración del expresidente de Bolivia, Evo Morales, de obtener una salida al mar para su país parecía haberse truncado. Sin embargo, la intención del ex Mandatario está lejos de amainar. A través de Runasur emprendió una nueva estrategia para conseguir sus objetivos, advierten analistas internacionales. 

El proyecto comenzó el 25 de abril de 2021 cuando, tras una reunión de dos días con delegaciones de Ecuador, Argentina, Perú, Venezuela y Bolivia, realizada en Cochabamba, Morales anunció su intención de “unir a movimientos indígenas y sociales de la región; luchar para una verdadera liberación de América mediante una ‘América Plurinacional’ de los pueblos para los pueblos, no compatible con el capitalismo, el imperialismo ni el colonialismo», escribió en su cuenta de Twitter sobre la propuesta que busca integrar a los 12 países de cono sur.

El veredicto de la Corte Internacional de Justicia, del 1 de octubre de 2018, señala que Chile no tiene la obligación de negociar con Bolivia que este país tenga una salida soberana al mar. Sin embargo, el actual director de la Revista Realidad y Perspectiva (RyP), diplomático y Premio Nacional de Humanidades, José Rodríguez Elizondo, afirma que “Evo Morales no se rindió ante ese fallo y comenzó a explorar otro camino: el de internacionalizar a nivel andino la tesis de la plurinacionalidad de García Linera, con una nueva estrategia geopolítica que comprende el norte de Argentina, Ecuador, parte de Colombia, Chile y el Perú”.

El diplomático se refiere al exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera defensor de la tesis del ‘Estado plurinacional’, que quedó consagrado en la Constitución de ese país en 2009. Para Rodríguez Elizondo, tras el rotundo fallo de los jueces de La Haya la comunidad internacional dio el tema marítimo con Bolivia por “total y definitivamente superado”. No obstante, advierte, que esta “es la visión juridicista de nuestra diplomacia, que se afirma en la intangibilidad de los tratados de límites”, mientras que en concreto la propuesta de autodeterminación de los pueblos tendría el objetivo de “establecer un espacio territorial y marítimo bajo control aymara, para anexarlo a Bolivia”. 

Coincide el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Fernando Wilson, quien explica que Morales lo que propone es «redibujar el mapa geográfico de América Latina sobre la base de las etnias o de los pueblos ancestrales. En ese sentido, lo que él quiere es definir un mapa que incorpore a todo el pueblo aymara para conseguir una salida al mar para Bolivia».

A esto se suma que la propuesta de Morales ocurre justo cuando en Chile se realiza la discusión para redactar un proyecto de nueva Constitución, donde la idea de plurinacionalidad ya se arraigó en el proceso. 

En esta línea, el excanciller Teodoro Ribera opina que «lo que está haciendo la Convención es, con una cuota importante de desconocimiento, jugar con fuego. Otorgarle a minorías culturales o raciales derechos preferentes y facilitarles territorios autonómicos pone en peligro en el mediano plazo la presencia soberana de Chile en la Polinesia y puede generar conflictos en el norte de Chile respecto a las minorías culturales a las cuales se les pretende dar el reconocimiento de nación».

Mientras Rodríguez Elizondo señala: “Haber postergado su reconocimiento (de los pueblos originarios) durante tantos años no se soluciona haciendo retroceder la historia. Tratando de borrar el Chile nuestro producto de esa historia. Tal como vamos, podemos discutir el sistema político, si vamos a tener una o dos cámaras, si el paritarismo debe extenderse a todos los niveles de la representatividad política, pero todo eso no valdrá mucho si Chile desaparece como el país que conocemos, si deja de ser chileno por partes, si un eventual Runasur deshace la contigüidad geográfica con el Perú».

Una propuesta preocupante

Runasur no es solo una idea en el aire. El organismo oficiaría su segundo encuentro en Cusco (Perú) el 20 y 21 de diciembre del año pasado, liderado por Evo Morales y Pedro Castillo.

Al parecer, el presidente peruano Pedro Castillo fue rápidamente captado para esa nueva vía y, al mismo tiempo, nosotros iniciábamos un proceso constituyente, con convencionales partidarios de la plurinacionalidad”, sostiene Rodríguez Elizondo. La afinidad de Castillo con el tema quedó plasmada en una entrevista con CNN en Español, en la que el Jefe de Estado peruano se abrió a la idea de hacer un referéndum para dar salida al mar a Bolivia; dichos que más tarde debieron ser refutados por la Cancillería peruana.

La propuesta de Morales alertó a la diplomacia peruana. Encabezados por los excancilleres Allan Wagner, Ricardo Luna y José Antonio García Belaúndeque, que en conjunto con ocho exvicecancilleres redactaron un comunicado en el que advertían las intenciones del expresidente, y calificaron Runasur como «una clara amenaza» para la «soberanía, independencia y seguridad» del Perú; y allí mismo argumentan que Morales «se propone desmembrar al Perú otorgando a Bolivia soberanía al Pacífico y así conformar una ‘nación aymara’ como extensión territorial boliviana». A esto se suma que la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso declaró a Morales como persona no grata, en noviembre de 2021. Fue así como el encuentro oficial de Runasur de diciembre debió ser suspendido. 

Y es que esta «reedición» del mapa prehispánico, dice Wilson, tiene errores básicos: «El mundo prehispánico no entendía el concepto de territorialidad como lo entendemos hoy día, no tenía el concepto de frontera. Además, choca con las estructuras estatales ya interpuestas, representa una concepción que está siendo descartada en otras partes del mundo como es el caso de los micro nacionalismos europeos. Es un camino con el que hay que tener cuidado porque no está teniendo resultado».

Runasur tiene un «decálogo», cuyo primer principio es «defender la autodeterminación de los pueblos», que «se plantea el proceso de reconstrucción y refundación de los Estados donde lo primordial no es el capital o el consumo desmedido, sino los seres humanos y la naturaleza», y además de la América Plurinacional defiende otros puntos como consolidar la «lucha antiimperialista» y rechaza el «capitalismo y el consumismo por ser un sistema fallido que provoca desigualdad, muerte y destrucción».

Morales planteó la idea tras su año en el exilio como una manera de conformar una «Unasur de pueblos indígenas», luego de que esta alianza suramericana se quebrara tras la salida en abril de 2018 de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay, y más tarde de Colombia, Ecuador (en 2019) y Uruguay (en 2020).

Rodríguez Elizondo explica que si bien «Evo Morales no es ningún ideólogo, no es un hombre ilustrado, ha tenido la habilidad de hacerse acompañar por un intelectual que sí ha leído y que sí conoce autores de ciencia política: me refiero a Álvaro García Linera». Ha sido precisamente, de la mano del exvicepresidente boliviano que, a través de su tesis de socialismo y plurinacionalidad, conoció la filosofía de Marx, Mariátegui y Gramsci.

Su tesis fundamental es que en el mundo latinoamericano actual «el bloque que debe gobernar es el bloque del sindicalismo campesino, obrero, indígena», describe Rodríguez Elizondo. Y es que precisamente en el decálogo del organismo se declaran anticapitalista, antiimperialista y anticolonialista.

Plurinacionalidad en la Convención

Para el excanciller Teodoro Ribera, que se haya impuesto la plurinacionalidad en la Convención es preocupante, ya que se consagra «como un principio fundante del nuevo orden constitucional, reconociendo diversas naciones originarias». Al mismo tiempo, sostiene que la Convención utiliza expresiones como «pueblo”, “naciones” y otras, «sin un mayor estudio de cuáles son sus elementos configuradores y así asimila realidades humanas diversas».

«No son lo mismo las estructuras poblacionales y organizativas de los mapuche que la de los selknam, la de los rapanui que la de los Yámana. Ello no implica que culturalmente no merezcan el mayor reconocimiento, pero igualarlos en otros aspectos genera distorsiones perjudiciales para los mismos indígenas», opina el excanciller.

El que el Estado se declare plurinacional implica «que la nación chilena es un consorcio de nacionalidades originarias, donde la nacionalidad chilena es una nacionalidad derivada, no originaria de esas nacionalidades indígenas, en las que descansa la verdadera soberanía», previene Ribera.

En el proceso Constituyente chileno distintos convencionales constituyentes instalaron la idea de incluir en la constitución la definición de Chile como un «Estado Plurinacional». En esta línea Rodríguez Elizondo comparte la advertencia de Ribera: “Chile ya no sería una república, con un Estado unitario, que representaba y ejercía la soberanía nacional. Chile sería, en el próximo futuro, ‘un Estado Plurinacional’ y no importa si se le agrega después el adjetivo ‘unitario’ como complemento, porque ya dejaría de ser lo que era. El poder soberano de un  Estado fragmentado no pesa igual”.

Ribera subraya que existe un grupo de convencionales para los que «la esencia del debate constitucional es demoler las actuales bases del poder estatal y social, sean éstas religiosas, culturales, económicas, patriarcales, etcétera. Una forma de lograr ello es constituir a los pueblos indígenas como actores políticos y económicos relevantes y otorgarles poder decisorio junto con derechos y beneficios».

Para el académico Fernando Wilson, esto es un error porque «la Convención insiste en hablar de plurinacionalidad en lugar de pluriculturalidad, que son conceptos completamente distintos».

Por un lado, explica Wilson, se reconoce que las naciones son grupos sociales diferenciados «esa es la base para terminar con un Estado semi federal, algo como Bélgica donde hay grupos culturales y étnicos claramente definidos. Pero en el caso chileno, donde la cultura predominante es homogénea existiendo una cultura general, plantear la plurinacionalidad sería sobredimensionar a grupos minoritarios activistas que buscan ganar una posición política vistiéndose en un concepto de etnogénesis, la creación de una conciencia social”. 

“Esto puede abrir el espacio a la creación de autonomía, en las cuales grupos determinados puedan buscar control, recaudación de impuestos, control del orden y seguridad, etcétera que son las ambiciones de grupos ultra radicalizados como por ejemplo la CAM en el caso del mundo mapuche”, ejemplifica el académico.  

Una idea “zanjada” en la Convención 

Sin embargo, la idea parece haber calado hondo en el proceso constituyente. La convencional Carol Bown asegura que “este es un tema que en la Convención se da bastante zanjado, yo veo poca discusión al respecto. Antes de asumir yo escuché a Elisa Loncón hablar de que su tarea en esta Convención era reivindicar la plurinacionalidad y la soberanía de las naciones y que las naciones necesitan su territorio, dar su propia normativa”.

“Ese precisamente es el peligro”, describe Rodríguez Elizondo. Y es que, dice, la idea se instaló con tal facilidad que las implicancias “no han sido asumidas en su gravedad por la ciudadanía chilena de cualquier color político”.

Es por esto que el constituyente Eduardo Cretton enfatiza en que “es una advertencia que tenemos que tomarnos bastante en serio. Esto de la plurinacionalidad es un invento posmoderno que los únicos países que la han instalado han sido Ecuador y Bolivia. Yo esperaría que en materia indígena nosotros miráramos otros referentes a nivel internacional”. 

El convencional argumenta que de no cambiar la mirada se corre el riesgo de “diluir el concepto de soberanía y termina siendo el caldo de cultivo perfecto para ideas como las que ha venido planteado Evo Morales con este famoso Runasur”. 

Asevera Rodríguez Elizondo que el conflicto subyace en «una especie de ‘buenismo’ mezclado con revancha»: «Nos encontramos hoy en una coyuntura en que el reconocimiento se confunde con la nacionalidad alternativa y con una propuesta que implica una fragmentación insólita del poder nacional».

Para Ribera, «sin perjuicio de respetar las diversidades culturales, no debemos anclar dichas  diversidades culturales como sustento del Estado y menos transformar la nacionalidad chilena en un consorcio de nacionalidades originarias, pues ello debilita efectivamente la identidad nacional».

Evo Morales y su perseverante intento por la salida al mar 

Pero este no es el primer intento del ex Mandatario boliviano por unificar Latinoamérica. Anteriormente ya tuvo la intención cuando coincidió con el presidente peruano Ollanta Humala. Según explica Rodríguez Elizondo, en dicho período, el Mandatario de Perú «llegaba con una ideología étnica que exaltaba no el reconocimiento, sino la superioridad de los pueblos originarios».

Fue entonces que en un encuentro en la Isla Esteves en 2015, quiso impulsar una actualización de la Confederación Peruana-Boliviana del siglo XIX. Sin embargo, explica el consejero del Ministerio de Relaciones Exteriores «aquello no fructificó, entre otras causas, por la formación militar académica de Humala, con sus concepciones patrióticas; por la Alianza del Pacífico como integración exitosa y no ideológica, y por la correcta relación diplomática chileno-peruana».

Por otra parte, profundiza el académico de la Escuela de Diplomáticos, Evo Morales constitucionalizó la plurinacionalidad, «como base supuestamente jurídica para desconocer el tratado con Chile de 1904 y para ejercer un poder vitalicio». Ahora bien, el temor de Rodríguez Elizondo es que el sucesor del líder indígena, Luis Arce, «lo esté siguiendo en esta nueva estrategia hacia Chile, pues está muy contento con los convencionales que aprobaron constitucionalizar el ‘principio de la plurinacionalidad’ para nuestro país».

El abogado puntualiza que fue plausible la tesis de García Linera porque «es un país básica o demográficamente indígena. En Chile los pueblos originarios están subsumidos en la nacionalidad chilena y hay más mapuches asimilados al y por el establishment en Santiago que en la Macrozona Sur.  En el norte los pueblos indígenas son de menor dimensión demográfica”. 

“Tenemos como adversario a un líder boliviano poco ilustrado, pero muy astuto, que no oculta su aspiración ‘recuperacionista’. Para ese efecto, ha asumido una teoría elaborada por un intelectual válido y está ejerciendo la estrategia clásica de dividir para reinar y paradójicamente, esto está pasando inadvertido en Chile y, peor, puede ser legitimado en la Convención. Ante todo esto, creo imprescindible escuchar la voz de nuestra propia diplomacia”, concluye Rodríguez Elizondo.

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