Este domingo una noticia impactó al mundo: el escritor y Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, falleció en Lima a los 89 años.

En el programa «Mirada Líbero», el escritor y excanciller Roberto Ampuero, amigo personal de Vargas Llosa, comentó su figura y el legado que dejó. Además, se refirió al camino común que transitaron ambos, desde el comunismo y la alabanza de la revolución cubana, hacia un liberalismo clásico, del que el peruano se convirtió en un referente.

«Se sintió muy golpeado con el estallido insurreccional que tuvimos en Chile«

-¿Cómo se toma la noticia de la muerte de Mario Vargas Llosa?

-Es un golpe duro para la familia, para los amigos, para la cultura, para América Latina en general y para el mundo, por el peso, la influencia, su ejemplo, su mensaje, su genialidad y su profundidad en el ámbito del pensamiento y de la política. Y, guardando las diferencias, tras la muerte del Presidente Sebastián Piñera nos dimos cuenta lo que significaba en el ámbito de la política chilena. En el caso de Mario Vargas Llosa, hoy ya lo estamos extrañando, pero con el tiempo, y debido a su influencia en la cultura latinoamericana y mundial, vamos a ir sintiendo cada vez más su ausencia… Pero están allí sus libros, están allí sus obras, están allí los videos, sus discursos, sus columnas, con la sabiduría de su estilo, su inteligencia y su coraje político.

-¿Cómo se entera de esta noticia y qué relación tenía usted con él?

-Yo tenía información de que su salud estaba empeorando, a través de su hijo… Yo con él tuve una relación muy estrecha en Madrid, donde yo era embajador, porque nos veíamos en forma periódica. Participe muchas veces en cenas, en almuerzos, en reuniones, tanto en la Embajada de Chile como también en su casa… Y era alguien que seguía con mucha cercanía y cariño a Chile, desde hace bastante tiempo, y eso generaba una relación especial hacia Chile, hacia su representante y desde luego hacia sus amigos, que estábamos cerca y lo conocíamos de antes.

-¿Cómo eran esos vínculos de Vargas Llosa con Chile?

-Él tenía un vínculo con el país, a través de lo que había logrado hacer Chile en los últimos decenios, en el sentido de su transición democrática, sabia, pacífica, ordenada, que supo recoger lo mejor que había quedado del régimen anterior, y proyectarlo hacia el futuro, democratizar al país, enfrentar con mayor dinamismo y fuerza también el problema de la pobreza, pero que había sabido recoger, recuperar y mantener y seguir desarrollando lo bueno que venía del pasado. Eso lo consideraba una expresión de madurez tremenda de la clase política chilena, junto a la actitud de las Fuerzas Armadas al entregar, después de un plebiscito, el poder a los civiles, y una expresión de madurez cívica del pueblo chileno. Esto lo miraba, junto con la transición española, como una de las transiciones más exitosas de los últimos decenios en el mundo. Esto, sumado al rápido crecimiento de Chile en los últimos decenios, lo llenaba de orgullo, de admiración y de afecto por Chile, lo interpretaba como una esperanza para los países latinoamericanos de que era posible ir saliendo y alcanzar niveles de desarrollo que pudieran establecer un camino de prosperidad, de democracia, de estabilidad para América Latina… Y se sintió muy golpeado con el estallido insurreccional que tuvimos en Chile. Estaba siempre muy atento a cómo seguía el país bajo el presidente Piñera, y después ya bajo el Presidente Boric, cómo seguía Chile tratando de salir de esta situación de la cual aún, yo creo, no nos recuperamos. 

«Tenía una relación muy estrecha con el Presidente Piñera, había una admiración mutua»

-¿Que relación tenía Vargas Llosa con el expresidente Sebastián Piñera?

-Tenía una relación muy estrecha con el Presidente Piñera. Había una admiración mutua, muy interesante, entre político e intelectual. Eran dos ámbitos donde el intelectual admiraba las capacidades, el talento del Presidente Piñera como político y como un empresario, y el Presidente Piñera admiraba profundamente a Mario Vargas Llosa por su capacidad literaria, por su pensamiento y su visión de futuro, y también por su gran capacidad de interpretación de la política internacional a la luz de las ideas políticas que dominan e  influyen en el mundo. Entonces era una relación muy armoniosa, de mucho respeto. Asistí a varias cenas en la casa del Presidente donde estaba Mario, y pudimos intercambiar opiniones y conversar alrededor de la mesa.

-¿Cuándo fue la última vez que usted vio o conversó con Mario Vargas Llosa?

Roberto Ampuero y Mario Vargas Llosa

-La última vez que conversé con él fue en Madrid, hace un año y medio más o menos, estuve allí con él… La última despedida oficial que yo recibí, muy cariñosa, muy afectuosa, como embajador de Chile que volvía a su país, fue en su casa en Madrid, un gran encuentro con muchos amigos, allí también conversamos mucho. Hasta el final me estuvo mostrando sus últimos textos que estaba escribiendo, capítulos, ahí en su casa. Creo que fue un hombre muy realizado en su vida, como escritor, en todos los ámbitos, y era una persona dominada por una curiosidad intelectual insaciable. Hacía un aporte fundamental. Él es un hombre fundamental para este siglo, y también en la segunda mitad del siglo anterior. 

-¿Diría usted que se parece su conversión a las ideas del liberalismo y la democracia, con la conversión que tuvo el mismo Vargas Llosa?

A mi me unía a Mario Vargas Llosa esa valentía, ese coraje, que yo respeté, que aprendí de él, cuando él decide, en un momento complejo, romper con lo que era la identificación de muchos intelectuales latinoamericanos, europeos y norteamericanos, con el castrismo. Y, sin importarle los efectos que aquello tuviese, sino que por un compromiso con lo que es la interpretación basada en la ética, en la moral, en lo que es la convicción democrática, rompe con aquello y enfrenta a los demonios que lo defendían. Y eso me dio una gran lección, en ese sentido me siento unido a él, de coraje civil, de que era posible hacerlo, no importaba lo que pasara.  

Embajada de Perú, 1985: La primera conversación entre Mario Vargas Llosa y Roberto Ampuero

-¿Cuánto influye, entonces, Mario Vargas Llosa en usted?

-Influye mucho, porque uno le seguía la pista desde fuera, desde donde uno estuviera. De alguna forma, si uno vivía en los países comunistas, sabía de él. Yo perdí durante varios años la posibilidad de leerlo, porque simplemente en Cuba estaba prohibido (…). Ya en Occidente pude volver a leerlo, después de haber pasado por Alemania Oriental, Cuba y Alemania Oriental, pude volver a leerlo. Y me lo encontré tempranamente, con una gran fortuna, en una recepción de la Embajada del Perú en Bonn, él estaba en gira por Alemania. Yo era el director de una revista alemana para asuntos de política y cooperación internacional, y fui a la recepción y me presenté. Y ahí nos sacamos una foto, la foto más antigua que tengo con él (…) muchos años después, en la casa del Presidente Piñera, vuelvo a encontrarme con él, y ahí estuvimos conversando mucho.

«Fue para mí siempre un gran maestro«

-¿Es un referente para usted en el ámbito político, en la literatura, y en su camino de conversión?

-Sí, ¿y sabe por qué? Porque cuando uno vive en un sistema totalitario como el cubano o en Alemania Oriental, usted no tiene acceso a la literatura de los liberales, simplemente no los tiene, no están, no existen. Eso fue lo que me ocurrió a mí, a Mario Vargas Llosa le ocurrió mucho antes (…). Solamente después, cuando yo ya vuelvo a Occidente, y me encuentro con los pensadores liberales en Alemania, en los textos, en las librerías alemanas, y los empiezo a leer, es que voy entendiendo que pude haber acortado el camino a través de estas lecturas (…). Y era él un liberal, como siempre subrayó, un liberal integral. Es decir, no un liberal solamente en el sentido económico. Fue para mí siempre un gran maestro, un gran aporte, sus columnas internacionales muy atinadas, muy profundas, siempre con un background de tipo cultural, intelectual, ideológico, para analizar las situaciones en el mundo. Un gran y tremenda pérdida.

-Y ambos comparten una historia similar…

-Yo creo que lo que son las conversiones, el cambio, es una conversión profunda. Es una conversión de que uno pasa de una filosofía, una concepción, una ideología totalitaria a convertirse en alguien que cree en lo opuesto, que es ser un liberal, de creer en la tolerancia, en la democracia, en el pluralismo, en la alternancia en poder. Y, de una u otra forma, todos los que hacen ese camino hacen un camino más o menos parecido, porque salen del dogma totalitario, que justifica la revolución, la dictadura y el proletariado (…) como siempre lo decíamos con Mauricio Rojas, con quien sentimos que le debemos mucho a Mario Vargas Llosa, que nosotros teníamos más respuestas para el mundo que preguntas. Y hoy, que somos liberales, que enfrentamos con ojos abiertos y el espíritu abierto el mundo, tenemos más preguntas que respuestas. Un liberal se está cuestionando permanentemente. No hay un dogma que te interprete toda la realidad.

-¿Usted siente que le debe algo a Mario Vargas Llosa, entonces?

-Le debo las horas, las jornadas, las semanas y meses de placer al leer su prosa, al leer sus historias y sus novelas. Después está la admiración por una persona extraordinariamente culta, brillante, porque era de una inteligencia realmente superior. Y también como ensayista, hay una variedad de libros donde él enfrenta la relación entre el escritor y la novela (…). Uno va agradeciendo algo que es el coraje civil de Mario Vargas Llosa, y el hecho de que en un momento dice, yo dejo las armas de la literatura, dejo la pluma de lado, y lo que adopto son las armas de la política, porque me interesa mi país… Dejó la escritura para dedicarse en un momento dificilísimo del Perú, a la política y llegó a ser candidato presidencial, estuvo a punto de ganar la elección, lo venció Fujimori, con lo cual Perú creo que perdió a un Presidente muy sensato.

-¿Cuál diría usted que es su principal legado?

-Yo diría que la vida de Mario Vargas Llosa fue un peregrinar, donde con cada paso que iba dando, iba enriqueciendo su espíritu, y a través de su obra iba enriqueciendo también la cultura y el espíritu de los demás… Te iba enseñando y demostrando que muchas fronteras que tú piensas que son insalvables, son posibles de ser salvadas, y que las cosas que tú consideras imposibles, son posibles de hacer realidad. Es esencial, para todo aquel que le interesa escribir y al mismo tiempo quiere entrar en política, que nos deja el nunca confundir ni perder de vista los deslindes y límites que hay, entre lo que es crear una obra literaria y la política. Entre hacer un discurso político y un discurso de indagación filosófico ideológica. Mantener esos deslindes muy claros, porque a la hora que tú confundes eso, se crea aquello contra lo cual nosotros combatimos, quienes venimos de esta tradición de la conversión del totalitarismo hacia el liberalismo, que es rechazar la literatura panfletaria, rechazar la literatura que está destinada a defender posiciones de poder, como era y es en los regímenes totalitarios, donde el escritor tiene que alinearse a la línea del Partido Comunista, del partido totalitario, de lo contrario no puede expresarse.

-¿Usted cree que se le dio en vida el reconocimiento que se merecía?

-Yo creo que el reconocimiento más grande que existe en literatura es el Nobel, y lo obtuvo. Pero el reconocimiento más importante viene el reconocimiento internacional, mundial, universal, de los lectores en todos los continentes. De allí viene lo principal. Cuando un escritor logra vivir dentro de tantas dimensiones humanas, dentro de tantos espacios del mundo y bajo tantas culturas, es que ha logrado un reconocimiento extraordinario. Y eso, indudablemente, y bien merecido, lo obtuvo Mario Vargas Llosa. Así que, más allá de las distinciones, el reconocimiento está dado por el mundo.

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