Tras meses de intensos debates entre los partidos políticos, la reforma de pensiones fue aprobada la tarde del miércoles en la Cámara de Diputados, con 110 votos a favor y 38 en contra. Ahora, el proyecto espera ser despachado para convertirse en ley. Sin embargo, su aprobación no solo implica transformaciones en el sistema previsional, sino que también reconfigura el panorama político. En los días previos a la votación, múltiples autoridades se pronunciaron sobre la reforma, reflejando divisiones tanto dentro como fuera del oficialismo.

A pesar del apoyo constante del gobierno a la idea de reformar el sistema previsional, su meta inicial no se concretó de la manera esperada. Si bien avanzaron en una de sus principales metas de gobierno, también sufrieron una derrota ideológica al no alcanzar los cambios estructurales que pretendían. Las discrepancias internas entre sectores del oficialismo y la oposición dejan en evidencia las tensiones políticas y los posibles efectos electorales que produce esta reforma. Esto es lo que nos cuenta Max Colodro, sociólogo y analista político.

En este contexto, Colodro destaca cómo figuras como Johannes Kaiser y Evelyn Matthei podrían beneficiarse políticamente de la situación. Kaiser, desde el Partido Nacional Libertario, podría capitalizar las críticas hacia los acuerdos alcanzados, mientras que Matthei consolida su posición como una de las principales lideresas de la derecha moderada.

«Esta reforma es una derrota ideológica«

En cuanto a sus las repercusiones políticas, ¿qué ganó y qué perdió cada sector con la aprobación de la reforma previsional?

-Para el gobierno es, sin duda, un logro importante. Consiguió sacar adelante una reforma estructural, probablemente la única que va a poder concretar durante este periodo. Y en ese sentido es un triunfo político del gobierno porque puede mostrar capacidad de diálogo, de construir acuerdos con un sector, al menos de la oposición, y mostrar un grado importante de gobernabilidad.

Ahora, la oposición también muestra capacidad de abrirse a un diálogo con el gobierno. Ambos sectores muestran capacidad de ceder, de renunciar a ciertas cosas importantes en la perspectiva de llegar a un acuerdo transversal. Aquí lo que hay que evaluar es qué se gana y qué se pierde por cada sector, en función de lo que eran los objetivos originarios. En ese sentido, el gobierno es el principal derrotado, desde el punto de vista de los contenidos de la reforma. El gobierno aspiraba a poner en jaque a las AFP. Este es un gobierno que ganó las elecciones presidenciales con la consigna de no más AFP, aspiraba a un sistema de reparto, a un fondo solidario que de alguna manera pudiera ir proyectándose para reemplazar a las empresas privadas. Nada de eso pudo concretarse.

Al contrario, esta es una reforma que fortalece la capitalización individual, la libre elección, y que deja a las AFP controlando más recursos y no menos. Es decir, pasa de controlar un 10% de las cotizaciones, a controlar automáticamente un 14,5% con la perspectiva de llegar a controlar el 16% una vez que el préstamo sea finalmente devuelto con intereses a los ahorrantes, tal cual está establecido en la reforma. Entonces, en ese sentido, esta reforma es una derrota ideológica de la magnitud de lo que significó no poder cambiar la Constitución Política.

– En base a eso, ¿es posible que en un futuro cercano, como las elecciones, el oficialismo reniegue el resultado de la reforma diciendo que fue consecuencia de lo que la derecha les permitió hacer, siendo que ahora mismo se la aplaude?

– La única manera que tiene el gobierno de justificar esta derrota histórica es instalando la idea de que aquí se abrió una puerta, que se abrió una fisura que les va a permitir seguir avanzando. Pero eso choca con la realidad política. Este es un acuerdo que demoró más de una década en construirse, que requirió de un apoyo muy importante de sectores de centro-derecha.

El gobierno no va a tener piso político para poder hacer nada más en materia previsional por mucho tiempo. De hecho, esta es una reforma que demorará 10 años en entrar en régimen. Por lo tanto, antes de proponer cualquier cosa y de aceptar participar de un acuerdo en materia previsional con la izquierda, los sectores de centro y derecha que participaron de este acuerdo van a decir «primero veamos cómo funciona la reforma en régimen», es decir 10 años y «después evaluamos si se le pueden eventualmente hacer modificaciones».

En ese sentido, el gobierno dejó comprometido y validado este sistema, donde la capitalización individual pasa a un 14% de la cotización por muchísimo tiempo, por muchísimos años.

– ¿Entonces el oficialismo sí podría renegar de lo que hoy en día está celebrando?

– Eso es lo que van a decir, que es lo único que pudimos hacer, pero que aspiran a hacer algo más adelante. El problema es que ese “hacer algo más” no va a tener ningún piso político mientras esta reforma no entre en régimen. Eso lo vamos a ver muy tempranamente, cuando sectores de la izquierda intenten instalar la idea de generar un proyecto de administrador estatal, que es algo que la ministra del Trabajo ya anticipó para marzo. También la aspiración de separar la industria entre administradores e inversores, que también es algo que la centroderecha rechazará. Entonces, el gobierno se quedó sin piso político. En este Congreso no tiene los votos para hacer nada más en materia previsional y muy probablemente en el próximo tampoco va a tenerlos.

Tensión en la oposición por pensiones

Y sobre Chile Vamos, ¿gana o pierde al sumarse al acuerdo?

– Chile Vamos gana en el sentido de que logró contribuir a consolidar el sistema de capitalización individual, logró contribuir a defender la libre elección y a dejarla firme, a consolidar un sistema donde la capitalización individual pasa a un 14,5% y donde, por lo tanto, el sistema de administradores privados de fondos de pensiones queda legitimado y consolidado en el mediano y en el largo plazo. Esa es la gran victoria de Chile Vamos. La dificultad es política, es la tensión y los desacuerdos que se han generado con Republicanos y con Johannes Kaiser, que es un problema político que efectivamente puede afectar si no se resuelve, si no se aborda de manera oportuna y correcta para las elecciones presidenciales de este año.

¿Entonces tiene ciertos riesgos de que pierda apoyo de su electorado?

– Sí, tiene ciertos riesgos. Habiendo obtenido cosas importantes en materia del contenido de la reforma, tiene riesgos y costos políticos porque se generó una división muy dura y muy profunda al interior de las oposiciones.

Y sobre Johannes Kaiser, ¿qué ganó en este ámbito?

– Creo que Kaiser puede capitalizar a un sector de la derecha que estaba completamente en contra de esta reforma, igual que Kast, pero efectivamente va a depender mucho de cómo se explique y cómo se socialicen los contenidos de esta reforma.

– ¿Qué opina sobre la evolución de las afirmaciones de Matthei en este tema?, ¿cree que podría haber alguna repercusión en sus declaraciones?

– Evelyn Matthei desde el comienzo estuvo situada en un escenario complejo, porque había sectores de centroderecha y de derecha que estaban a favor y otros que estaban en contra de la reforma. Entonces, le era difícil posicionarse de una manera unilateral frente a una reforma tan compleja. Pero creo que finalmente termina ganando, porque es una reforma mayoritariamente aprobada, con un respaldo político y social muy amplio. Además, que finalmente va a poder destacar algo muy importante para la centroderecha, que es el haber logrado forzar a la izquierda a la consolidación y a la legitimación del sistema de las AFP.

¿Esto le sirve a Matthei para captar electorados de centro, ya que no puede crecer más en la derecha?

– Sí, le sirve para capturar y pasar hacia sectores más moderados y de centro, mostrando que su sector tiene capacidad de construir acuerdos transversales y que finalmente cierta flexibilidad permitió mantener y consolidar algo. Algo que para las fuerzas de la centroderecha eran muy importantes como la capitalización individual, la defensa de los derechos de propiedad y de libre elección.

– Integrantes del Partido Republicano han señalado que el apoyo de estos otros sectores de derecha a la reforma implica un «desdibujamiento» e inconsistencia ideológica. ¿Cuál es su opinión sobre estas declaraciones?

– Hay una cierta lectura maximalista en el Partido Republicano y en Johannes Kaiser respecto de lo que se podía conseguir o más bien rechazar en el trámite de esta reforma. Creo que al Partido Republicano le va a pasar algo parecido a lo que le ocurrió en el segundo proceso constituyente, que por no haber entendido cuál era el debate de fondo en la sociedad chilena, respecto de seguir o no seguir adelante con un proceso constituyente, terminó defendiendo una propuesta que finalmente fue rechazada en las urnas.

– ¿No puede el Partido Republicano capitalizar el malestar de los sectores de derecha que ven esto como una concesión innecesaria?

– En el caso de la derecha, va a capitalizar más Johannes Keiser. En estas circunstancias él va a poder capitalizar porque venimos observando un ciclo de desgaste político y electoral de José Antonio Kast, precisamente desde la derrota de su propuesta constitucional en el segundo consejo. Creo que eso lo va a seguir afectando y probablemente este resultado va a reforzar la competitividad de Johannes Kaiser en los sectores de derecha más identitarios, más conservadores.

La situación de desmedro en que quedó el Frente Amplio

– Y por el lado de la izquierda, ¿cree que van a seguir intentando desmantelar las AFP en un futuro cercano o más adelante?

– Lo veo muy difícil. Creo que lo van a seguir manteniendo como un discurso, como una consigna, como un objetivo desde el punto de vista político. Pero dado el tiempo que costó construir este acuerdo, la manera como se logra finalmente y el hecho de que este proyecto requiere aún de 10 años para poder entrar en régimen, hace muy difícil que se pueda seguir insistiendo más allá de repetir una consigna en tratar de lograr los objetivos que originalmente la izquierda buscaba. La izquierda hizo una concesión ideológica de magnitud enorme, aceptando no solo mantener el rol de las AFP, sino que reforzarlo y, por lo tanto, más allá de las consignas y de repetir posiciones de principios, creo que desde el punto de vista de la viabilidad política, la izquierda no tiene mucho qué hacer en el corto y en el mediano plazo.

– ¿Y qué sucede con el Frente Amplio tras la aprobación de la reforma?, ¿pierde protagonismo dentro del oficialismo?

-Queda en las mismas condiciones en que va a quedar el conjunto de la izquierda, con el sabor amargo de haber tenido que ceder en las cuestiones de fondo y tener que inventar consignas y expectativas de que esto puede seguir modificándose, para poder mantener la relación con su electorado. Sinceramente, creo que más allá de repetir consignas o principios, la izquierda, respecto de la cuestión de fondo, quedó en una situación tan desmedrada como quedó ante el fracaso de cambiar la Constitución de (Augusto) Pinochet. Y lo continúan celebrando, pero en el fondo lo que está haciendo es celebrar que la propuesta constitucional del Partido Republicano fracasó, que la lograron rechazar, pero eso implica mantener la Constitución de Pinochet.

Aquí lograron sacar adelante un acuerdo que originalmente ellos buscaban que fuera el principio del fin de las AFP y resulta que este proceso, lo único que ha hecho es fortalecer y consolidar a las AFP en el sistema previsional.

– La ministra Jara suena como presidenciable del oficialismo. ¿La reforma le servirá de campaña o la perjudicará?

– Creo que efectivamente le puede servir en el corto plazo para posicionarse como una alternativa presidencial, pero sinceramente creo que lo peor que le podría ocurrir al oficialismo es terminar con una candidata presidencial comunista. Sería el mayor favor que le pueden hacer a las oposiciones en la elección presidencial.

La reforma la puede ayudar desde el punto de vista de los números, de que eventualmente en el corto plazo suba y mejore su posición en las encuestas. Pero desde el punto de vista del objetivo y de la lógica de las elecciones presidenciales de intentar mantenerse en el gobierno y derrotar a las oposiciones, llevar a una candidata comunista a la elección presidencial sería un suicidio para el oficialismo. Probablemente va a poder cosechar en el corto plazo un mejoramiento en los números, en las encuestas y en su posicionamiento público. Pero eso para el oficialismo, más que una cosa positiva, puede eventualmente significar un tremendo riesgo.

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3 Comments

  1. La derecha gano ampliamente , pero por la guerra entre Chile Vamos y republicanos en que han tratado de «cobardes» a unos, la ciudadania percibe como ganador a Boric y Jara, quienes han aprovechado esta instancia

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