La muerte del ex Presidente Sebastián Piñera la sorprendió de vacaciones en Chiloé, en un lugar con muy mala señal telefónica y con poco internet. “Por azar, muy pocos minutos después de ocurrido el accidente, me llegó un mensaje con la noticia”, relata a El Líbero la historiadora Lucía Santa Cruz, una de las intelectuales más destacadas del pensamiento liberal.
La Master of Philosophy de la Universidad de Oxford señala que su primera reacción tras enterarse del fatal accidente fue incredulidad. “Me aferré a la esperanza de que no fuera verdad. Luego vino la pena y el horror por la pérdida de un gran hombre y buen amigo”, sostiene.
En esta entrevista resalta las cualidades de Piñera como Presidente y la forma en que logró sostener el andamiaje institucional para el estallido de 2019. Asimismo, aborda el mea culpa realizado por Gabriel Boric en el funeral.
-A su juicio, ¿cuál es el mayor legado que deja el ex Presidente al país?
-Lo más importante creo yo fue su forma de hacer política buscando siempre lo que nos une más que lo que nos divide a los chilenos, tratando de lograr acuerdos y consensos básicos, la seriedad para administrar los asuntos públicos velando siempre por el bien de los chilenos, su capacidad de tener principios sólidos, pero la flexibilidad para entender las diferencias legítimas, su rechazo de las soluciones fáciles por populares que ellas sean, su defensa de la democracia a toda prueba y respeto por los derechos y libertades de cada ser humano. Sin su resiliencia y temple, en octubre de 2019 se pudo haber terminado en un colapso total de las instituciones.
A mí lo que más me llamó la atención en él fue su permanente disposición a escuchar las opiniones de quienes diferían de él. Tuve la oportunidad de asistir a muchos almuerzos con él en que congregaba a personas de muy distintas posturas, incluidas muchas que lo criticaban permanentemente en sus columnas y otros escritos. Los oía atentamente, anotaba en su block y subrayaba todos los puntos de vista que le parecían interesantes. Era lo contrario a quienes solo se sienten cómodos dentro de sus propias capellanías y solo les gusta oír la confirmación de sus propios prejuicios e ideas preconcebidas. Creo que esta apertura intelectual y anímica es lo que le permitía concebir la política no como un enfrentamiento brutal entre amigos y enemigos, sino una actividad noble, donde todos cabemos y donde la amistad cívica es el cemento que aglutina las instituciones.
-¿Es la figura política más relevante de la historia de la derecha y la centroderecha?
-Creo que como el único presidente de derecha elegido democráticamente dos veces después de tantos años y con grandes mayorías, su relevancia es auto evidente. Pero también porque trabajó incansablemente por consolidar una derecha moderna, comprometida con los derechos humanos y con el progreso en su sentido más amplio: bienestar material pero por sobre todo una mejor calidad de vida y mayores oportunidades para quienes más lo necesitan.
-¿Quién es el gran heredero del liderazgo del Presidente Piñera?
–Difícil en este momento encontrar una figura que pueda continuar su trayectoria. Solo cabe esperar que ante el vacío surjan nuevas figuras.
-En su último gobierno el Presidente enfrentó a una oposición política muy dura, que se opuso a sus proyectos en el Congreso y que impulsó una acusación constitucional para derrocarlo. Ahora vemos a muchas de esas figuras de oposición haciéndole guardia de honor a su féretro. ¿Es contradictorio, es aprovechamiento o es lo que manda la tradición republicana?
-Claro que es contradictorio, pero en la mayoría de los casos no creo que sea meramente aprovechamiento. Hay algo de respeto por los símbolos republicanos, pero creo también que muchos han reconocido los aportes que él hizo y su disposición permanente a ayudar incluso a aquellos que lo persiguieron con tanta odiosidad. El abrazo del Presidente Boric a su viuda Cecilia Morel me pareció verdadero y un gesto que podría augurar una mejor forma de relacionarnos entre quienes pensamos diferente y creemos de verdad en la democracia.
-Algunos analistas como Pablo Ortúzar han planteado que todos quienes están hoy en La Moneda debieran pedir disculpas públicas al Presidente y a Chile por la actitud hostil que tuvieron en el pasado. ¿Cree que es algo necesario?
-Creo que hay distintas formas de pedir disculpas y que en todo caso es algo que debe nacer en forma voluntaria y espontánea y sobre todo debe surgir desde la sinceridad y no del oportunismo temporal.
-¿Cree que las palabras del Presidente Boric en el funeral, reconociendo que como oposición a Piñera actuaron algunas veces «más allá de lo justo y razonable» saldan esa deuda?
-Yo creo que es una admisión honesta que lo enaltece.
-¿Qué significa hoy para la izquierda el fallecimiento del ex Presidente Piñera y esta revalorización de su legado que se ha dado? ¿En qué pie queda el gobierno con esto?
-Yo esperaría que pueda llevar a una revalorización de la política menos confrontacional y a no ver a la derecha como a un enemigo que hay que destruir a cualquier precio, que fue precisamente lo que se intentó durante su segundo gobierno.
-¿Cree que la muerte del ex Presidente genera un ambiente político de mayor unidad y diálogo? De ser así, ¿puede ser esto utilizado por el gobierno para intentar sacar adelante su agenda en el Congreso?
-Espero que lleve a mayor diálogo. Pero es importante entender lo que esto significa. A veces me da la impresión que para el gobierno el diálogo implica la rendición incondicional de la oposición ante todas sus propuestas. Y eso no puede ser así. La búsqueda de acuerdos implica que todos deben ceder y que el gobierno debe abandonar sus pretensiones hegemónicas en temas donde no cuenta con el apoyo ciudadano, como por ejemplo, en varios aspectos de su propuesta de pensiones o de reforma tributaria.
Lo que más consuelo me ha dado en estos días de tanta tristeza es constatar los innumerables testimonios de quienes lo conocieron respecto a sus cualidades humanas, su generosidad, lealtad como amigo, su empatía y su permanente preocupación por Chile y sus habitantes.
