«Paso a paso, Maximiliano Jara va desactivando el relato populista del socialismo arcaico, y va mostrando cómo ese estatismo resulta al final profundamente irracional, vestido con los ropajes elegantes del estado de bienestar mal entendido. Así es como ese  estado va generando una falsa igualdad que básicamente empobrece a la mayoría, y transforma  a los individuos paulatinamente en esclavos de la limosna estatal, del bono, del paquete de medidas, de la ilusión de justicia que viene de ese nuevo dios aparentemente empático, bondadoso y misericordioso». Así describe Sergio Melnick el libro «Manual para desactivar la retórica socialista» (Editorial Conservadora) de Maximiliano Jara Pozo.

En el prólogo, Melnick destaca que Jara «usa la evidencia del caso chileno de los últimos 40 años. Uno a uno va derribando los mitos que han instalado en las malas prácticas gramscianas en la política y decisiones públicas, que poco a poco van apagando la libertad individual».

En 218 páginas el autor repasa cómo «la izquierda latinoamericana ha visto en la cultura una herramienta alternativa a la violencia revolucionaria». Señala el autor que «desde el pedestal de la igualdad y la no violencia, la izquierda sermonea, pretendiendo arrasar los valores que se le opongan -Patria, nación, familia, religión, mercado- para sustituirlos por el materialismo dialéctico, es decir, la lucha de clases entre clases dominantes y subalternas, a fin de lograr una sociedad más justa, libre y solidaria»  

Pero advierte, basado en el referente intelectual de la izquierda, Antonio Gramsci, que «la vía armada siempre terminó siendo legítima para la izquierda latinoamericana».

Se refiere, también, al «fracaso de las revoluciones marxistas en América Latina para constituirse en alternativa viable de poder. La falta de disciplina y de doctrina sabotearon sus propios proyectos. Clara expresión de aquello fue el fracaso de la Unidad Popular en Chile».

El autor conecta «las características gramscianas del socialismo chileno y latinoamericano, formado ante la imposibilidad de alcanzar el poder por la fuerza» con las movilizaciones de octubre de 2019.

«Lejos de ser cierta está la tesis de la izquierda de que el estallido social se organizó lejos de las antiguas formas asociativas (partidos políticos y organizaciones sindicales) solo porque se apreciaban entre las nultitudes banderas indigenistas, de minorías sexuales y barras bravas: eso por sí solo no demuestra que los partidos políticos de ultraizquierda no tomaron parte en los eventos de octubre. Que los cabecillas no se vean, no quiere decir que no existan».

Jara también desarrolla en el libro la responsabilidad de la derecha ante la hegemonía del discurso de izquierda. Señala: «La derecha chilena no invirtió en contraatacar a tiempo la Batalla de las Ideas, comunicándose con su electorado apenas en términos de eficiencia: es muy difícil construir una épica en torno a ella, ya que el corazón humano jamás se ha motivado por luchar por la eficiencia, pero sí por la libertad».

Y junto con explicar cómo Chile tiene números que lo posicionan en mejor jugar en América Latina, señala: «El mayor desafío para la libertad es traducir esos datos en un discurso que sea tan efectivo como la retórica socialista, la cual promete solucionar el problema de todos los chilenos de la noche a la mañana».

 

 

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