“Hoy viernes santo, 15 de abril, quiero pedir mil disculpas a más de dos mil personas que convencí para que votaran por Boric Gabriel (…). No sabía todo lo que iba a ocurrir, que iba a subir el aceite, que iba a subir el gas, que no iba a aprobar el 10%. Él a todo le dijo que sí, que sí, que sí. Me siento yo muy estafado”. Esas fueron las palabras que escogió Mario Carrión para iniciar un video en donde explica las razones por las cuales, minutos más tarde, se prendería fuego al interior de un auto justo frente al palacio de La Moneda, en plena Alameda.

“Yo voy a dar mi vida por el arrepentimiento que hago, por todo el pueblo chileno, por los estudiantes, por la gente que es pobre que le falta para comprar un litro de aceite y les subieron el pan (…). Voy a regalar mi vida por todos los estudiantes, con cariño. Hoy yo no muero. Hoy día mi nombre va a vivir, hoy día nazco de nuevo”, continúa diciendo en el video que se viralizó en redes sociales, y en donde también las emprende contra el comunismo, Cuba, Nicolás Maduro y Vladimir Putin.

El hombre de 40 años, que hasta ahora se encuentra internado en la ex Posta Central en riesgo vital y con el 90% de su cuerpo quemado, habría tenido también otras razones para llevar a cabo esta suerte de inmolación frente al palacio de gobierno. Y es que el individuo es hermano de Pedro Carrión, un empresario que fue asesinado y descuartizado en Recoleta a inicios de enero, cuyos restos fueron encontrados un mes después en la comuna de Quintero. Hoy hay dos personas en prisión preventiva por el delito y, según relata la familia, Mario habría sido el encargado de reconocer el cuerpo de su hermano en el Servicio Médico Legal, lo que lo dejó devastado y con un severo trauma psicológico que lo llevó a tomar esta medida desesperada para pedir justicia.

Pero todo el revuelo mediático que generó el viernes santo esta acción emprendida por Mario Carrión, no provocó ninguna reacción ni del Presidente Boric ni de los ministros de su gabinete. Según una nota de Bío Bío, desde La Moneda han declinado referirse al caso debido a que hay una investigación en curso en la Fiscalía Centro Norte.

El modo de actuar frente a estos casos contrasta con el que tuvo el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos cuando debió enfrentar una situación similar.

El caso Miño

“Ya no vives de ti, no supiste morir, por que tu propia tristeza se incendió”, dice el final del estribillo de “Miño”, canción del grupo Los Bunkers del año 2002 que se ha transformado en un himno del rock nacional y que está dedicada a Eduardo Miño (en la foto), el militante del Partido Comunista de 50 años que a las 11:40 horas del 30 de noviembre de 2001 se auto infringió una puñalada en el abdomen y posteriormente se quemó a lo bonzo en plena Plaza de la Constitución, a pocos metros de La Moneda, y sólo minutos después de haber entregado una carta a los transeúntes en la que explicaba las razones por las que atentaría contra su vida.

En el texto, Miño se identificaba como militante del PC y miembro de la Asociación Chilena de Víctimas del Asbesto y señalaba que haría “esta suprema protesta” para denunciar a la industria Pizarreño “por no haber protegido a sus trabajadores y sus familias del veneno del asbesto”; a la Mutual de Seguridad y sus médicos “por maltratar a los trabajadores enfermos y engañarlos en contra de su salud”; y a los “organismos de Gobierno por no ejercer su responsabilidad fiscalizadora y no ayudar a las víctimas”.

Asimismo, sostenía que “esta forma de protesta, última y terrible, la hago en plena condición física y mental como una forma de dejar en la conciencia de los culpables el peso de sus culpas criminales. Esta inmolación digna y consecuente la hago extensiva también contra: Los grandes empresarios que son culpables del drama de la cesantía, que se traduce en impotencia, hambre y desesperación para miles de chilenos. Contra la guerra imperialista que masacra a miles de civiles pobres e inocentes para incrementar las ganancias de la industria armamentista y crear la dictadura global. Contra la globalización imperialista hegemonizada por Estados Unidos. Contra el ataque prepotente, artero y cobarde contra la sede del Partido Comunista (PC) de Chile”.

Como corolario, lanzaba esta frase que quedaría inmortalizada en murales a lo largo de Chile y en su propia lápida: “Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia”.

Las reacciones del gobierno de Lagos

El hecho prendió las alarmas en La Moneda de forma inmediata. En la misma Plaza de la Constitución se estaba realizando un acto del Día Mundial del Sida organizado por el Ministerio de Salud y los primeros auxilios que recibió Miño provinieron de los carabineros de la guardia de palacio y de médicos que participaban en la actividad. Lo rociaron con agua de una pileta y lo envolvieron en mantas de gel hasta que llegara la ambulancia que lo llevaría a la Posta Central, donde moriría en la madrugada del día siguiente con el 70% de su cuerpo quemado.

Las crónicas de la época reseñan que el Presidente Lagos estaba en su despacho junto a su ministro vocero de Gobierno, Claudio Huepe, cuando sus asesores interrumpieron la reunión para alertarlos que un hombre se había prendido fuego afuera de La Moneda.

De inmediato se activó una ofensiva comunicacional para hacer frente al tema y minimizar los costos para el gobierno, pues las primeras informaciones que corrían eran que el hombre se había suicidado por su condición de cesante, culpando directamente a la administración de Lagos, lo que podía traer consecuencias al oficialismo en la elección parlamentaria que ocurriría en dos semanas.

Fue así como los ministros salieron a reaccionar al poco rato, aclarando las acusaciones que Miño hacía en su carta. Huepe, desde los patios del palacio de gobierno, fue el primero: “Estamos absolutamente consternados por lo que ha sucedido. Estábamos con el Presidente Lagos y no podíamos creer lo que nos informaban. Él ha entregado una carta a la opinión pública y quisiera señalar que la razón fundamental que él aduce es su pertenencia a la Asociación Chilena contra el Asbesto. El gobierno, por esta razón, y pese a protestas internacionales, prohibió el uso del asbesto”.

Ricardo Solari, entonces ministro del Trabajo, apuntaría sus dardos en la misma dirección: “En situaciones como esta no hay más comentarios que hacer. Hemos hecho un trabajo fuerte sobre el asbesto hace años. Hemos fiscalizado, creemos que es un tema que el Estado ha enfrentado”.

Otra autoridad que enfrentó el tema fue Michelle Bachelet, quien esa tarde fue directamente a la Posta Central para conocer el estado de salud de Miño, lugar donde fue increpada por sus familiares.

En un punto de prensa, la entonces ministra de Salud rechazó la denuncia del inmolado referente a que el gobierno no ejercía su responsabilidad fiscalizadora para ayudar a las víctimas de asbestosis, aclarando que el asbesto estaba prohibido y que su cartera trabajaba con el Comité de Víctimas del Asbeto, al que pertenecía Miño, junto a la Conama y el Sesma, donde se fijó un programa para atender a las personas afectadas.

Lagos, en tanto, esperaría un par de días para referirse al tema. En una entrevista en Cooperativa del 2 de diciembre, sostuvo que “ha sido un poco liviano decir que un cesante se inmoló, porque el tema no era la cesantía, el tema de él no era que estaba cesante, el tema de él era la asbestosis (…). Yo creo que el tema más de fondo es la sensación de impotencia de la persona, más allá de lo que él hace, que es tremendo, yo creo que es un llamado de atención al tipo de sociedad que estamos construyendo».

Desde el PC, en tanto, su secretaria general de esos años, Gladys Marín, decía que el impacto de la noticia le había llegado “al alma”. “Uno no tiene palabras para referirse a este hecho. El dolor de saber que estamos llegando a límites tan terribles. Que una persona se haya inmolado protestando por cosas tan nobles como el derecho al trabajo, contra la contaminación”, señalaba.

El intento de ayer

Ayer viernes, una semana después de la inmolación de Carrión, otra persona intentó quemarse con bencina frente a La Moneda, aunque alcanzó a ser detenida por carabineros y la situación no pasó a mayores. Se trata de Pablo Gallardo, de 46 años, que señaló padecer desde hace siete meses artrosis bilateral severa y tener una cadera operada.

«Soy padre de familia y estoy sin sueldo y el Compin no me quiere jubilar (…). No tengo plata, pago arriendo, cómo creen que se sostiene mi familia, en el Compin no me quieren dar nada. Debo luz, agua, arriendo», dijo entre lágrimas antes de ser llevado a la ex Posta Central.

En este caso, que se diferencia de los otros dos analizados porque no se alcanzó a concretar la inmolación, la ministra vocera de gobierno, Camila Vallejo, sí habló, dando a conocer la versión que manejaban desde el gobierno.

«Esta es una situación muy delicada, es un caso muy dramático, lo queremos abordar de manera responsable y lo que podemos informar a través del Ministerio del Interior, lo que se ha podido recabar, es que el caso se trataría de un ex funcionario de Carabineros que habría sido dado de baja por comisión médica y que solicitaba reunión con el general director», sostuvo.

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