Publicado el 14 mayo, 2021

Ministro y exlíder pingüino Isamit: “La violencia en los colegios en 2019 fue el preámbulo al 18 de octubre”

Autor:

Francisca Escalona

Ya pasaron 15 años de la revolución pingüina y diez de las movilizaciones estudiantiles de 2011. El actual ministro de Bienes Nacionales, Julio Isamit, que para 2006 era secretario general del Centro de Alumnos del Instituto Nacional repasa las consecuencias de ese período. “Si hay un área donde no tiene que haber ideología es en la educación”, advierte.

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Francisca Escalona

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Quince años han pasado desde que la revolución pingüina se tomó las principales calles del país. Estudiantes secundarios llenaron de pancartas la Alameda exigiendo mejoras en la calidad de la educación. Si bien las primeras movilizaciones comenzaron en abril con el paro del liceo A-45 Carlos Cousiño de Lota -que se inundaba cada año por las lluvias- recién el viernes 26 de mayo de 2006, al rededor de 100 establecimientos acordaron llamar a paro nacional de estudiantes para el martes 30 de ese mes, alcanzando 400 instalaciones y 600 mil estudiantes paralizados.

Los estudiantes pedían la derogación la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) y el decreto 524 de 1990, que regula los Centros de Alumnos, entre otras demandas. “Ni terroristas, ni delincuentes. Estudiantes conscientes”, era una de sus consignas. “Por una educación de calidad, la rebelión se justifica”, decía otro de sus afiches, los cuales se mantuvieron en las calles desde abril a junio, para reactivarse en septiembre y octubre de ese año. De esa movilización fue parte el actual ministro de Bienes Nacionales, Julio Isamit, que para esa fecha, era secretario general del Centro de Alumnos del emblemático Instituto Nacional. Aunque fue una de las voces disidentes del movimiento, su figura trascendió.

Las movilizaciones no se limitaron a 2006 y en 2011 resurgieron las protestas de la mano de los universitarios. “No al lucro”, junto con “educación gratuita y de calidad” fueron parte de las principales consignas del movimiento, emblemas que fueron recogidos por la Presidenta Michelle Bachelet durante su segundo gobierno, que en 2018 -tras dos años en el Congreso- promulgó la reforma que, de forma gradual, apuntaría a la educación universitaria gratuita de forma universal.

Sin embargo, el análisis del académico Felipe Balmaceda en una carta enviada este lunes 10 de mayo a El Mercurio  apunta a que lo que parecía ser un gran triunfo de la exmandataria en realidad se tradujo en un deterioro sostenido en la educación. Junto con ello, sostiene que la gratuidad es “la peor política pública implementada desde 1990”, pues aumentó la demanda selectiva de universidades y la segregación.

Isamit, joven abogado de 32 años y actual ministro de Gobierno del Presidente Sebastián Piñera hace un balance en materia educacional de cara al proceso constituyente. El Secretario de Estado señala los puntos positivos y negativos tras esa revolución. “Pasamos de la generación del ‘no estoy ni ahí’ a la generación de personas comprometidas con el futuro del país”. Eso sí, dice, un elemento negativo es que la “ideologización del debate educacional impide ver la realidad de las salas de clases”.

-¿Qué balance hace a quince años de la llamada revolución pingüina?

-Fue un movimiento muy activo de más de un millón de estudiantes secundarios a lo largo de todo Chile que se movilizaron por una gran causa, que es la educación de calidad con independencia del lugar donde uno vive, la familia o la comuna. 

Hay una visión pesimista, que ve todo negro, y la optimista, que ve todo extremadamente color de rosa. Yo trato de tener una visión realista que ve las cosas buenas y las cosas malas de estos últimos quince años en materia  educacional. En las cosas buenas no solamente está el compromiso de las nuevas generaciones con temas país, que yo creo que le hace un bien a nuestra nación, sino también poner la educación como una de las prioridades de los chilenos. En ese sentido, hemos tenido avances como los Liceos Bicentenarios, la Beca Vocación de Profesor y tantas otras medidas que permiten que las familias vulnerables tengan más oportunidades. Pero como contrapartida de esto, hemos visto, por un lado, una ideologización del debate educacional que impide ver la realidad respecto a lo que pasa en la sala de clases de los colegios o lo que pasa respecto al deterioro de muchas instituciones de educación superior y además, como la guinda de la torta, hemos visto un fenómeno de violencia en los colegios y, por desgracia, en los liceos emblemáticos como el Instituto Nacional, que termina siendo un preámbulo de lo que hemos visto después, especialmente en octubre de 2019. Son cosas que siempre hay que condenar, más aún cuando pasan dentro de una sala de clases.

-El académico Felipe Balmaceda describe que, según el informe internacional PISA, desde 2015 existe un deterioro en la educación. ¿Cuál es su lectura de este dato?

-Primero, que la columna de Felipe Balmaceda confunde el proceso del 2011 de los estudiantes universitarios por la gratuidad, con el movimiento de 2006 que era de secundarios por la educación de calidad en la sala de clases. Pero efectivamente, podemos ver un fenómeno de mayor efervescencia, mayor participación en las salas de clases, más bien en todos los colegios de todo el país. Eso tiene una parte positiva que muestra el empoderamiento de las nuevas generaciones. Pasamos de la generación del ‘no estoy ni ahí’ a la generación de personas comprometidas con el futuro del país, en cosas tan cercanas e importantes como la educación. Pero al mismo tiempo, en contrapartida, tenemos que lamentar algo que se ha extrapolado a otra área del quehacer social como es por ejemplo la justificación de la violencia para obtener determinadas causas. En ese sentido, la verdad es que nos llena de preocupación. Vimos lo que pasó en el Instituto Nacional que fue del terror, porque, incluso, alumnos del colegio quemaron una sala de clases y la inspectoría general supuestamente buscando la mejor calidad de la educación.

“El Instituto Nacional es una alerta del deterioro que está viviendo nuestro sistema de educación”

-El Instituto Nacional por primera vez no logra completar los cupos, algunos liceos han cerrado y otros pasaron de ser subvencionados a privados. ¿Cómo explica este fenómeno?

-Así es, la verdad es que de la parte negativa precisamente tenemos que lamentar el fenómeno de la violencia en los colegios y, lo que es peor, todos los intentos por justificar esa violencia, que ha traído consecuencias, no ha sido gratuito. Por el contrario ha sido muy lamentable y una muestra concreta de eso es que el Instituto Nacional, cosa insólita, en enero de este año todavía tenía 300 vacantes para sus séptimos básicos, cuando en tiempos normales, cuando yo postulé en el año 2000, éramos más de 5.000 para 700 cupos. Hoy por desgracia quedaron 300 cupos vacíos a principio de año por falta de interés de los niños y las familias de la Región Metropolitana en poner a sus hijos en el Instituto Nacional.

-Respecto a la educación superior, Balmaceda menciona que la gratuidad aumentó la demanda selectiva de universidades y la segregación. ¿Cómo ve esta consideración?

-El año 2011 muchos estudiantes universitarios discrepamos de algunos de los lugares comunes que se atisbaban por parte de los dirigentes estudiantiles de la época: la idea de gratuidad universal. Nosotros creíamos mucho más en que esa ayuda se concentre en las personas que más lo requerían, familias de clase media que a veces quedaban endeudadas por enviar a sus hijos a la educación superior que significaban el orgullo de miles de familias. Cuando uno viene de una familia de clase media lo que siempre nos dicen nuestros papás es que la mejor herencia que nos pueden dejar es la educación y que además ellos siempre quieren que uno sea más que los papás o sea más que los abuelos. Ese sueño de tener un hijo universitario se empezaba a frustrar por el endeudamiento de las familias, pero la solución a ese problema no necesariamente es una gratuidad universal, mal entendida y peor aplicada, sino que era mucho mejor poder ayudar a través de un sistema de financiamiento solidario a familias que de verdad lo necesitaban, eso no iba a generar el nivel de desfinanciamiento y de endeudamiento del Estado que hoy día estamos viendo. 

El sueño de tener un hijo universitario se empezó a frustrar por el endeudamiento, pero la solución no necesariamente es una gratuidad universal”.

-Además, ha aumentado la deserción universitaria y aumentado la preferencia de técnicos, lo que se traduce en menos recurso y, por ende, en menor calidad. ¿Concuerda con este análisis?

-No veo un problema en que muchos jóvenes libremente elijan la educación técnica superior. Es más, hay muchos jóvenes de familias vulnerables o de clase media, que esa es su primera opción y lo que tiene que hacer el Estado, y la comunidad en general, es apoyar esa decisión y no lo que se vio en el gobierno de la Presidenta Bachelet de privilegiar ciertas universidades o cierto tipo de universidades por sobre la elección de las personas. A la gente de escasos recursos hay que apoyarla allí donde quieran estudiar y no donde el financiamiento les permita estudiar. Hay mucha gente con más necesidades que quieren estudiar en un centro de formación técnica o instituto profesional y se le debe ayudar, no por ser un CFT, un IP o una Universidad, sino porque son jóvenes vulnerables que requieren de esa ayuda.

“Si hay un área importante donde no tiene que haber ideología, es en la educación”

-De cara al proceso constituyente, ¿cómo será la discusión en torno a la educación? 

-Yo espero que en la próxima discusión constituyente que vamos a tener como país, no solamente los convencionales electos, sino que también toda la ciudadanía, las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones de educación superior, puedan colaborar en un debate serio sobre la educación, sin populismos y más bien centrados en lo que pasa en la realidad de miles de familias vulnerables que no pueden pagar la educación superior. Cómo concentrarlo en un desafío país de tener las mejores universidades latinoamericanas y, al mismo tiempo, fomentar la educación y la oportunidad a nivel regional. Cómo vamos a tener mejores universidades en las regiones, cómo podemos hacer que estudiantes de colegios municipales de regiones puedan tener más oportunidades. En ese sentido, yo espero que la discusión se dé en un ambiente de respeto intelectual, también con respeto a la evidencia, a los hechos, a la realidad y a la diversidad del país, y no solamente en base a eslóganes o ideologías.

A la gente de escasos recursos hay que apoyarla donde quieran estudiar y no donde el financiamiento les permita estudiar”.

-Uno de los lemas de la movilización estudiantil ha sido el fin al lucro, educación gratuita y de calidad. ¿Cree que se pueda y sea correcto consignar esto en la nueva constitución?

-Ese es un debate que va a tener lugar en la convención constituyente. Nosotros lo que hemos dicho permanentemente, y así se puso en el gobierno del Presidente Piñera, es cómo hacer que nuestro sistema educacional tenga oportunidades especialmente para los más vulnerables. Un ejemplo de ello es todo lo que se hizo en el primer gobierno del Presidente Piñera y que hoy día se está actualizando y ampliando en el segundo gobierno, respecto a los liceos bicentenario, que son vías rápidas de movilidad social y también la Beca Vocación de Profesor que es tan valiosa y permite que muchos jóvenes elijan la pedagogía, y que también elijan hacer clases en colegios vulnerables.

-Se cree que la derecha consiga apenas ⅓ de la convención, con lo que le sería difícil poder frenar este tipo de iniciativas. 

-Esta es una noticia en desarrollo. Las elecciones son en pocos días, esperamos tener un buen resultado constituyente como la lista más votada, con la coalición con mayor número de representantes, pero no solamente esperamos un buen resultado desde la centro derecha, sino también que se puede llegar a un acuerdo con las fuerzas democráticas y se pueda tener una buena conversación cívica respecto a un tema tan fundamental para el futuro país como la educación. Si hay un área, todas son importantes, pero si hay un área especialmente importante donde no tiene que estar la ideología, sino cómo buscamos las mayores oportunidades para los niños y jóvenes de Chile, es precisamente la educación. Espero que esa discusión se tenga con altura de miras y no, como por desgracia lo hemos visto en los últimos diez años, que a veces se ideologiza y se termina olvidando o escondiendo lo que pasa de verdad en la sala de clases o en las instituciones de educación superior. 

-Si es que se llegase a consignar, ¿se podría mantener el deterioro sostenido que se ha visto? 

-Hay muchas voces de alerta del deterioro que está viviendo nuestro sistema de educación superior o, incluso, lo que están viviendo los liceos emblemáticos y testimonio de eso es lo que hemos visto por desgracia en el Instituto Nacional. Como alumno a mi me duele especialmente. Espero que podamos torcer esa mano al destino, que podamos romper esa tendencia y la educación pública pueda recuperar su prestigio y estos buenos ejemplos de movilidad social que teníamos en los liceos emblemáticos. Para eso se requiere, por un lado, y con mucha firmeza condenar la violencia y dejar de buscar excusas permanentes para justificar y, por otro lado, concentrarnos de verdad en lo que pasa en la sala de clases dando más oportunidades a los estudiantes, permitiendo que los profesores tengan mejores remuneraciones, puedan preparar clases, puedan atender a los alumnos. Para eso se requiere condenar la violencia y terminar con la politización que se ha tomado muchos de estos lugares. 

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