Publicado el 10 mayo, 2021

La televisión-farándula: el nuevo bastión de los políticos

Autor:

Florencia Donoso

Usan códigos de la farándula, tanto políticos como conductores de TV. En vez de convocar a conferencias, los dirigentes optan por aparecer en los matinales. La declaración corta, estilo Twitter es el nuevo estilo del debate. “Hay una suerte de maridaje entre televisión y política”, comenta el periodista y académico Juan Ignacio Brito. “Dada la desconfianza en los políticos, ellos buscan en la TV al menos verse conocidos y cercanos”, apunta el ex Secom, Carlos Correa.

Autor:

Florencia Donoso

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El anuncio que hizo Pablo Iglesias en España, sobre que se retiraría de la política luego de la derrota que sufrió frente a Isabel Díaz Ayuso en España, fue ampliamente comentado tanto en ese país como en otras latitudes, incluido Chile. Se vio como un triunfo de la derecha frente a la izquierda radical al constatar que el ex vicepresidente del gobierno español dejaba el poder. Sin embargo, Iglesias decidió retomar un lugar en el “cuarto poder”, los medios de comunicación, quizás con más influencia hoy en día que las instancias tradicionales: volverá a la televisión, lugar desde donde fundó Podemos, su partido político. ¿Se retira realmente de la arena política? “En el caso de España, la renuncia de Pablo Iglesias tiene olor a que es con elástico”, manifiesta Carlos Correa, analista político y ex Secretario de Comunicaciones durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

Tal como el caso de España, o en Estados Unidos con Donald Trump, en Chile la televisión ha servido para promocionar y entregar visibilidad a distintos personajes. Fenómenos como estos fueron Alejandro Guillier y Beatriz Sáchez, candidatos a la presidencia en el año 2017, cuya popularidad surgió precisamente en los medios de comunicación. “Es un lugar muy atractivo para estar y también para proyectarse. Hay una suerte hoy de maridaje entre televisión y política. En términos de vinos, diríamos que es un ensamblaje”, destaca Juan Ignacio Brito, periodista y académico de la Universidad de los Andes.

Correa agrega que la televisión chilena, en medio de su crisis, “está buscando su destino al convertirse en la voz de la ciudadanía desconfiada de la élite y con ello recuperar confianza y rating”.

Es un lugar muy atractivo para estar y también para proyectarse. Hay una suerte hoy de maridaje entre televisión y política. En términos de vinos, diríamos que es un ensamblaje”, destaca Juan Ignacio Brito.

Raíz del problema: pérdida de credibilidad de los políticos

“La TV siempre ha tenido un rol en la política. Bourdieu lo llamaba debates falsamente verdaderos. Lo que es diferente ahora es que, dada la desconfianza en los políticos, buscan en la TV al menos verse conocidos y cercanos. Con ello dan material a los canales que pueden convertirse en una especie de voz del pueblo”, comenta Correa.

Según la encuesta del Centro de Estudios Públicos, publicada a finales de abril, las instituciones que generan menor confianza son los partidos políticos (2%), el Congreso (8%) y el Gobierno (9%).

Según los entrevistados, esta ha sido una de las causas que ha llevado a los políticos a utilizar la televisión como medio de propagación de sus ideas y para conseguir mayor exposición.  “Ese es el tema en cuestión, que tiene que ver con el descrédito de la clase política. Vienen elecciones y el conocimiento es una variable sumamente importante y la televisión te da eso, te da ese conocimiento y además te da una plataforma para hablar”, comenta Cristián Valdivieso, director de Criteria. En este mismo sentido, considera que el problema está en que la política no ha sabido oxigenarse y renovarse.

Por otro lado,  el cientista político Kenneth Bunker agrega que el problema viene de la crisis social y política que está viviendo el país. Considera que esto es el “mecanismo causal”. “El mensaje que mandan tienen que ser por otros canales. Entre ver una conferencia de prensa del Congreso y ver un matinal, creo que los políticos pueden obtener un poquito más de sintonía de conexión tal vez, con los votantes a través de la televisión”, señala.

Correa también comenta que luego del 18 de octubre se produjo una “revalidación de la discusión de los asuntos públicos”. “Así los mismos espacios que eran de farándula o televisión basura se convirtieron en foros ciudadanos. Aunque a veces pueden ser exagerados, es mucho más sano para la sociedad”, añade.

El punto, es cómo se ocupan esos espacios. Y algunas luces de eso entrega Álvaro Díaz, realizador de 31 minutos, en entrevista a La Tercera.  Señala que con el estallido, la televisión abierta “encontró en la política el nuevo aire. Y en su largo paso por la farándula había aprendido a usar lógicas de realismo exacerbado, por decirlo así, donde todo es concreto, crudo, excesivo. Julio César (Rodríguez) y Pamela (Jiles) generan adicción por eso, porque cruzan la barrera del exceso”. Agrega que en este escenario “¿qué son los políticos? Personajes que andan detrás de los votos y que hacen cola por aparecer en tu matinal y no les importa que los denigres. Son capaces de matarse por estar media hora en ese programa. Y en cierto sentido, se parecen a los chicos reality”.

Es atractivo ver espectáculo y ver gente peleando en la TV, pero cuando las cosas vuelvan a su normalidad, por decirlo de algún modo, cuando ya no exista la crisis social y de salud, debiésemos volver un poco más a lo que había antes”, señala Bunker.

Bunker también agrega que, por el momento por el cual atravesamos “es atractivo ver espectáculo y ver gente peleando en la TV, pero cuando las cosas vuelvan a su normalidad, por decirlo de algún modo, cuando ya no exista la crisis social y de salud, debiésemos volver un poco más a lo que había antes”.

El código de la farándula en la política 

Brito señala que esto ocurre para los dos lados; para los políticos y para los personajes que están en la televisión y se proyectan como políticos. “Hemos visto que ciertos códigos televisivos -y con Pamela Jiles es el más evidente, que es el de la farándula- terminan convirtiéndose en un código político”. En este sentido, añade que hoy se ve a políticos actuando y hablando con un lenguaje propio de la farándula televisiva.

“Se adoptó el lenguaje que venía de la TV en la política y se ‘farandulizó’ la política. Y eso es un fenómeno repetido en distintos escenarios, por distintos actores políticos, de todas las tendencias, que actúan de esa forma”, añade el periodista y académico.

La televisión tiene un descrédito teórico, la gente desconfía de la TV, de sus contenidos, pero quienes hablan ahí, los mensajeros de la TV sí tienen mucha credibilidad”, advierte Cristián Valdivieso, director de Criteria.

Valdivieso advierte sobre los personajes que pasan de la TV a política y el riesgo que implica porque desde los medios se generan expectativas respecto de personas que, “llevados a la arena política, no se pueden cumplir. Con eso se sigue desacreditando de alguna manera la política”.

Ejemplo de esto es el de Julio César Rodríguez, conductor de “Contigo en la mañana”, de Chilevisión (de donde fue sacada la foto que grafica esta nota). Su nombre fue agregado en la Encuesta Criteria Research, donde obtuvo casi la misma adhesión que Pamela Jiles. Esto fue parte de un experimento llevado a cabo en la encuesta, en donde se incluyó al periodista, a la subsecretaria de Salud, Paula Daza, y a la presidenta del Senado, Yasna Provoste, que ha tomado un papel protagonista con la negociación de la agenda de los “mínimos comunes”. Respecto a este experimento, Valdivieso comenta que incluyeron a estos personajes para “ver a alguien que pudiera eventualmente desafiar los códigos de la Jiles”, y a Julio César Rodríguez porque “es el personaje que más política está haciendo desde los medio”.

Otra de las figuras de TV que está tomando un rol parecido es Rodrigo Sepúlveda en Megavisión, quien según Brito, “es otro ejemplo de alguien que despierta confianza en la población pese a que uno podría decir que ha traspasado las fronteras del periodismo y se ha instalado en otras áreas”.

Esta confianza y credibilidad que están logrando estos rostros de televisión se podría considerar contradictorio con los resultados de la Encuesta CEP, donde la televisión obtuvo un 11% de confianza. Sin embargo, Brito considera que hay que distinguir entre la televisión como industria y los personajes que la protagonizan. “No es extrapolable completamente esa desconfianza en la TV como industria a esos rostros que sí tienen credibilidad”, apunta. Valdivieso coincide y concluye que “la televisión tiene un descrédito teórico, la gente desconfía de la TV, de sus contenidos, pero quienes hablan ahí, los mensajeros de la TV sí tienen mucha credibilidad”.

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