Publicado el 08 de agosto, 2020

La otra huelga de hambre en la Araucanía de la que no se habla

Autor:

Emily Avendaño

Roxana Carrut es agricultora. Su familia tiene un predio de 168 hectáreas en Victoria, pero hace más de un año no pueden trabajarlo. Ya no siembran trigo ni avena, les robaron 24 vacas y un toro y envenenaron a tres de sus perros. Cada vez que se acerca al campo, relata, le lanzan piedras y palos. Todo esto la llevó a empezar un ayuno el pasado 27 de julio. Solo consume líquidos y ha perdido 4 kilos. Sus atacantes serían integrantes de la comunidad Calbún. “No son todos los mapuche. Yo tengo amistades mapuche de las comunidades aledañas que me han venido a ver. Son grupos radicales”, afirma sobre los responsables.

Autor:

Emily Avendaño

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Ya perdió la cuenta. El año pasado Roxana Carrut asegura que fue como mínimo 20 veces a la oficina de atención de víctimas de violencia rural ubicada en la Intendencia de la Araucanía. Los ataques contra su familia y su predio comenzaron el 12 de enero de 2019. “Una fecha que nunca voy a olvidar, porque era el día de mi cumpleaños”, dice. Desde entonces, los han perseguido, golpeado, amenazado, les quemaron una casa en el campo, la cosecha y un bosque nativo, enumera.

El campo, ubicado a 8 kilómetros de Victoria, tiene resguardo policial. Lo reclama un grupo de comuneros mapuche “que están pidiendo todos los predios para acá, no soy yo la única, mis vecinos están en la misma situación”. El acoso hizo que Carrut tomara una decisión radical: comenzó una huelga de hambre el pasado 27 de julio. 

La técnico en enfermería no consume semisólidos, ni sólidos. Su nueva dieta consta de té con limón, café y, si se siente débil, se toma un Gatorade. Ha perdido 4 kilos, tenido dolores musculares, cólico abdominal, mareos, y de repente se le nubla la vista. “Voy a llevar esto hasta las últimas consecuencias. Hasta que el Gobierno abra los ojos. Yo no estoy jugando”, asegura.

La tierra pertenece a su esposo, Andrés Hoffstetter, de 79 años, y ella era la encargada de administrarlo. Ese 12 de enero relata que les rayaron las bodegas, cortaron los cercos, destruyeron las estacas, y la siembra, “que estaba a punto de cosechar”, la pisotearon. Era trigo, triticale y avena. “Producíamos trigo, lo vendíamos y así llegaba el pan para la misma gente. Es toda una cadena y la destruyen”. 

El ayuno de Carrut persigue tres propósitos principales: que se restituya el Estado de Derecho en la macrozona sur, la excepción de las contribuciones y que se otorguen becas a los hijos de las víctimas de violencia rural.

“Busco una verdadera reparación, a las víctimas, a nosotros. No he podido hacer usufructo del campo, realizar ninguna actividad económica e igual nos cobran contribuciones. No sacamos nada con tener tres o cuatro carabineros en el campo, si no nos dejan sembrar. Es imposible. Cada vez que llegamos allá nos están vigilando, entran a tirar piedras, nos tiran palos, nos disparan”. En el listado de agresiones, la familia también incluye el robo de sus animales: 24 vacas y un toro, y el envenenamiento de 3 perros. 

Explica que el año pasado la visitaron alcaldes, senadores, diputados, seremis, pero la solución ofrecida consistía en invitarla a postular al Plan de Reposición de Actividades Económicas (Sercotec) o al Programa de Desarrollo de Inversiones Especial (Indap). Se inscribió y no pasó nada. “Mi pareja tiene 79 años y ningún banco lo va a ayudar porque es una persona de riesgo ya para un crédito, y yo tengo un crédito que estoy pagando para sobrevivir”.

En un comunicado difundido el 1 de agosto de 2020 escribió: “El gobierno de Chile a través de la unidad de víctimas vino a ofrecerme apoyos de programas que no puedo postular, porque simplemente por mi situación no he podido estar al día ni en las rentas ni en la contribuciones, no tenemos ingresos para pagar eso. El año pasado postulamos a esos mismos programas y no me los dieron, son ayudas inútiles que no tienen posibilidad de ser efectivas, aunque me las dieran, ¿dónde las hago efectivas?, si el campo de la familia lo toman cada dos minutos, está todo quemado, los cercos rotos y cada vez que trato de ir a hacer algo allá soy atacada”.

Golpiza en el hospital

Por tres generaciones la tierra ha pertenecido a la familia de su esposo. La comunidad vecina al predio se llama Calbún. En junio de 2019 integrantes de esa comunidad la agredieron en un hospital.

Recuerda que todo comenzó un día en que sacó a un animal de su corral y fue a revisar los cercos para evitar que escapara. “En eso llegaron a tirarnos piedras, palos, le pegaron a uno de los trabajadores. Yo fui con él al hospital a constatar lesiones. Dejé la camioneta lejos para que no le pasara nada, e igual le quebraron los vidrios. Cuando estaba en el hospital e iba a pagar una mujer me agarró por detrás, me tumbó y me azotó la cabeza en la cerámica”.

El ataque fue denunciado ante el Juzgado de Garantía de Victoria. La agresora, Dominga Marcela Torres Quilapán, fue formalizada por los delitos de lesiones menos graves y amenazas, y aunque el Ministerio Público solicitó la medida cautelar de arresto domiciliario, el tribunal decretó únicamente la prohibición de acercarse a la víctima y de ingresar al fundo Santa Adela Sur.

Después de este episodio el diputado Miguel Mellado publicó una carta en El Diario Austral de La Araucanía, que tituló “A ti, Roxana”, en la que escribió: “Es aquí cuando me gustaría ver a las organizaciones feministas, de derechos humanos, a todos los movimientos necesarios para apoyar a una mujer que fue agredida en pleno hospital. Pero no están. No hay nadie. Solo un doble discurso que se debe cambiar. Lamentablemente existen más Roxanas en este mundo agresivo, las cuales callan, no reciben apoyo, mereciendo respeto y justicia”.

La familia Hoffstetter Carrut, luego de la agresión, le ofreció a Carabineros donar una hectárea de su terreno para que la policía uniformada instalara un retén en el predio. Lo hicieron a través de una carta notarial dirigida al general director de Carabineros, Mario Rozas. 

Carrut afirma que también ha querido ofrecer el campo a la Conadi. Indica que ha contactado a los encargados de esa oficina en Temuco, pero no ha recibido respuesta. “No pueden decir que yo no he puesto empeño por arreglar este problema”, subraya. Sus gestiones también incluyen solicitar reuniones con distintas autoridades a través de la Ley del Lobby, le ha enviado cartas al Presidente de la República Sebastián Piñera, a la Primera Dama Cecilia Morel, y se ha contactado con los ministerios del Interior y de Desarrollo Social. 

“Tengo más de 45 denuncias hechas en la Fiscalía y no hay culpables. Hay fotos de todo, tengo identificadas a las personas y no hay nada. Aquí en Victoria no existe la justicia. Esa palabra no existe para nosotros. A mí me han amenazado en un Juzgado de Garantía y la jueza no ha hecho nada. Me sacaron en una camioneta del fiscal, igual que a un perro, en el piso, porque nos iban a atacar. Eso fue hace un año”, denuncia Carrut. El listado de delitos que ha presentado incluye amenazas de muerte, golpes, usurpación y robo de los animales.

“Me gustaría que otras personas que estamos pasando por lo mismo, nos unamos para ganar más fuerza”

Carrut tiene dos hijos, una adolescente de 17 años y su hijo mayor de 21. Agradece a la ONG Fundación Educacional Francisco Fabián Espinoza, que la ha ayudado con la educación de su hija; y lamenta que los dos quieran irse de la región. 

“Esta gente lo que hace es fomentar el terror a los agricultores, ganaderos, camioneros, etc. Quiero hacer un llamado a todos ellos, también a las forestales, a las mini pyme, turismo, pymes a unirnos para que el Gobierno nos escuche. Esto está pasando no solo en La Araucanía, también en la VIII y la X Región… Me gustaría que otras personas que estamos pasando por lo mismo, nos unamos para ganar más fuerza, para que el Gobierno sepa que no estamos solos, que estamos unidos, por eso llamo a los gremios a actuar”.

La agricultora establece una diferencia: “No son todos los mapuche. Yo tengo amistades mapuche de las comunidades aledañas que me han venido a ver”. Agrega: “Aquí no hay racismo. Hay terrorismo. Cuando tu causas temor en una persona, qué es. Si recibes amenazas, qué es. Yo no tengo la culpa de haber nacido con un apellido que no sea igual al de ellos. Si ustedes escucharan lo que nos dicen, nos llaman ‘colono usurpador’ y yo soy más chilena que los porotos, con mucho orgullo. Yo no tengo responsabilidad por lo que pasó antes. Yo respondo solo por mis actos”. 

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