El gabinete designado por el Presidente electo José Antonio Kast dejó una serie de inquietudes en el mundo político. ¿La razón? Los 16 ministros que son independientes, entre los que hay figuras técnicas sin experiencia previa en el Estado o en la esfera pública.
Quienes participaron del diseño del gabinete, aseguran que en la cabeza de Kast había tres objetivos: lo primero, que los nombrados respondieran a su absoluta confianza. Segundo, que respondieran a las urgencias del país y no a cuoteos políticos. Y tercero: que el carácter técnico de los ministros permitiera enfocar el debate en el Congreso en cuestiones justamente más técnicas, y funcionar como cortafuego para los intentos de la oposición por llevar el debate a temas ideológicos o a diferencias políticas.
Sin embargo, en los pasillos de La Gloria 81 y el círculo de Kast ronda un fantasma: que con este diseño no se terminen cometiendo los mismo errores que hubo en la primera administración de Sebastián Piñera con el «gobierno de los mejores», donde una parte importante de los secretarios de Estado provenían del mundo empresarial y eso terminó pasándole la cuenta a algunos.
Para evitar ese escenario que podría terminar enredando la agenda del gobierno de emergencia, en el equipo de Kast comentan que antes de llegar a La Moneda harán una suerte de trabajo de intervención a los ministros sin experiencia previa en el Estado.
Una de esas fórmulas apunta a que en la segunda, tercera y cuarta línea de esos ministerios se ponga a asesores con experiencia política, que hayan trabajado en algún gobierno y que vengan del mundo de los partidos.
En esos nombramientos estarían teniendo una influencia importante el círculo más cercano de Kast, quienes estarían visando y proponiendo nombres.
Fotos de todos los diputados en la oficina
A los ministros debutantes también se les hará un petición: independiente del rol técnico que tengan, el despliegue en el Congreso y llegada con los parlamentarios, especialmente con los diputados oficialistas, debe ser total. Esto debe incluir recibirlos y mantener conversaciones periódicas con ellos, especialmente con los que formen parte de las comisiones ad hoc a sus carteras.
Como muestra de la relevancia que tendrá este ítem, algunos personeros del círculo de Kast señalan que los ministros debieran tener en sus oficinas una foto con las caras de todos los diputados y senadores para aprendérselas antes de ir al Congreso.
Conocerlos y atender sus preocupaciones es parte fundamental, dicen, para generar confianzas y alcanzar acuerdos.
Incluso, ya se ha dado la orden a lo ministros de comenzar a tener una ronda de reuniones con parlamentarios, partiendo por los del Partido Republicano. La idea es ir extendiendo esas conversaciones con el resto de las bancadas, incluso de oposición, con un foco especial en los diputados del PDG y la DC.
El trabajo en el Congreso, dicen desde el entorno del presidente electo, será fundamental para sacar adelante con rapidez las medidas urgentes. Para esto, señalan, el futuro ministro del Interior, Claudio Alvarado, estará muy presente en Valparaíso, apoyando la gestión del titular de la Segpres, José García Ruminot, y liderando la coordinación política de los ministros.
Las vocerías siempre son políticas
Otro punto clave será el despliegue comunicacional. Si bien Kast estaría a favor de que los ministros tengan protagonismo, esas vocerías estarán siempre coordinadas con la Segegob y la Secom.
Si en la coordinación y decisiones políticas Alvarado tendrá el manejo de la agenda del gabinete, en el plano comunicacional los ministros estarán bajo la lupa de Cristián Valenzuela.
El objetivo, dice una alta fuente del próximo gobierno electo, es que los nuevos ministros deben entender que las decisiones técnicas no siempre van de la mano con las decisiones políticas y comunicacionales. Y que todas las vocerías son, en el fondo, políticas.
Un episodio que se ha puesto sobre la mesa en algunas conversaciones, es la crisis que se desató en el primer gobierno de Piñera con el alza del gas en Magallanes, dónde un factor clave fue el mal manejo político y comunicacional del entonces ministro de Energía, Ricardo Raineri, uno de los cuadros técnicos de ese gabinete. Para defender el alza, Raineri catalogó el subsidio en esa región como “una fiesta”, desatando la molestia de los parlamentarios de la zona y encendiendo aún más las manifestaciones en la región.
Un error así, dicen, pondría en jaque la agenda del «gobierno de emergencia» y le daría el pase a la oposición para que se tome la agenda.
