Pasada la 1:30 de la madrugada del lunes en Chile, falleció el Papa Francisco, generando especial consternación en América Latina, pues Jorge Bergoglio fue el primer pontífice de esa procedencia. Además, Francisco fue calificado como un reformista que generó incomodidad en el ala más conservadora del clero.

Dentro de los cambios que propició, simplificó aspectos de su propio funeral. No obstante, igualmente enfrentaremos nueve días de exequias, tras los cuales habrá entre 15 y 20 días para que se convoque un cónclave de 135 cardenales, 108 de los cuales fueron elegidos por él mismo y que representan a 93 países.

De ese cónclave saldrá un nuevo Papa que, según el profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes y columnista político de El Mercurio, Joaquín García-Huidobro, podría ser de cualquier lugar del mundo, algo que es parte de la herencia del mandato de Francisco y su concepto de Iglesia universal.

De los 135 cardenales, 53 provienen de Europa, 23 de Asia, 18 de África, 21 de Latinoamérica, 16 de Norteamérica, y cuatro de Oceanía.

-¿Cuál es el legado que deja en la Iglesia el primer Papa latinoamericano y jesuita?                       
-Lo primero ha sido mostrar la universalidad de la Iglesia. De ahora en adelante, a nadie le extrañará ver a un Papa africano o asiático. Si la Iglesia está en todas partes, entonces el papado no puede estar restringido a los habitantes del Viejo Mundo. De hecho, el primer Papa fue un israelita, Pedro.

En otros campos, recomiendo releer Evangelii Gaudium (“La alegría del Evangelio”), un documento que publicó en 2013, poco después de ser elegido. Allí desarrolla algunos temas que luego fueron las líneas maestras de su pontificado. En breve, se trata de ir a lo fundamental, que para un cristiano es Jesucristo. Eso es lo que debemos transmitir y no solo a un grupo de personas selectas, como los que van a la iglesia el domingo, sino a todas las personas. El Evangelio permite mirar el mundo con ojos benévolos y nos lleva a ver a aquellos que parecen irrelevantes en una sociedad donde solo se aprecia el dinero, la influencia y el poder. Nos exige atender a los descartados.

-Cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido como Papa, fue resistido por algunos porque lo ligaban a la izquierda y a posturas reformistas. Ahora, con la perspectiva del fin de su papado, ¿qué balance hace sobre esas críticas? ¿qué reformó y qué no?                                                                             
-Hay algunas personas que quieren hacerse un cristianismo a la carta, sin las exigencias que a ellas les incomodan. El cristianismo que nos ha mostrado Francisco es tan desafiante como lo ha sido siempre. Ha hecho reformas, lo mismo que sus antecesores, pero que no afectan a lo esencial, que es el seguimiento de Jesucristo. Para emplear palabras de Joseph Ratzinger, Francisco ha aplicado una hermenéutica de la continuidad, no de la ruptura.

-Con motivo de su visita a Chile, usted comentó que el Papa conocía bien a la izquierda, pero que la izquierda conocía una caricatura de la Iglesia. Con su papado ¿logró atraer corazones de la izquierda atea o agnóstica que estaban divorciados del cristianismo?                                                  
-A juzgar por las declaraciones de muchos de sus líderes, efectivamente ha llegado a sus corazones. Pienso que hablan de manera muy sincera. En el futuro veremos si se trató solo de una atracción hacia la persona de Francisco o si ella los ayudó a ir más allá de él y, de alguna manera, encontrarse con Jesucristo, que era lo que al Papa le importaba más.

-Sectores conservadores tampoco le tuvieron simpatía, por ejemplo, cuando autorizó las bendiciones para las parejas del mismo sexo. ¿Cree que eso generó un cambio hacia la tolerancia de los fieles o más bien alejó a esos críticos?                                                                                      
-No es correcto pensar que “los conservadores” no le tenían simpatía. Conozco a muchos que se sentían muy cercanos a él. Además, a diferencia de otros que lo aplaudían constantemente, estos conservadores sí leían sus escritos. El caso de las bendiciones es muy ilustrativo y no constituye ninguna revolución: se bendice a las personas, a lo que de bueno hay en ellas, no la actividad homosexual misma. Sin embargo, una práctica que está en línea con la doctrina católica de siempre, fue vista como una gran ruptura.

-A Argentina nunca fue y a Chile llegó en una posición incómoda por sus acercamientos con Bolivia en medio de la demanda marítima y por los abusos sexuales por parte de religiosos. Esos son recuerdos muy marcados en el país. A su juicio, ¿qué dejó realmente Francisco en Chile?
-Cuando el Papa Francisco vino a nuestro país, los índices de aprobación a su figura eran aquí los más bajos de Latinoamérica. Me da la impresión de que la situación ha mejorado. Lo de Bolivia pertenece al pasado y, en el tema de los abusos, la Iglesia en Chile ha realizado un esfuerzo muy serio para corregirlos. Pienso que en esta materia la situación es hoy muy distinta que entonces y esa mejoría debería notarse en un reconocimiento público mayor en los próximos años. La capacidad de autocorrección de la Iglesia ha sido notable. Esto no significa que sea absolutamente imposible que haya algún abuso en el futuro, pero es mucho menos probable.

-Según estudiosos, como Mathew Schmalz, profesor de estudios religiosos del College of the Holy Cross (EE.UU.), Francisco «abrió la Iglesia al mundo exterior de maneras que ninguno de sus predecesores había hecho antes», reuniéndose con diferentes líderes espirituales y afirmando que la violencia no era patrimonio de una sola religión. ¿Con ello Francisco cambió un paradigma respecto a la supremacía de Roma en Occidente? ¿Es una senda que su sucesor podría cambiar?
-No conozco toda la declaración del profesor Schmolz y quizá está sacada fuera de contexto. Si tomamos esa afirmación aislada, estaría diciendo algo que históricamente es incorrecto. Pensemos, por ejemplo, en la figura de Juan Pablo II. Desde hacía muchos siglos no había un Papa que tuviera un contacto tan frecuente con las principales inteligencias de su época. En sus encuentros veraniegos de Castelgaldonfo participaban Ricoeur, Gadamer, Kolakoski y muchos otros pensadores no católicos. Es famoso su “Encuentro de Asís”, con líderes de otras religiones, para rezar por la paz. La desazón de los judíos cuando él murió solo se explica porque lo sentían como una persona muy cercana. Mijaíl Gorbachov lo admiraba profundamente. También en el caso de Juan XXIII y Pablo VI, los grandes impulsores del Concilio Vaticano II se aprecia un constante empeño de diálogo. Y no digamos nada de Benedicto XVI: hay todo un fan club protestante que hasta el día de hoy estudia con especial entusiasmo sus escritos.

-¿Qué debería continuar y qué debería abandonar de Francisco el próximo Papa?
-Soy profesor universitario y columnista político. Afortunadamente no está entre mis tareas el ser consejero papal. Pero el próximo Papa tendrá básicamente el mismo desafío que Francisco: ¿Cómo mostrarle la belleza del mensaje de Jesucristo a unos contemporáneos nuestros que muchas veces están afectados por una profunda desesperanza?

Te puede interesar…

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.