La llegada al país de la nueva variante «Ómicron 2» causó, una vez más, preocupación. El fantasma del regreso de los confinamientos y las limitaciones a las libertades sociales son un asunto que inquieta, y es un tema del que deberán hacerse cargo las próximas autoridades.

En conversación con El Líbero, el exministro de Salud Jaime Mañalich habla sobre las actuales condiciones sanitarias del país y el escenario que podría recibir a Apruebo Dignidad en La Moneda. El médico asegura que no se justificaría aplicar medidas de confinamiento –como las que en algún momento defendió el equipo de Gabriel Boric– y asegura que el momento más complejo de la fase Ómicron «va a coincidir con el cambio de gobierno».

Tras más de dos años de restricciones sanitarias y sociales, la denominada «fatiga pandémica» ha llevado a que miles de personas alrededor del mundo se manifiesten contra las medidas gubernamentales. Un  caso reciente es el de Canadá, donde un grupo de camioneros bloqueó los cruces fronterizos entre el país y Estados Unidos en el denominado “Freedom Convoy” o “Convoy de la Libertad”, un movimiento contra los nuevos protocolos del gobierno de Justin Trudeau. El país norteamericano contempla esquema de vacunas obligatorio que que exige la inoculación de todos los camioneros que ingresen al país.

¿Qué pasaría si una situación de estas características se desata en Chile? En un escenario marcado por el alza de contagios, casi la única certeza en cuanto al manejo de la pandemia es que la estadía de las actuales autoridades ya está en cuenta regresiva y el nuevo gobierno será quien tendrá en sus manos la aplicación de restricciones, el resguardo de las libertades y la gestión de las vacunas.

«Las medidas no farmacológicas de control como cuarentenas y restricciones tienen que terminar»

–En marzo asume el liderazgo Gabriel Boric, quien en su equipo tiene a personas que han sido partidarias de las restricciones que en su momento fueron criticadas por ser tan radicales como el Covid Cero, ¿cómo cree que enfrentará el escenario sanitario?

–Un escenario donde buscamos cero Covid, en el que cerremos el país por dos, tres semanas, como se pensó en su momento, con toda la gente encerrada en sus casas, es una situación insostenible desde el punto de vista de los derechos humanos, de la eficacia de esa medida para controlar la pandemia y desde el apoyo económico a las familias más vulnerables que sufrirían. Es por eso que yo creo que las autoridades entrantes, incluso la próxima ministra del Interior (Izkia Siches) que tuvo una vocería bien importante en esta materia cuando fue presidenta del Colegio Médico, hoy sea un asunto en el que no se involucren. Lo creo sabio, porque es evidente que las medidas que se proponían en aquel momento –por no decir que no son adecuadas técnicamente– en el mínimo, son absolutamente inaceptables para la población.

Yo creo que ellos ya han cedido. El Plan Paso a Paso no especifica en ninguno de sus términos que haya la posibilidad de volver a cuarentenas, ha habido una aceptación de eso y en este caso el silencio otorga. En primer lugar porque no tiene fundamento para controlar la enfermedad y, desde el punto de vista político, que vaya a aumentar el control en una situación en la que debiésemos creer que el número de casos va a bajar durante el mes de marzo. No obstante, la ola de hospitalizaciones siempre tiene una tardanza en relación al número de casos, y al número de fallecidos. El momento más complejo del manejo de la fase Ómicron va a ser coincidente con el cambio de gobierno.

Yo creo que ellos ya han cedido. El Plan Paso a Paso no especifica en ninguno de sus términos que haya la posibilidad de volver a cuarentenas».

–Considerando las presiones ciudadanas en el mundo por la disminución de las restricciones, por ejemplo en Canadá donde los camioneros protestaron ante la exigencia de vacunas ¿qué condiciones tendrían que darse en nuestro país para aproximarse a mayores libertades?

–Cada pandemia que ha afectado al mundo tiene características diferentes y nosotros iniciamos  el combate de ésta sin el conocimiento específico de lo que se trataba en realidad, aplicando conocimientos de la pandemia de la Gripe Española o la Influenza. En ese contexto, lo primero que hay que decir es que el mundo durante este periodo ha aprendido. Por ejemplo, hoy día estamos seguros de que las mascarillas sirven. Al principio se creía que el virus se transmitía a través de cosas: mesas, artículos que se tocaban, la ropa, hoy día se sabe que eso no es cierto. Pudimos lograr una vacuna en tan poco tiempo, que es una de las más efectivas para controlar la pandemia. 

Al principio se creía que las cuarentenas eran una medida importante para controlar la contagiosidad del virus, hoy día se duda enormemente de esta afirmación, por no decir que se discute en todos los países y en todos los artículos médicos, al punto que en el caso de Chile –entrando en materia– ni las autoridades de gobierno salientes, ni las entrantes parecen estar dispuestas a implementar una medida de ese carácter, o sea, encerrar a la gente en su casa o tomar una estrategia Cero Covid –que se ha mostrado fracasada y el único país que la puede mantener es China con su dictadura–, de eso ya nadie habla aquí. Ni siquiera el Plan Paso a Paso dice que sea posible imponer el confinamiento. Eso tiene que ver con el conocimiento científico y también tiene que ver con la fatiga pandémica.

En Canadá, que es un país conocido por su salud pública, ha habido manifestaciones muy importantes  que han producido mucha disrupción de la vida; la marcha por la libertad en Europa es lo mismo. Lo que me preocupa de eso es que al final esta tendencia de protestas, que ocurre en Argentina, Brasil y también en Chile, involucra a mayorías que son importantes, como alguien que siga a los antivacunas, y eso es malo porque la vacuna realmente sí sirve.

Hay otras medidas que deberían ser susceptibles de mejorar como el manejo de los aeropuertos y también el regreso a clases, en el que todo el mundo señala que hay que volver a clases sí o sí. Yo como ministro expresé desde el día uno que lo último que había que cerrar eran los colegios y que eran lo primero que había que abrir. Pero en estos días ya hay unas discusiones bastante fuertes respecto a la pertinencia de volver a clases producto de que necesitamos una política para esta nueva etapa.

Encerrar a la gente en su casa o tomar una estrategia Cero Covid –que se ha mostrado fracasada y el único país que la puede mantener es China con su dictadura–, de eso ya nadie habla aquí en Chile».

–En Chile vimos cómo los camioneros paralizaron las rutas para ejercer presión al gobierno por la migración irregular. ¿Cree que en caso de que se llegasen a aplicar más restricciones en el país se podría generar una situación parecida a la de Canadá?

–Desde el punto de vista político, es fundamental que el gobierno saliente, que va a pasar a ser oposición, y quienes van a pasar a ser oficialismo entiendan que hay un tema que ha tenido mucha incertidumbre, que es una política de Estado y todos tenemos que colaborar a que esto se tiene que terminar. Y no solo por la presión que suceda o no en otros países, las medidas no farmacológicas de control como cuarentenas y restricciones tienen que terminar y eso tiene que estar acompañado con un testeo muy agresivo, en base a antígenos más que a PCR, para efectivamente lograr controlar y tener la menor cantidad de casos posibles porque esto va a seguir.

Lo que quiero decir con esto es que muchas protestas públicas tienen que ver con dos cosas que son bien importantes y son razonables. La primera es que efectivamente durante ese período tan prolongado de acciones de salud pública por parte de los gobiernos en todo el mundo, hay una percepción creciente de que hay un riesgo cierto de una falta de cuidado con los Derechos Humanos. Nosotros en Chile estamos en una discusión muy fuerte respecto a la validez de los Derechos Humanos que estamos viendo en la Convención Constitucional, sin embargo, muchas medidas que se han tomado son riesgosas, en el sentido de pasar a llevar el derecho a la educación, el derecho a la libre movilidad, el derecho a reunión, que son derechos consagrados en la Constitución vigente y que probablemente con mayor razón van a estar en la próxima. Entonces, mucha gente dice ‘aquí se están pasando a llevar mis derechos’ y ese reclamo es legítimo. Esa vigilancia respecto al quehacer del Estado en relación a las medidas sanitarias creo que es algo que hay que escuchar y hay que tener mucho cuidado.

Una prudencia necesaria, que está escrita en muchos artículos, es que efectivamente toda medida sanitaria no viole derechos fundamentales y si llega a minimizar uno, por ejemplo el derecho a movilizarse, tiene que ser extraordinariamente bien explicado y en la práctica aceptado por la población por convicción. Si ahora se vuelven a cerrar los colegios –el retorno es obligatorio a partir del 2 de marzo– de la misma manera hay que tener una estrategia, que yo creo que es insuficiente en el protocolo que diseñó el Ministerio de Educación, para generar en los padres la confianza de que efectivamente el retorno a la escuela va a ser un retorno seguro y no una cosa de probar y volver a retroceder y los niños de nuevo a las casas con todo lo que significa eso. 

En segundo lugar, la priorización que hemos hecho del manejo de Covid ha dejado como secuela muchas enfermedades, sobre todo mentales, pero otras enfermedades que no han recibido tratamiento. Por lo tanto, también hay una preocupación legítima de la ciudadanía de que la persona que tiene un cáncer no se puede operar, la persona que está en una quimioterapia no la ha podido recibir. O sea, situaciones de riesgo han quedado postergadas por el Covid. 

«En la medida que no se logre una vacunación universal en los países mas pobres hay un espacio para que el virus siga circulando»

El riesgo de un agravamiento de la pandemia al parecer es una posibilidad o, al menos, la aparición de nuevas cepas.

–Efectivamente la variante Ómicron por su contagiosidad, menos severidad –de 100 personas que se enfermaban con la variante Delta fallecían 1.4 en la variante Ómicron es 0.1–, abría una oportunidad para que el Covid terminara, pero esto debería estar complementado por un programa de vacunación universal que desgraciadamente no se ha podido lograr porque los países más pobres tienen solo un 15% de población vacunada, un terreno muy propicio para que el virus circule, mute y aparezca otra variante que pudiese ser incluso más agresiva.

Ha aparecido una subvariante de Ómicron, que se denomina Ómicron 2 y, en mi opinión, se le ha dado más importancia de la que merece, porque no tiene escape inmunológico, la inmunidad que producen las vacunas o enfermedad previa por otra cepa de Covid sí la afecta, sí la controla. Las vacunas siguen siendo efectivas para esta hija de Ómicron, por lo que no creo que esa variante Ómicron 2 sea responsable de un nuevo brote mundial. Pero desgraciadamente en la medida que no se logre una vacunación universal en los países mas pobres hay un espacio para que el virus siga circulando, con posibilidad de mutar. Puede que tengamos una variante Omega, última letra del alfabeto griego.

Las vacunas siguen siendo efectivas para esta hija de Ómicron, por lo que no creo que esa variante Ómicron 2 sea responsable de un nuevo brote mundial».

–Y se incrementa la fatiga pandémica.

–En el tema filosófico más profundo, el Código Sanitario –del cual depende la alerta sanitaria que permite las medidas que se están tomando– debería estar sujeto, en la redacción de una nueva Constitución, a un control más claro desde el punto de vista del parlamento, en su vigencia e, incluso, en su amplitud una vez que ha pasado cierto tiempo. Todo lo que estamos viviendo en contra de los derechos humanos viene del Código Sanitario y, en ese sentido, desde el punto de vista de las personas y de su libertad, ese quehacer que tiene que ver con limitaciones debería ser sujeto a un control por otros poderes del Estado y, el parlamento en particular, cada cierto tiempo.

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