Publicado el 19 mayo, 2021

[Columna constituyente] Gerardo Varela: Torpedo para constituyentes

Abogado Universidad de Chile. Presidente del Consejo Directivo de la Fundación para el Progreso Gerardo Varela

El mandato ciudadano para nuestros constituyentes es construir una casa de todos y para eso deben inspirarse en todos estos pensadores (…) Si sólo se inspiran en uno como Hobbes se termina en tiranía o en Rousseau en utopía. Son todos, en armonía, que forman una democracia y una sociedad libre que genera desarrollo y prosperidad en libertad.

Gerardo Varela Abogado Universidad de Chile. Presidente del Consejo Directivo de la Fundación para el Progreso
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Desde la Ilustración (siglos XVII y XVIII) el mundo ha progresado más que en toda la historia de la humanidad. La combinación de los avances de la ciencia desde Copérnico a Newton; de la filosofía política desde Locke a Montesquieu y los estudios sobre el origen de la riqueza de Adam Smith, permitieron que en Europa y EE.UU. se desarrollara una revolución de prosperidad y libertad que el mundo no había conocido nunca.

De esa explosión de ciencia, filosofía y economía nacieron tres revoluciones: la política (Francia y EE.UU.) la científica y la industrial; y dio origen a los avances tecnológicos y al constitucionalismo moderno. Por eso es importante recordar los aportes a la ciencia política de sus principales pensadores.

Hay que partir por Hobbes y su Leviatán, para éste, el gobierno nace para poner orden en el caos que genera la maldad y el egoísmo del ser humano cuando vive en estado de naturaleza. Desde Hobbes sabemos -y lo repetiremos si no detenemos la violencia- que el hombre está dispuesto a resignar todas sus libertades a cambio de orden y seguridad.

En seguida tenemos a Locke y su contribución a los derechos personales. Para él, todas las personas nacen libres e iguales; dotadas de ciertos derechos inalienables a la vida, la libertad y la propiedad. Para Locke el gobierno se crea para defender esos derechos del mismo gobierno y de terceros. Los derechos así concebidos no consisten en usar la fuerza del gobierno para que le quite al resto y nos dé a nosotros (Derechos sociales).

Las ideas de Locke quedaron inscritas en los dos documentos fundamentales de la libertad: la Declaración de Independencia de EE.UU. y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (Revolución Francesa), que protegen la libertad, la vida y la propiedad (incluyendo la obligación de indemnizarla a cabalidad en el texto francés)

Como existía un riesgo que el gobierno mal usara su poder para agredir esos derechos, Montesquieu en “El espíritu de las leyes” promovió la idea, de inspiración Greco-romana, de separar los poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, para que se controlaran entre ellos. Así, el Poder Judicial existe para protegernos del Estado y no para ayudarlo a extender su poder, lo que ocurría cuando el soberano designaba y removía a los jueces a voluntad.

Ahora bien, Rousseau postuló la idea que las sociedades se forman en torno a un contrato social. Ese contrato hoy se denomina Constitución y en él se reconocen derechos personales y se distribuye y limita el poder.

La Ilustración contrapuso la razón a la fe y la ciencia a la religión y por eso Voltaire agregó la idea que el Estado y la Iglesia debían separarse, para asegurar la tolerancia y la diversidad. Esa celebración de la diversidad debía ser genuina y no como hoy que muchos celebran la diversidad salvo de las ideas donde pretenden prohibir la expresión de las que no les gustan o que consideran que los ofenden.

Todos estos conocimientos se reunieron en la enciclopedia de Diderot que, a través de su enciclopedia, le dio acceso al conocimiento a la gente común y que resumió el espíritu crítico, escéptico y empírico de la Ilustración con una famosa frase: “Todas las cosas deben examinarse, debatirse e investigarse sin excepción y sin consideración a las sensibilidades de algunas personas” (concepto que los apóstoles de la corrección política pretenden que ignoremos en aras de mantener una suerte de un virtuosismo moral autoasignado).

Divorciarse de la religión requería de una moral laica, y aquí Kant vino en ayuda, con dos máximas universales: (i) considera tus actos como si estos fueran a constituir una ley universal (lo que tú hagas debes estar dispuesto a que sea la regla para todos (cuestión que ignoran los que reparten lo ajeno y conservan lo propio) y (ii) todas las personas son un fin en sí mismas y no medios para lograr otros fines (que comunistas y fascistas suelen olvidar)

Finalmente, Adam Smith terminó con la idea que la riqueza es finita explicando que, a través del respeto a los derechos de propiedad (cuya correlación con el desarrollo es casi perfecta), la distribución del trabajo y el libre comercio, la riqueza se crea y multiplica y no simplemente que hay una riqueza limitada que el gobierno debe distribuir.

El mandato ciudadano para nuestros constituyentes es construir una casa de todos y para eso deben inspirarse en todos estos pensadores. Si sólo se inspiran en uno como Hobbes se termina en tiranía o en Rousseau en utopía. Son todos, en armonía, que forman una democracia y una sociedad libre que genera desarrollo y prosperidad en libertad.

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