Publicado el 10 marzo, 2021

Francisco Orrego: ¿Cómo reencantamos a los agnósticos de la democracia?

Candidato independiente a la Convención Constituyente por el Distrito 11 Francisco Orrego
No es fácil revertir una sensación, más generalizada de lo pensado, sobre la escasa importancia que muchas personas le asignan a su voto.
Francisco Orrego Candidato independiente a la Convención Constituyente por el Distrito 11
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

La democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. -Winston Churchill

Entramos al segundo tiempo de las campañas políticas para las múltiples elecciones del 11 de abril, y la sensación ambiente, en la calle, es que la indolencia o desafección de la ciudadanía con el proceso, que parece un traje hecho a la medida de los políticos, se ha tomado el ánimo y voluntad de muchos chilenos y chilenas. En un escenario como tal, donde abundan las propuestas populistas, demagógicas y los vendedores de pomadas, la pregunta que surge, de manera casi instantánea, es cómo reencantamos a los agnósticos de la democracia. Y la respuesta a esa pregunta, a juzgar por lo visto, no es simple.

Motivos para no entusiasmarse con las próximas elecciones hay de sobra. No es fácil revertir una sensación, más generalizada de lo pensado, sobre la escasa importancia que muchas personas le asignan a su voto, lo que las ha llevado a cuestionarse la necesidad de restablecer el voto obligatorio. Si bien en el plebiscito de octubre pasado, el número de personas que votó aumentó ostensiblemente, ello no necesariamente se va a repetir en abril próximo, en especial considerando los niveles de improvisación que las autoridades han exhibido en su organización, afectando con ello la confianza y credibilidad en un proceso electoral que despierta más dudas que certezas. Poco a poco, los chilenos van tomando conciencia de que el proceso estará capturado por los políticos y sus partidos, no obstante la categórica decisión de los chilenos de alejarlos y de darle una oportunidad a los independientes. Pero la letra chica dice otra cosa.

A los desilusionados del proceso, debemos agregar la apatía de los jóvenes, lo que genera el desafío adicional de ser capaces de entusiasmarlos y movilizarlos a votar. Pero no porque sean una simple sumatoria y/o un stock de votos nuevos que se agregan -y que los candidatos disputan-, sino porque de ellos depende el futuro de nuestra democracia. Una juventud que no cree en la democracia es como un cáncer que sólo la condena a una agonía terminal e inevitable.

Tamaño desafío resulta entusiasmar a una juventud que sólo ve una política -y sus actores- con minúscula, donde las rencillas, luchas de poder, campañas del terror, entre otras, son el pan de cada día, reluciendo la gran grieta que separa a los ciudadanos de a pie con los políticos. Cómo involucrar a los jóvenes en los asuntos públicos, incluyendo la política, si los “mismos de siempre” no quieren soltar las riendas, el poder ni la mamadera que han consumido a destajo, sin prisa pero sin pausa. Por eso nuestros jóvenes prefieren -y no los culpo-, de ser actores relevantes de una sociedad civil, que adquiere crecientemente importancia en la gestión de los asuntos públicos.

Es cierto que los partidos son necesarios en un sistema democrático, pero también es cierto que los ciudadanos perciben a los políticos como parte del problema y no de la solución. Vemos a diario los abusos que cometen con sus atribuciones y privilegios, sin que exista el menor empacho, remordimiento ni reproche. Entonces, ¿cómo lo hacemos para atraer y reencantar a todos esos agnósticos de la democracia? Lo primero, es que todos ellos, sin excepción, están llamados a cumplir con el más básico de los deberes ciudadanos, como es participar en las elecciones periódicas. Pero eso no es suficiente.

Deben entender que su voto es una poderosa instancia o herramienta para que, desde su posición, la que sea, puedan incidir en la formulación de políticas públicas, cuyas decisiones tendrán un impacto directo en su vida diaria y la de su círculo cercano. Lo más importante, sin embargo, es que crean y apoyen a personas que demuestren consecuencia y coherencia entre el ser y parecer, que sean auténticas e independientes, y que sean, a fin de cuentas, iguales a ellos. Quizás sea el momento para que los no políticos se tomen la política y le demos una oportunidad a participar de nuestra democracia.

O tal vez, sea el momento de hacer un reseteo y volver a los orígenes de lo que expresa el término: “demos”, que significa “pueblo”, y “kratos”, que significa “gobierno”. Es decir, que los agnósticos de la democracia vuelvan a creer en un sistema de gobierno, que les permitirá expresar su opinión y que ésta sea escuchada. En una democracia, todas las personas merecen respeto y consideración, sin sesgos de partidos, ni “obligaciones contractuales”.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO