La Corte Internacional de Justicia de La Haya confirmó hoy que el Silala «es un curso de agua internacional», y de este modo dio la razón a la demanda presentada por Chile en 2016, que argumentaba que durante más de un siglo, el Silala fue considerado de esta manera hasta que Bolivia cambió su posición en 1999. El fallo no tomó por sorpresa a la Cancillería chilena, que durante los días previos se mostró confiada del resultado.

En Mirada Líbero el ex cónsul general de Chile en Bolivia, Jorge Canelas, analiza el fallo y las implicancias de esta sentencia: “Lo principal es que el fallo reconoce algo que ya se venía anticipando, y que pone fin a una controversia absolutamente artificial que había iniciado Bolivia a fines de los 90”.

Qué dijo la Corte

La jueza Joan Donoghue, presidenta de la Corte Internacional de Justicia, comenzó la lectura del fallo a las 11:00 horas de Chile. Afirmó que “la Corte constata que Bolivia reconoce que las aguas del Silala se clasifican como curso de agua internacional (…) La Corte toma nota de la aceptación del fondo de la conclusión A de Chile. En vista de que las partes están de acuerdo en que el río Silala es un curso de agua internacional y la aplicabilidad del derecho internacional la Corte constata que la conclusión A de Chile queda sin objeto y por tanto la Corte no necesita tomar una decisión”. Y agregó que “no hay duda respecto a que el Silala es un curso de agua internacional”.

Asimismo también señaló la existencia de un acuerdo entre las partes en cuanto al uso equitativo y razonable de las aguas del Silala. «La Corte constata que las partes están de acuerdo en que Chile tiene un derecho a un uso equitativo y razonable de las aguas del Silala independiente de si se trata de aguas naturales o artificiales. Además, Bolivia no declara en este procedimiento que Chile deba compensación a Bolivia por los usos del pasado del agua del Silala», leyó.

En este sentido, Canelas explica que “lo que dice la CIJ es que ambas partes dicen que es un río internacional, y no le corresponde a la Corte hacer una decisión de un asunto donde no hay litigio, entonces este tema queda zanjado sin participación de la Corte, y dice que ambos países reconocen que este es un río internacional. El anuncio básico fundamental queda absolutamente resuelto en favor de Chile”.

Retomar la hoja de ruta con Bolivia

Para Canelas, lo favorable de este fallo es que permite seguir con las relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia. “Es bueno que ambos países ahora tengan un asunto resuelto, una materia ya zanjada, que ya no hay un asunto que esté interviniendo de alguna manera negativa en una normalización de una relación vecinal. Me parece muy bien que después de este fallo se retome la hoja de ruta que tenemos con Bolivia”, plantea.

El experto detalla que “este trabajo ya se inició a partir del año 2018 con el fallo anterior. En la Cancillería se trabajó en una nueva hoja de ruta para que permitiera a ambos países tener una relación bastante normal, que se venía complejizando mucho. Lo que ha dicho la Canciller es que vamos a retomar la hoja de ruta, y que corresponde trabajar como un asunto de Estado”.

Próximo desafío a resolver con Bolivia: la inmigración

Entre los temas que tienen urgencia de trabajar entre Chile y Bolivia, Canelas apunta con especial atención al de la inmigración. “Hasta ahora no han colaborado como nosotros esperábamos que lo hicieran. Quisiera creer que nuestras autoridades van a insistir, van a ponerse realmente firmes en ese tema, pero también eso requiere que se establezcan y se haga valer el marco jurídico por el cual nosotros podamos atender a los inmigrantes”.

Añade que “hay que tener la necesaria paciencia para permitirles a ellos darse cuenta de que una relación con Chile fructífera no pasa por la judicialización de asuntos que ya están resueltos por tratados internacionales. Proponer y reafirmar las bases por las cuales se sostiene el derecho internacional, especialmente en términos limítrofes, ha sido la estrategias más sana, natural y firme que ha tenido Chile para resolver asuntos de buena forma”.

Eso sí, advierte que “hay un enorme desconocimiento en generaciones que están ahora asumiendo responsabilidades, incluso de gobierno, y que no tienen la fortaleza necesaria en materia de relaciones diplomáticas con vecinos, y hacen equívocos algunos errores que nos pueden costar muy caros. Nuestra historia diplomática debe ser conocida por las nuevas generaciones para que se tomen decisiones en forma racional con el peso que tiene la historia que nos favorece. Eso no se conoce”.

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