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Publicado el 07 de junio, 2020

El partido N° 11 y la otra «batalla de Santiago»

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

Es el partido más importante y trascendente hasta el día de hoy en la historia del fútbol chileno, a pesar de que se perdió. Curiosamente cuando el cotejo finalizaba Honorino Landa y Garrincha fueron expulsados, por el implacable juez peruano Arturo Yamasaki, por pegarle una patada en el traste a sus respectivos infractores… pero a esa altura la suerte ya estaba echada.

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Gonzalo Mingo Ortega

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A raíz de la suspensión de las ligas y torneos en todo el mundo, la prensa en general no tiene mucho que publicar y la deportiva, en particular, lo mismo, por esto se ha recurrido a la historia de encuentros del pasado que son emblemáticos. El Líbero no ha querido ser menos y en esta oportunidad comentaremos el partido N° 11, que es el número de pleito que hasta ese entonces Chile disputaba en un Mundial y nada menos que ante Brasil, y en casa.

Cuando los relojes marcaban las 14:30 de ese miércoles 13 de junio de 1962 en el Estadio Nacional de Santiago, ante 76.594 espectadores, Chile se jugaba la opción de ser finalista del Mundial, y los rivales podrían haber sido Checoslovaquia o Yugoslavia. Intentaré demostrar lo que sucedió en esta misma fecha hace nada menos que 58 años.

¿Por qué un partido que se pierde 2 a 4 ante Brasil puede ser el más importante y trascendente? Hagamos una pequeña historia. El de Chile en 1962 fue el séptimo Mundial que se disputaba y, por ser el país anfitrión, al revés de lo que muchos podrían pensar, Chile no tuvo ninguna ventaja en cuanto a la conformación de los grupos, cosa que sí han tenido los otros anfitriones antes y post Mundial de 1962. No es bueno para el éxito económico de un Mundial que el anfitrión quede eliminado en la primera ronda. Por esto los organizadores disponen para la primera fase un equipo mejor que el dueño de casa, otro igual, otro levemente peor y el 4° definitivamente malo. Naturalmente esto es fútbol y no es la verdad revelada.

Fue así que nos tocó con Suiza, Italia y Alemania.  Italianos y alemanes superaban a Chile en el ranking y en la historia; con los suizos estábamos parejos. Pasamos la primera ronda con dos triunfos, 3-1 ante los “relojeros” (así apodan a los suizos) y 2-0 a Italia. Este último encuentro fue bautizado como “la batalla de Santiago”. En el minuto 41, ante un descalificador foul de Mario David a Leonel Sánchez, éste reaccionó y le pegó un “puñete” al mentón que lo derribaría; el juez británico Kenneth Aston les perdona la vida y unos minutos después expulsa solamente al italiano David por una patada en la espalda al mismo Leonel. se dice que ha sido el pleito más violento de un Mundial.

Luego, para los cuartos de final, nos toca viajar a Arica y enfrentamos a Rusia, un verdadero equipazo que un año antes había salido campeón de Europa, con Lev Yashin en el arco, al cual apodaban “La araña negra”. Para muchos es el mejor arquero que ha tenido el fútbol mundial en todos los tiempos. A los soviéticos se les ganó 2-1 con goles de Leonel Sánchez y Eladio Rojas, ambos conquistados con tiros desde fuera del área, paradojalmente, al mejor portero del mundo.

Después de esta hazaña en el norte de Chile, vienen las semifinales y nos enfrentamos al potente equipo de Brasil, que venía de ganar el Mundial de Suecia en 1958. Es interesante recordar que Chile ha participado en nueve Mundiales de los 21 jugados hasta ahora. En total ha jugado 33 partidos en distintas instancias del torneo, y este ante el Scratch era “el partido N° 11”.

Chile alineó con Misael Escuti, Luis Eyzaguirre, Raúl Sánchez, Manuel Rodríguez, Carlos Contreras, Eladio Rojas, Jaime Ramírez, Honorino Landa, Jorge Toro, Armando Tobar, Leonel Sánchez y su entrenador era Fernando Riera. Brasil lo hacía con Gilmar, Djalma Santos, Mauro, Zito, Zózimo, Nilton Santos, Garrincha, Didi, Amarildo, Vava, Zagallo y su DT Aymore Moreira. Lo destacable es que de esta formación brasilera ocho jugadores (en negrita), jugaron y ganaron la final del mundial de Suecia el 58, por lo tanto, no solamente nos enfrentábamos a los campeones mundiales, sino que a los mismos jugadores que lo habían ganado en la cancha.

Ya puesto en contexto este partido, les comento que lo he visto cuatro veces, y de verdad no entiendo cómo se perdió. Chile fue infinitamente superior desde el minuto uno al noventa, tuvo el control del balón en todos los sectores de la cancha y prácticamente arrinconó a los campeones mundiales. Para ser veraz y categórico en mi apreciación de este encuentro, el domingo lo vi nuevamente y creo que no será la última. Con papel y lápiz anoté cuidadosamente las cifras del partido. Veamos, Brasil convirtió los goles cuando mejor jugaba Chile, a los 9’, en un descuido de Carlos Contreras, Garrincha remata desde fuera del área y convierte ante la inútil estirada de Escuti. En el 32’ el mismo Garrincha supera por única vez en forma clara la marcación de su cancerbero Rodríguez y con golpe de cabeza en el área chica supera al débil meta chileno. Antes de finalizar el primer tiempo, Jorge Toro convierte en el 42’ con un impecable tiro libre batiendo al portero Gilmar.

A poco andar del 2° tiempo y cuando parecía que Chile lograría el empate a los 47’, otro balde de agua fría: el mítico Vava derrota a Escuti nuevamente con un golpe de cabeza desde la mitad del área. De ahí en más la escuadra nacional siente la estocada y el partido se fricciona y los brasileros tratan de “adormecer” la brega, que es la especialidad de los verde-amarelos. Lo consiguen a medias, puesto que en el minuto 62’ Leonel Sánchez anota de penal. Otra vez se mete Chile en el partido y el empate estaba a “tiro de cañón”.

Los rojos atacan y atacan. Tuvieron un par de ocasiones de igualar, pero la ilusión duraría hasta el minuto 78. Vava, en uno de los pocos ataques brasileros, nuevamente de cabeza y esta vez en el área chica, vence la desastrosa resistencia del golero Misael Escuti y de ahí en adelante ya es otra historia.

El “cuco” de Garrincha, la figura de este Mundial, a pesar de convertir dos tantos nunca pudo superar la marca férrea del guerrillero Manuel Rodríguez. En los 90 minutos de los 18 cara a cara que tuvieron, Rodríguez lo controló en 14 y “Mane” lo superó en 4.

Como anécdota podemos decir que Honorino Landa fue expulsado en el 80’, por propinarle una patada en el “traste” al defensa Mauro después que este le cometiera una falta y tres minutos más tarde fue expulsado Garrincha por lo mismo, otra patada en el trasero, por una infracción ahora del chileno Eladio Rojas (algunos de mejor vista señalaban que Eladio iba girando y el puntapié fue en un lugar más delicado).

A los tres días tenemos la yapa y Chile le gana a Yugoslavia (subcampeón de Europa), 1-0 con un golazo de Rojas y obtuvimos un tercer lugar más que digno, pero con gusto a poco. Haciendo una especie de “fútbol ficción”, ¿qué hubiera pasado si Chile y Brasil se encontraban en la final?, a lo mejor seríamos campeones del mundo.

Es pertinente señalar que nuestra selección, en sus 9 participaciones mundialistas, le ha tocado disputar en tres de ellos, al país que salió campeón. Voy de adelante para atrás. El 2010 en Sudáfrica se enfrentó a España en la fase de grupo y perdimos 1×2, en un gran partido de los dirigidos por Bielsa, que de no ser por un error garrafal del portero Claudio Bravo (otra vez el arquero, como el 62) la historia hubiera sido distinta. Los españoles reconocerían post mundial que el rival mejor y más duro fue la selección chilena. Una nota curiosa: España ganó todos los cotejos para campeonar, en los octavos (Portugal), cuartos (Paraguay), semifinales (Alemania), y la final (Holanda) por el mezquino marcador de 1 a 0.

Ahora nos remontamos al Mundial de Alemania de 1974. En el primer pleito, los rivales fueron los dueños de casa. Perdimos 0-1 con un gol a los 18’ de Paul Breitner, con un tiro alto y potente de unos 35 metros, que se “comió” el meta chileno Leopoldo Vallejos. El partido fue parejo, pero malo, que perfectamente se podría haber empatado. Para variar, otro cotejo trascendental, que se pierde en gran medida por una mala actuación del arquero. Pensándolo bien, nuestros goleros, en instancias claves, nos han perjudicado más que salvado, y eso que esta vez no diremos nada del “Cóndor” Rojas.

Antes de terminar, les comento algunas curiosidades interesantes. La selección chilena jugó su primer partido oficial en Buenos Aires el 27 de mayo de 1910 y fuimos derrotados 3-1 por Argentina. El gol de Chile lo conquistó un jugador de origen inglés, Frank Simmons, el mérito es justamente este, el de ser el autor del primer gol de La Roja. Desde ese partido hasta el último, disputado el 15 de octubre de 2019 en Alicante, España, un amistoso que se jugó y ganó sufriendo 3-2 a Guinea y que Arturo Vidal con su gol se transformó en el último artillero de nuestro país. Entre el año 1910 y el 2019 la escuadra nacional ha disputado entre amistosos, eliminatorias, Mundiales y todo tipo de Copas, 808 encuentros y son 846 jugadores los que alguna vez han vestido la casaca nacional. Tiene un total de 1.247 goles a favor y 1.059 en contra.

Toda esta narrativa no habría sido posible si no es por la colaboración, que mucho valoro y agradezco, de mis amigos Eduardo “Cañón” Alonso, Humberto “Chita” Cruz y Alfredo Asfura, dirigente nacional e internacional chileno que, con más de 60 años ligado al mundo del fútbol, me ayudaron a complementar con información y datos de los “por qué” de este Chile 2-Brasil 4 que fue hasta hoy el más importante en la historia de nuestro balompié. Lo que trasciende y se valora en el planeta es un TÍTULO MUNDIAL, aunque no es menos cierto, que no siempre el Campeón Mundial es el mejor equipo. De lo que recuerdo del Mundial de 1962, Brasil fue un justo campeón, pero la final tendría que haber sido con Chile y no con los checos.

En 1966 Inglaterra fue el campeón, pero Portugal, con Eusebio, fue el mejor equipo. En 1970 Brasil fue campeón y el mejor indiscutido, una verdadera “usina” de fútbol, que tenía al rey Pelé como su gerente general. En 1974 Alemania estuvo «ahí no más», porque sin duda el mejor fue Holanda, y por lejos. El 78 Argentina gana la Copa, pero… por tener conflicto de intereses, al tener tres hijos argentinos, no digo nada… solamente que Holanda fue superior y eso que la “naranja mecánica” ya no contaba con su estrella Johan Cruyff.

En España 82, el campeón Italia se encontró con el regalo de su vida, nunca vi un campeón tan mediocre y que me perdonen los itálicos: la verdadera final fue justamente en la semifinal entre Francia y Alemania, que empataron a tres en el alargue, y por penales ganaron los germanos. Para mí este es uno de los mejores partidos que he visto en mi vida. En la final Italia encontró a una Alemania agotada y diezmada. Lo mejor de esa final estuvo en la tribuna oficial, en donde el Presidente italiano Sandro Pertini para festejar los goles italianos saltaba y gritaba al lado del Rey Juan Carlos, que lo miraba con una cara que traslucía la intención de decirle “por qué no te callas… y te sientas”.

En México 86 Argentina fue Campeón y el mejor indiscutido, con un Diego Maradona en un nivel superlativo. Por entonces se decía que habría sacado campeona a cualquier selección por la que hubiese jugado. No creo exagerar, pero nunca vi a un jugador mantener un nivel sostenido en la cantidad de maniobras y buenas jugadas en siete encuentros consecutivos.

De los Mundiales posteriores, nada relevante que decir, salvo el 7 a 1 de Alemania a Brasil en su casa el 2014, una especie de Maracanazo dos.

Dados los momentos que estamos viviendo en Chile y en el Mundo por causa de esta pandemia, que parecería no tener fin, con cifras de contagiados y de fallecidos que nos aterran, decidí comentar estas otras cifras y estadísticas que al menos distraen y son tema de tertulias permanentes. Les recomiendo que lo vean, está en internet, solo escriban en YouTube CHILE 2 BRASIL 4 1962 y lo tienen, está completo. Les aseguro que es un humilde homenaje que desde esta tribuna le rendimos a los 22 jugadores de esa confrontación, especialmente a los que aún están con vida, como lo son Zagallo, Amarildo, Leonel Sánchez, Luis Eyzaguirre y Jorge Toro. Es por todo lo que significó para Chile, que esta derrota, la del PARTIDO N° 11, sí se explica y, diría yo, que hasta se defiende.

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