Hasta hace algunos años, los robos en el mundo rural se limitaban al abigeato o al hurto de insumos agrícolas. Sin embargo, en los últimos meses, la violencia ha escalado hasta niveles inéditos. Bandas criminales han encontrado en los campos de Chile un territorio fértil para operar, trasladando sus métodos de vigilancia y su brutalidad desde las ciudades.
Hoy, los delincuentes utilizan drones para vigilar propiedades, trabajadores infiltrados como informantes, y el narcotráfico ha penetrado profundamente en el sector, con criminales que se disfrazan de agricultores. Pero lo más alarmante es el nivel de violencia con el que atacan: armas de guerra, torturas psicológicas, destrucción total de viviendas y asesinatos a sangre fría.
Las comunidades rurales han pasado del temor a la desesperación. Jaime Escudero, presidente de la Asociación de Municipios Rurales, advierte que el campo ya no es el refugio seguro que alguna vez fue. “Antes en el mundo rural nuestro principal problema era el abigeato (robo de animales), la violencia intrafamiliar y algunos hurtos menores. Hoy estamos enfrentando robos con violencia, asaltos en lugares habitados y un nivel de brutalidad que antes no existía”, advierte. “Es el crimen organizado y no estábamos preparados”, señala.
El crimen organizado ya no es exclusivo de las ciudades. Su desplazamiento al campo responde, en parte, a la falta de vigilancia policial. Escudero enfatiza lo que denomina el «efecto globo»: “Si se aprieta demasiado la seguridad en las ciudades, el crimen se desplaza a otros lugares menos resguardados. Y eso es lo que está pasando con el mundo rural”.
Asesinato de un matrimonio en Graneros
El asesinato del matrimonio conformado por Carolina Calleja (51) y Rodrigo González (63), ocurrido la madrugada del miércoles en Graneros, es una muestra del nivel de violencia que ha tomado fuerza en las comunas rurales de Chile y que, en el último año, ha puesto en vilo a sus comunidades.
Calleja llamó a Carabineros alrededor de las 3:30 horas, para reportar que estaban disparando hacia su hogar. Luego, según el registro telefónico, la mujer escuchó cómo rompían los ventanales para entrar a la vivienda. Salió de su escondite, pero lo que vio la afectó aún más: su marido estaba en el suelo. Más disparos. Calleja no respondió más a la operadora. Una hora más tarde, los uniformados dieron con el lugar y hallaron los cuerpos sin vida de la pareja.
Según Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), el número de víctimas fatales en zonas rurales ha ido en aumento. “Perdimos dos agricultores en Malloa, perdimos un agricultor en Casablanca, perdimos otro agricultor en Colchagua. En fin, hace muy pocos días en la Región de O’ Higgins aparece un hombre acribillado”, dijo en entrevista con Radio Agricultura el pasado jueves.
El horror en Hijuelas: golpes, amenazas de muerte y armas de fuego
Cuando ocurrió el asesinato de la pareja, José Miguel Errázuriz apenas se recuperaba de los golpes que él mismo recibió en el asalto a su casa, en la comuna de Hijuelas, en la Región de Valparaíso. El robo ocurrió esta misma semana, por suerte, el desenlace final fue distinto.
Durante la noche, un grupo -él cree que de seis delincuentes- ingresó a su vivienda con extrema violencia. Pasaban de las diez de la noche y Errázuriz ya se preparaba para dormir, hasta que escuchó unos ruidos. Se asomó a mirar y “un gallo se me tira encima y me dice: ‘Te pillamos, conche… Nosotros somos investigadores. No me mirís, mierda, no me mirís’. Te vamos a llevar preso por violador», relata a El Líbero. Pero prontamente quedó más que claro que los hombres no eran policías, sino todo lo contrario: querían robar.
Lo llevaron a su dormitorio, donde lo golpearon repetidamente (le rompieron la cabeza, probablemente con un cachazo) y le exigieron dinero. «Me pegaban, me tiraban contra la cama, que habían dado vuelta a los colchones, así que estaban los somieres al aire», contó. “¿Dónde está el oro?”, le gritaban ante su perplejidad. Dieron vuelta los posters de las paredes. “No sé qué pensaban encontrar ahí”, dice Errázuriz. El closet lo revisaron entero, vaciándolo por completo.
“Ahí descubrieron, dentro de mi closet, que yo tenía cuatro armas. Todas debidamente inscritas. Son más un recuerdo familiar, son armas muy viejas, que cuesta mucho encontrar municiones, así que no les van a servir mucho”, comenta la víctima, quien insiste en que nuevamente lo golpearon y afirma que él respondió de vuelta.
En medio del caos, lo apuntaron con uno de sus mismos fusiles y uno de los asaltantes gritó: «Mátenlo, hueón, de una vez por todas».
Errázuriz intentó mantenerse firme y respondió: «Mátenme nomás, mátenme, tengo un infarto, tengo cáncer, tengo dos meses de vida según el doctor, mátenme». Sin embargo, los delincuentes continuaron saqueando la casa, llevándose computadores, tarjetas bancarias, relojes, un celular y su vehículo. Agrega que lo primero que trataron de hacer fue sacarle la argolla de matrimonio, pero “gracias a Dios no salía la argolla”. También se llevaron unos anillos y aros de su esposa. Y más cosas que estaban en el closet que a la altura de esta conversación Errázuriz aún no logra cuantificar.
Después de lo que el hombre calcula fueron alrededor de 40 minutos, se fueron. Lo dejaron amarrado y sin ningún medio de comunicación. “Cuando logré desamarrarme, salí y no había nadie”. Gritó llamando a sus vecinos y con un teléfono prestado pudo notificar a Carabineros de lo sucedido.
“Los malos se están apoderando de este país y los buenos tenemos que escondernos. Esto está pasando en todas partes. Gracias a Dios, a mí no me pasó lo mismo que a los de Graneros. Esa pobre gente que está llorando la pena de la muerte de sus seres queridos. Pero uno está expuesto todo el día, en cualquier parte, en cualquier minuto, porque lo vemos todos los días”, reflexiona.
Errázuriz perdió la cuenta de los años que lleva en el campo. Dice que 40 o 50, pero es primera vez que pasa una situación como esta y sabe que no es el único: “Esa misma noche robaron cuatro o cinco casas en el sector”.
Drones y “espías” dentro de los predios
Uno de los métodos más inquietantes que están utilizando estas bandas es la vigilancia aérea con drones. “Observan la casa, qué tipo de casa tiene, qué tipo de vehículos tiene, a qué horas entra, a qué horas sale”, explicó Walker en la entrevista radial.
El fenómeno, que ya ha sido detectado en la Macrozona Sur, se ha extendido a diversas regiones agrícolas del país. “Son gente que tiene los medios, tiene la tecnología y están atacando con todo”, subraya Escudero.
Además, según testimonios de víctimas y conocedores de las zonas rurales, los delincuentes no solo analizan los predios desde el aire, sino que muchas veces cuentan con informantes dentro de los mismos fundos. “Hemos detectado casos de trabajadores activos o extrabajadores que colaboran con estas bandas criminales, entregando información sobre movimientos y horarios”, señala Francisco Muñoz, gerente de la ONG Campo Seguro.
“Lo que nos han transmitido los productores agropecuarios es que hay preparación de los delitos, hay vehículos sospechosos que se visualizan antes de cometer el delito y sin duda hay un estudio”, añade Muñoz.
Errázuriz no duda que en su caso los asaltantes hayan recibido información que lo puso como target: “Me hicieron un par de preguntas así como del trabajo diario. Y en un valle chico, infierno grande, dicen. La gente dice: ‘mira este señor que tiene una vaca, mira este otro señor que vendió un caballo’. En mi caso llegaron preguntando que ¿dónde tenía la plata? ¿dónde tenía el oro? El oro, la pregunta más ridícula que hay”.
Otra víctima, asaltada en Requínoa (Región de O’Higgins), que por seguridad prefiere el anonimato señala: “Yo apostaría que saben. Nada me dice que sí, pero nada me dice que no tampoco. Las investigaciones se están haciendo, la PDI está avanzando, pero nosotros en el fondo creemos que probablemente tienen que haber sabido. No creo que estos personajes entren aleatoriamente además a lugares que desconocen tanto. Tienen que haber estudiado el lugar. Nosotros estamos en la mitad de un campo. No fue una cosa de oportunidad. Aquí la gente tiene que haber estudiado tu casa a través de Google Maps, a través de Waze. La casa de la pareja de Graneros también estaba a mitad de la nada”.
Patricio Crespo, expresidente de la SNA, coincide. Él está en la comuna de Chépica (Región de O’Higgins) y cuenta que también ha visto hombres en actitud extraña merodeando cerca de su casa. “Entró a la llavería a mirar, y yo le digo: ‘¿usted qué anda haciendo?’. ‘No, estaba viendo si había cosas viejas para comprar’. Y después el mismo tipo fue más arriba, donde tengo una planta a lo mismo. ¿En qué anda? Mirando el sistema de seguridad que hay, las opciones de escalar. Preparando el terreno”, advierte Crespo.
La noche de terror en Requínoa: ocho hombres armados y ocho jóvenes aterrorizados
En enero, una familia en Requínoa, en la Región de O’Higgins, sufrió un asalto cuando los padres asistían a un compromiso y hermanos y primos quedaron al cuidado de la mayor, de 21 años. Eran ella y siete menores de edad, con edades que iban desde los 6 hasta los 16 años.
A la medianoche, ocho hombres vestidos de negro irrumpieron en la vivienda, armados con pistolas, cuchillos y martillos. Entraron con violencia extrema, rompiendo ventanales y generando un estruendo que hizo pensar a la joven que estaban disparando. «Ella se despertó pensando que estaban disparando hacia la casa, porque estaban con los martillos rompiendo los ventanales», relata la madre de familia a El Líbero.
La hija mayor logró refugiarse en los dormitorios de los niños antes de que los delincuentes ingresaran. «Estuvieron una hora y media dentro de mi casa, destruyeron mi casa. Se llevaron todo», lamenta. «En mi casa encontramos un casquillo de bala, pero no sabemos dónde impactó”.
En su caso también dieron vuelta todo, levantaron colchones y no quedó mueble sin destruir. “No sé realmente en la imaginación de estos personajes lo que buscan. Lo que creen que uno tiene de tanto valor. Mi hija me dice que ella cree que estaban drogados. Eran todos chilenos, para que nos demos cuenta que la violencia no es solamente una práctica importada”, dice.
Con la entrada de los asaltantes, una de las niñas “se despertó media perdida, entonces salió corriendo como tratando de escaparse, y entonces uno de los personajes la agarró por el cuello y la llevó de vuelta a donde uno a uno los habían amarrado a todos. Pero lo que dice mi hija mayor es que si bien tenía el vocabulario muy violento, nunca le pegaron a nadie”. Lo que sí hacían era jugar con las pistolas mientras saqueaban la casa. “Estaban todos aterrados de que se les escapara una bala”.
Finalmente, los delincuentes dejaron a los niños atados, les dijeron que tenían que esperar media hora antes de intentar desatarse y en su escape destruyeron los dispositivos electrónicos de la casa, arrojándolos a la piscina. Un niño de nueve años logró desatarse y liberar al resto, permitiendo que la hermana mayor llamara a sus padres, con uno de los celulares que logró funcionar.
“Estos personajes lo que te roban es el vivir en paz, es establecer relaciones de confianza con las personas con las que uno trabaja, a las que uno ve. Te quiebran por dentro. Y creo que ese es el robo más grande que hoy día está viviendo esta sociedad”, reflexiona la madre. “Creo que ellos entraron rompiendo ventanales solamente como una técnica para amedrentar porque en el fondo a mi casa tú podrías entrar por cualquier ventana, sin romperlo, porque yo duermo con todo abierto”.
El terror de los asaltos: violencia extrema y armas de guerra
Los testimonios dan cuenta de que las bandas criminales que operan en el campo no solo buscan robar bienes, sino que lo hacen con un nivel de violencia inédito. En el caso de Graneros, el nivel de violencia escaló aún más. Los delincuentes asesinaron a sangre fría a un matrimonio de agricultores en su hogar. “El modus operandi ya cambió. Hoy día la violencia cambió. Antes los robos eran lugares no habitados, pero hoy día la manera de actuar de la delincuencia es lo que nos ha llevado a tanta preocupación. Llegan y disparan a quemarropa, no les importa matar a dos personas para robar. De verdad es muy preocupante”, sostiene Escudero.
Para el expresidente de la SNA, Patricio Crespo, “eso no es propio de nuestra histórica y tradicional delincuencia. No se veían estas cosas en Chile hace 60, 70 años. Obedece a un nuevo patrón que está asociado a la anomia de este país. Hay complejos de parte de la autoridad de aplicar las normas que lo amparan para imponer orden público. Después se ha visto que sacar adelante las leyes que facultan que la policía tenga mejor y más respaldo institucional ha costado años. Durante el gobierno anterior no hicieron ningún aporte y ahora, que se han visto forzados, van de a poco, pero en definitiva, uno ve que las fuerzas de orden están totalmente superadas”.
“Nosotros fuimos a ver al general director de Carabineros y hay comunas rurales que tienen un solo retén. ¿Cómo vamos a enfrentar esto así?”, critica Escudero.
La falta de policías ha sido un problema recurrente. Según Crespo, la dotación policial en varias comunas ha disminuido drásticamente. “Antes en Chépica teníamos 15 o 16 carabineros, que hacían rondas. Hoy hay cuatro o cinco. Los delincuentes saben que no hay vigilancia y atacan sectores apartados”, explica.
Francisco Muñoz, gerente de Campo Seguro, advierte que la legislación tampoco está a la altura del problema. “Estamos pidiendo que el abigeato sea considerado delito de asociación ilícita, para que se persiga con mayor fuerza. Además, el Estado siempre reacciona tarde. En 2023 no se reconocía la presencia de bandas criminales extranjeras en Chile y luego tuvieron que aceptarlo. Lo mismo pasó con los actos terroristas. El crimen organizado se mueve más rápido que la respuesta estatal”, afirma.
Robo de camiones: la carga de cerezas desaparecida
El crimen organizado también ha golpeado al transporte de carga agrícola. Uno de los casos más llamativos ocurrió con un contenedor de cerezas que, tras ser cargado y sellado en su punto de origen, desapareció antes de llegar a destino.
Walker narra en La Segunda cómo el contenedor llegó a China completamente vacío. “En diciembre que llegó la fruta al packing, se procesó con tecnología robótica, se cargó el container, cosa que muestran las cámaras. Llegó el SAG y lo selló. Se despacha el camión. 4.400 cajas de cerezas premium; $245 millones. Se va al puerto. Se carga el barco y se descarga en China. Abren el container y no había nada; se robaron la carga entre el centro de embalaje y el puerto. Como atrás está sellado, sacan los pernos y abren el container por delante. Estaba coludido el chofer y alguien del puerto, supongo. Es una mafia. No es un caso aislado. Está empezando a suceder”.
También hay casos en los que el chofer no está coludido, sino que se roban el camión y secuestran al chofer, algo que ya se ve en el sur, con la industria salmonera.
Este accionar se nota más en época de cosecha por la cantidad de dinero en efectivo que circula. En 2024 las exportaciones producto de la agricultura alcanzaron los 13.500 millones de dólares. “Chile exportó 100 mil millones de dólares. De esos, 31 mil millones de dólares fueron en cinco sectores bioproductores: agrícola, pecuario, forestal, acuícola y pesquero”, dijo Walker al diario.
Narcotráfico encubierto y pago con droga
Otro fenómeno que ha crecido en el mundo rural es la infiltración del narcotráfico bajo la fachada de actividades agrícolas. En varias zonas, delincuentes se han hecho pasar por agricultores, dueños de garajes o transportistas para blanquear sus operaciones. “Hasta hace poco nos reíamos porque decíamos ‘se fueron al campo, pero no ejercen la profesión’. Ahora vemos que han instalado negocios de maquinaria, de áridos o incluso de agricultura solo como pantalla”, cuenta Escudero.
Escudero indica que hace poco hubo un caso en Lampa o en Colina en el que el narcotraficante se hizo pasar como agricultor y cuando lo detuvieron resultó que hasta participaba del Club de Huasos.
Una situación en Coquimbo refleja la magnitud del problema. Walker aseguró que en esa región se ha documentado el pago de jornales con droga. Expuso que una mujer temporera después de haber trabajado en algunas hileras de hortalizas “se encontró con un narcotraficante que se blanqueaba como agricultor y cuando ella va a cobrar, el narcotraficante le ofrece y le dice ‘yo le pago su remuneración con droga porque además esto equivale a tres veces el sueldo que podría haber usted obtenido’”.
Frente a esta escalada del crimen en zonas rurales, agricultores y autoridades locales han exigido medidas concretas. Jaime Escudero, también alcalde de Pirque, enfatiza la necesidad de fortalecer la dotación policial en el campo y mejorar la tecnología de vigilancia. «Las comunas rurales tienen grandes extensiones de terreno con pocos habitantes, lo que dificulta una respuesta rápida. Necesitamos más patrullaje y herramientas de prevención como cámaras de seguridad y mejor iluminación«, afirmó.
Las víctimas de estos delitos coinciden en que el Estado debe actuar con urgencia para frenar la expansión del crimen organizado en el campo antes de que la situación sea aún más incontrolable.


Muy lamentable y solidarizo y simpatizo con tanto horror. Pero, amigos, no esperen NADA de aquí a marzo 2026, este gobierno es el problema, no la solución, y todo dependerá que elijamos bien a próximo pdte o pdta y gobierno. Es tal el estado de anomia, que viene desde 2014, que recuperar el estado de derecho, tendrá que ser mediante su IMPOSICION POR MEDIO DE LA FUERZA DEL ESTADO. Mientras tanto, recomiendo humildemente medidas de seguridad. A los exportadores o negocios en Chile, no todos los ingresos deben ser utilidad, invertir un poquito en seguridad y continuidad del negocio, GPS, cámaras, vehículos escolta, drones, guías de despacho, me imagino que un contenedor vacío y cargado pesan bien distinto……, soldar pernos contenedores, un encargado de seguridad…
A los amigos residentes rurales y semi rurales fuera de condominios, estamos en guerra, seamos consecuentes. Cercos, dientes de tiburón, alambres de púa, cámaras, sensores de movimiento, luces con sensores, perros vigilantes, vigilantes, alarmas de pitos, campanas, coordinación con vecinos, teléfonos cuadrante, hileras de tarros con cordeles para que suenen al ser traspadados , protecciones de fierro ventanales, no hablar mucho, ojo con maestros, alarmas sonoras, tener algún arma y defenderse desde el INTERIOR, tener una pieza fuerte de escondite final. Celular con teléfonos predeterminados de alarma con una sola marcacion. Muchas otras que vuestro ingenio os aconseje.