03 DE OCTUBRE DE 2021/SANTIAGO Nueva pelota Adidas en juego, durante el partido valido por la VigŽsimo Cuarta fecha del Campeonato Nacional AFP PlanVital 2021, entre Palestino y Colo Colo, disputado en el Estadio Municipal de La Cisterna. FOTO: SEBASTIAN ORIA/AGENCIAUNO

Son 21 los mundiales que se han disputado; desde 1930 en Uruguay al del 2018 en Rusia. En cada uno se ha buscado elegir al mejor jugador del momento. Esto se observa principalmente después del mundial de Brasil de 1950, con el mítico resultado post Maracanazo.

Es un tema de conversación y de discusión, una polémica infinita. En lo particular, tengo un vago recuerdo de los mundiales de 1958 y de Chile en 1962. Ya por esos tiempos se discutía de la jerarquía del argentino Alfredo Di Stefano, apodado “La Saeta Rubia”, ya consagrado en el Real Madrid donde en 10 años (1954-1964) lo ganó todo: ocho campeonatos de Liga y cinco Champions consecutivas.

Di Stefano era por esos años era el Top One sin discusión. No recuerdo a quién destronó. Se habla de Ferenc Puskás, su contemporáneo, que tiene un récord hasta hoy inalcanzable: disputó 719 partidos, convirtiendo 709 goles, casi uno por encuentro. Tuve la suerte de conocerlo y enfrentarlo en un partido amistoso entre periodistas deportivos y técnicos cuando el húngaro dirigió técnicamente a Colo Colo el año 1977. A esa justa deportiva fui invitado por Víctor Eduardo “Cañón” Alonso, y del resultado mejor no acordarse; Puskás, con más de 50 años y un exagerado sobrepeso, literalmente nos pintó la cara.

En el año 1958, en el Mundial de Suecia, aparece el brasileño Edson Arantes Do Nacimiento, Pelé, debutante con solo 17 años. Jugó cuatro encuentros y convirtió seis goles y desde ese momento empieza la inevitable comparación con Alfredo Di Stefano. En el año 1970, en el Mundial de México, Pelé ratifica con una soberbia actuación con la obtención del título para Brasil.

El reinado de Pelé transita desde 1962 a 1978, hasta que en Buenos Aires aparece en 1976, en el club Argentinos Juniors, un jugador llamado Diego Armando Maradona. En esa época yo vivía en la capital argentina y mi trabajo quedaba a cinco cuadras de la cancha de Argentinos Juniors, en el barrio de Devoto, y del 77 al 80 tuve oportunidad de ver al “Pelusa” en una treintena de veces. Les puedo asegurar que era un jugador mágico y su sola presencia en el campo de juego llenaba la cancha y las tribunas. Más de diez jugadas de excepción por partido.

Maradona ocupa el cetro Mundial hasta el 2004. Ya había dejado de jugar el año 1998, pero su aura futbolística se mantenía intacta y sin contrapeso, salvo el de los aficionados mayores, que algo habían visto de Di Stefano y de Pelé y no admitían comparación posible. Precisamente fue este año y en Barcelona que “despunta” Lionel Messi, debutando en el Barca con apenas 16 años. Inmediatamente el radar futbolístico mundial fija sus antenas en Cataluña y al poco andar lo nombran como el D10S, apodo un poco desubicado, pero algo dice para los fanáticos catalanes.

Di Stefano, Pelé, Maradona ya escribieron su historia y los números están ahí. Lio Messi la continúa escribiendo y aunque sea en francés, las cifras estadísticas en partidos y goles las seguirá engrosando. Estos cuatro futbolistas sudamericanos son de características y “talentos” distintos, pero nadie podrá discutir que fueron y son unos fenómenos y que las opiniones respecto a ellos no tendrán fin.

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