La semana pasada, la subcomisión de Estructura y Funcionamiento de la Comisión de Reglamento de la Convención Constitucional aprobó omitir el término “República de Chile” en lo que sería el artículo 2° del Reglamento, que precisamente fija parte del mandato de la Convención: proponerle al pueblo una nueva constitución para Chile. Se argumentó que el concepto de “República” aludía a una idea de un Estado-Nación que excluía la idea que sería planteada en el futuro sobre la plurinacionalidad.

Se trata de una confusión conceptual mayor, profundamente contraria a lo que nos ha dicho el constitucionalismo en Chile y en el mundo. En efecto, la voz “República” debe entenderse como alternativa a la monarquía, es decir alude a la idea de cómo el Estado se organiza políticamente, ya sea teniendo como su jefe máximo a un rey o reina, o bien a la figura de un presidente. Es lo que escogió Chile al momento de independizarse del dominio español.

El concepto “Nación”, por su parte, alude a la unión de un pueblo, con una historia, características y territorio común. Así, un Estado puede constituirse bajo una misma nación, como también dentro de un Estado pueden convivir distintas naciones, en cuyo caso se habla de plurinacionalidad. De este modo, pueden existir repúblicas asociadas a una nación, o aquellas plurinacionales; así como monarquías de una nación o plurinacionales.

El mandato que tiene la Convención tiene ciertas limitaciones, bajo las cuales nosotros (el pueblo en quien reside el poder constituyente) delegamos a nuestros representantes (los convencionales) la tarea de proponernos un texto de nueva Constitución. Una de tales limitaciones ineludibles se encuentra contenida en el artículo 135 inciso 4°, que parte diciendo que “El texto de Nueva Constitución que se someta a plebiscito deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile”. Lo que se establece ahí es una decisión previa al proceso en el cual Chile continuará siendo una república y no una monarquía. ¿Por qué darle un sentido distinto a un concepto constitucional tan bien plasmado en el constitucionalismo?

Hablemos de la posibilidad de establecer un estado plurinacional. Hay que aclarar que no es materia del debate del Reglamento, sino que deberá ser discutido en la redacción misma del texto constitucional. Pero ¿es posible configurar un estado plurinacional compatible con la nación chilena? ¿Podría la República de Chile incluir más de una nación? La respuesta es que sí, en la medida que así se acuerde, y naturalmente exista una intención de una diversidad en la unidad.

La redacción de la Constitución española es un buen ejemplo de ello. El artículo 2° de dicha Carta Política declara que “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ella”. Se trata de una redacción que en su momento fue acordada tras un intenso debate, en lo que se denominó el “café para todos”. 

Pero, sin perjuicio de que en España las naciones no existían por pueblos originarios, sino reinos que se unieron bajo el mismo techo español, vemos algunas características de este proceso. Primero, contiene una identidad aglutinadora que es España. Segundo, se ofrece un camino de autonomía, siempre dentro de tal unidad. Tercero, se establece un deber de solidaridad, que se traduce, entre otras materias, a que exista un desarrollo equitativo a nivel territorial. En suma, se puede apreciar cómo España no renunció a su unidad, pero permitió progresivamente la diversidad, sin siquiera establecer cuáles serían las naciones y nacionalidades, sino simplemente dejando que cada entidad territorial adquiriera una progresiva autonomía.

La subcomisión de Reglamento referida, en consecuencia, confunde conceptos constitucionales, desconociendo además los propios límites de la Convención (artículo 135 inc. 4°). Todo ello tampoco abona la discusión sobre el posible carácter plurinacional de la República de Chile. Concuerdo con la conveniencia de reconocer la plurinacionalidad en el futuro texto, pero ello requiere de una adecuada comprensión de los elementos básicos del Estado, y naturalmente de las consecuencias de descentralización política, administrativa, y eventualmente legislativa que se desarrolle en la futura Constitución.

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