Luego de una accidentada instalación, la Convención Constitucional parece estar entrando en ‘tierra derecha’, con sesiones plenarias y de las comisiones provisorias que se establecieron. Entre las últimas, destaca el trabajo de la Comisión de Reglamento, que tiene la crucial tarea de presentar a consideración del Pleno de la Convención una propuesta de Reglamento, pieza clave que organizará la discusión y adopción del texto de nueva Constitución a ser presentado a consideración del electorado en el plebiscito ratificatorio.

Observando este primer mes de funcionamiento de la Convención aparece claro que el poder constituyente derivado -que instaló el proceso en curso, por medio de la reforma constitucional de diciembre de 2019- pudo haber previsto las dificultades que involucraría el ser tan escueto al regular su instalación (estableciendo sólo cuándo se produciría ésta, el que debía elegirse un presidente y vicepresidente y el que debe instalarse una Secretaría Técnica). En efecto, el constituyente derivado pudo haber establecido que, hasta no se aprobara el Reglamento definitivo, regirían en lo que respecta a la organización del debate las normas que utilizan la Cámara de Diputados o el Senado, lo que habría evitado las acusaciones de parcialidad de la Mesa de la Convención en el otorgamiento del uso de la palabra a los convencionales constituyentes.

De hecho, la inexistencia de normas que regulen el debate al interior del Pleno ha dado lugar a quejas por parte de convencionales constituyentes de derecha y centroderecha, que sienten que la Mesa de la Convención no les ha otorgado la palabra en proporción al número de constituyentes con que cuenta. Sin perjuicio de que esta acusación ha sido desestimada por un estudio del Proyecto Contexto (consorcio que reúne a la Universidad Diego Portales, a Espacio Público, al Observatorio Ciudadano y a la Corporación Humanas), que concluyó que “en las primeras 15 sesiones de debates realizadas entre el 7 y 15 de Julio, se muestra que salvo el ámbito geográfico (Región Metropolitana/Regiones), en todo el resto existe una distribución bastante equilibrada de uso de la palabra, lográndose el objetivo de capturar la diversidad presente en la sala”, la inexistencia de normas que regulen la organización del debate en la Convención ha contribuido a la percepción (aunque sea injustificada) de arbitrariedad por parte de la Mesa a la hora de dar la palabra entre algunos convencionales conservadores.

Es de esperar que, con la adopción del Reglamento de la Convención esta fuente de conflictos desaparezca, aunque no debe descartarse que, sin importar cuán sensatas sean las normas que se adopten, siempre haya individuos que encuentren motivos para crispar el ambiente al interior de la Convención. Eso es parte de todo proceso en que están en juego cuestiones cruciales. 

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