Emulando el Evangelio, se podría decir que las palabras del arzobispo de Santiago Fernando Chomali, en el Te Deum del 18 de septiembre, habrían caído en terreno fértil.
Su llamado a un «gran acuerdo nacional» para enfrentar los temas de seguridad y corrupción fueron valoradas por el Poder Legislativo y y el Poder Ejecutivo. De hecho, el Presidente Boric, señaló: «El obispo Chomali dio un muy buen discurso y que comparto prácticamente en su plenitud, en especial en los ejes en que abordó las preocupaciones que tenemos respecto de Chile. (…) «Este es un momento en el que los chilenos nos quieren ver a todos unidos».
En concreto, las palabras de Chomali, fueron: «Invito y exhorto a que se piense en la posibilidad de un gran acuerdo nacional donde todos quienes tenemos responsabilidades en el país -públicas y privadas- nos escuchemos y dialoguemos. La seguridad no es un tema meramente político, sino que es también ético, anterior a cualquier otro asunto. No puede ser una moneda de cambio para ser negociada por una ley u otra concesión. No hay desarrollo posible, ni una auténtica democracia en un país violento y con gérmenes de corrupción».
En entrevista con El Líbero, el arzobispo profundiza el mensaje que entregó en el Te Deum.
-¿Por qué decide hacer este llamado para que la clase política reflexione para que se comprometa a un acuerdo?
-No veo otra forma de salir de la crisis que estamos viviendo. Sin acuerdos amplios, generosos, magnánimos no hay posibilidad alguna de centrarnos todos en los temas que nos inquietan como chilenos, independiente de la postura política que se tenga.
-¿Qué es lo que lo motivó concretamente?
-Me motivaron las conversaciones que he tenido con muchos dirigentes de partidos políticos estos meses. Todos me han hecho ver que la Iglesia ha hecho un gran aporte en momentos difíciles de la historia de Chile. Además, muchos de ellos, se declaran católicos. No hay nada más católico que dialogar, buscar lo bueno, lo justo y lo verdadero, incluso entre quienes piensan distinto.
-¿Ve esa necesidad de acuerdo más fuerte que otros años?
-Así es, el desánimo generalizado de la sociedad debido a la sensación de indefensión que experimentan a diario es inmenso. Eso se resuelve con medidas políticas porque implica actuar para revertir la situación a nivel legislativo y a nivel del Ejecutivo.
–¿Qué le dice la gente con la que usted habla? ¿Esperan esa actitud de la clase política? ¿O ve más un desencanto?
-Es una lástima que la política esté tan desprestigiada. Ello es nefasto para la construcción de una sociedad democrática.
-¿Cómo es su relación concreta con la política?
-A través de encuentros personales donde se conversa con mucha hondura y mucho respeto, sin fotos, publicidad y nada que se le parezca. Fue significativo el encuentro que tuvimos con precandidatos a las elecciones de octubre en el Arzobispado. No se restó ningún partido político. Estaban agradecido del encuentro y del formato. El lema era claro: mirémonos a los ojos, es mucho lo que nos une y estamos todos en el mismo barco, la humanidad común y el anhelo de servir.
-Más de una vez la Iglesia llama a que existan gestos de unidad, ¿cree que hoy es más importante? ¿Cree que será escuchado?
-Creo que seré escuchado porque el mensaje del Evangelio es muy potente y muy atingente en estos tiempos de tanta dispersión y de violencia bajo todas sus formas.
-Antes del Te Deum ¿tanteó si había «agua en la piscina» para que la clase política acepte reflexionar sobre este punto?
-Yo pienso que no habrá otra posibilidad porque a la crisis de seguridad, que es gravísima, se le está sumando una crisis económica de proporciones.
-¿Conversó con autoridades, dirigentes políticos?
-Este tema no, yo no soy un activista político ni un lobista, sólo les hago ver que está disponible la Iglesia para colaborar en lo que estimen pertinente para tener un proyecto común, al menos en lo que a seguridad se refiere. Es un tema que atañe a toda la sociedad, Pero lo más grave es que los más perjudicados son los jóvenes.
Chomali: «Hay una gran desafección con las autoridades»
-En el tema de la corrupción. ¿Ve que existe un peligro ante una posible caída de instituciones, antes firmes?
-Pero eso se está viendo. Es muy doloroso ver a quienes tienen que perseguir delitos y administrar justicia cuestionados. También genera mucho dolor que quienes han tenido acceso a carreras profesionales de excelencia hayan usado su poder para beneficiarse. Eso clama al cielo, además que confirma que vivimos en la cultura del “amiguismo, la pitutocracia”. Ello debilita la democracia. Y eso es grave.
-Uno de los temas centrales que usted aborda es la seguridad. Claramente estamos enfrentando una crisis que se ve todos los días, pero ¿hay algo gatillante en su decisión de profundizar en ese tema?
-Obviamente que sí. Cuestiona el sistema educativo chileno, cuestiona las políticas migratorias, cuestiona la cultura de la violencia que se ha ido enquistando a todo nivel.
-¿El estallido jugó un rol en este punto, cuando hubo un descrédito de las policías?
-Pienso que el estallido social mostró la peor cara de un grupo de personas que no tienen ni ley ni Dios y que pululan en todos los estamentos de la sociedad. Pero también mostró una desafección muy grande con quienes tienen responsabilidades políticas.
-¿Se nutrió de algunas experiencias en particular de algunas iglesias, parroquias de zonas más complejas?
-Soy un ciudadano que viaja en Metro, en bus, que conversa con la gente. Sobre todo, en las parroquias y en los lugares donde estamos presentes. Hay una gran desafección con las autoridades. Tienen la impresión de que hacen poco o nada por ellos. Perciben que los temas que los aquejan se agravan cada vez más y no tienen a quién recurrir.
«Asociar extranjero a criminalidad es un prejuicio, es un error y una injusticia»
-También se refiere usted a los jóvenes, a la soledad. ¿Es un tema prioritario en su arzobispado? ¿Están acercándose a los jóvenes?
-Hice un estudio sobre los jóvenes hace algunos años. Tienen un gran anhelo de estudiar, de formar una familia. Pero perciben que no lo van a lograr. Eso los frustra mucho. Valoran mucho su familia y les duele cuando está en problemas. Nosotros tenemos una pastoral juvenil y educacional que hace esfuerzos inmensos por acercarlos a Cristo, ayudarles a que le encuentren sentido a su vida y sobre todo a tener esperanza. Logramos convocar a muchos jóvenes en las peregrinaciones. Anualmente se confirman miles de jóvenes. Ellos son nuestra esperanza. Y obviamente tratamos de darles la mejor educación en nuestra red de colegios y universidades. Los voluntariados, gracias a los jóvenes, gozan de muy buena salud y reputación.
-Sobre la inmigración, ¿cómo aborda a diario este tema en particular usted? ¿Qué rol cumplen los inmigrantes hoy en la Iglesia Católica en Chile?
-Nosotros tenemos una red con muchas instituciones para apoyar a los migrantes en todo lo que se pueda. Se sienten valorados y queridos. Las comunidades católicas y evangélicas tienen muchos migrantes que han traído su fe a Chile. La conferencia episcopal escribió un documento al respecto y que fue bien valorado. Es un tema de humanidad que tiene que abordarse adecuadamente. Y por supuesto, nunca generalizar. La inmensa mayoría de los migrantes prestan un servicio extraordinario a Chile.
-¿Cómo poder congeniar eso con cierto rechazo que producen hechos como bandas criminales que también han ingresado al país?
-La delincuencia tiene que ser abordada en su mérito con todo el rigor de la ley en un país donde rige el estado de derecho. Pero asociar extranjero a criminalidad es un prejuicio, es un error y una injusticia. No nos gustaría que nos trataran de ladrones a los chilenos cuando vemos cómo día a día atrapan a connacionales robando en muchos países del mundo. El otro día detuvieron a dos en Japón. Es sabido la mala fama que tienen en Europa y Estados Unidos.


Con todo el respeto que el Arzobispo de Santiago merece, considero que este llamado a enfrentar los «gérmenes de corrupción» podría abordarse de manera más clara y directa. El término utilizado, «gérmenes», sugiere la idea de una epidemia que afecta a la sociedad de manera abstracta, cuando en realidad, no estamos frente a una enfermedad desconocida, sino ante prácticas específicas de corrupción que involucran a personas e instituciones bien definidas.
Creo, puedo estar equivocado, que una autoridad como el Arzobispo Chomalí, ante la gravedad de lo que sucede en Chile, debiera dejar de lado los eufemismos y ser muy directo.
Los responsables de lo que hoy sucede en Chile, como personas, instituciones y organizaciones, están claramente identificadas y es a ellas, a quienes debemos hablarle claro, fuerte y directo:
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