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Publicado el 22 de septiembre, 2015

Analista argentino experto en Bergoglio: “Francisco apuesta a una evolución y no a un cambio abrupto en Cuba»

Autor:

Uziel Gomez

Carlos Pagni, columnista de La Nación de Buenos Aires y El País de España, sostiene que Francisco viajó a la isla para "reconocer a la criatura", es decir, cerrar la operación diplomática entre Cuba y EE.UU., y negociar más libertad religiosa en el régimen de los hermanos Castro.
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Uziel Gomez

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Hoy concluyó la visita de tres días  del Papa Francisco a Cuba, en que realizó misas en las plazas de la revolución de las ciudades La Habana y Holguín, tuvo diferentes actividades religiosas, visitó a Fidel Castro y su señora, hijos y nietos en su residencia particular, se reunió con el gobernante Raúl Castro, pero evitó recibir a los disidentes, de los cuales medio centenar fueron detenidos para evitar que asistieran a las ceremonias públicas del Pontífice.

Esta situación ha llevado a algunos periodistas europeos que cubren el viaje papal a señalar que “sus únicos gestos de afecto han sido para los hermanos Castro. Ni una frase de respaldo o comprensión para quienes, durante más de medio siglo, han sido perseguidos por oponerse al régimen”, como escribió el enviado especial del diario El País de España.

Para comprender la dimensión política y religiosa de este tercer viaje papal en  17 años a Cuba (antes fueron Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en 2012), “El Líbero” conversó con Carlos Pagni, columnista argentino de los diarios La Nación de Buenos Aires y El País, y gran conocedor de Mario Bergoglio desde sus tiempos de Arzobispo de la capital argentina.

-¿Cuál es su opinión en general sobre la visita del Papa a Cuba?

-La visitaCarlos Pagni, columnista tiene dos significados. El más inmediato es ir a «reconocer a la criatura». Es decir, cerrar la operación diplomática por la cual el Vaticano prestó un marco a la reanudación de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. El segundo significado es de más larga duración: el Papado ha prestado especial atención a Cuba por tratarse de una sociedad con gran predominio católico, similar a la de los demás países de América latina, pero donde la libertad religiosa está, si no suprimida, muy restringida. En este sentido, el viaje de Francisco se inscribe en una continuidad con los de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

-¿Qué opina sobre su agenda y los discursos pronunciados?

-Reiteran con variaciones lo que expresaron sus antecesores. Y él mismo, en un libro publicado en 1998, Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro, en el que analizó con mucho detalle la visita de Wojtyla a La Habana. Ese libro es un antecedente imprescindible para entender este viaje. El centro del mensaje es una repetición de la doctrina social de la Iglesia acerca de la perversión de los regímenes que pretenden utilizar a la persona como instrumento de una ideología, o subsumirla en una clase.

-El vocero del Vaticano dijo que el Papa no se reunirá con los disidentes. ¿Qué le parece esa decisión?

– El sábado hubo tres disidentes que fueron invitadas a una reunión con el Papa en la Nunciatura, a la que no pudieron asistir porque fueron detenidas al salir hacia el encuentro.  El propio Francisco dijo en su primer discurso que saludaba a «aquéllos a los que por distintas razones no podré ver» y «a los cubanos dispersos por el mundo», lo que incluye a disidentes, presos políticos y exiliados. Tal vez esa restricción se entienda mejor a la luz de dos datos. El primero, que además de líder religioso, el Papa es un jefe de Estado que está, por eso, sometido a limitaciones diplomáticas respecto de los problemas internos de los países que visita. De hecho, a Venezuela, donde hoy sería imposible llegar sin formular una censura por la persecución del Estado a los opositores del régimen, ha decidido no viajar. Y los obispos venezolanos se encargaron de decir que no lo haría mientras hubiera presos políticos, lo que algunos críticos de Bergoglio ven como una contradicción con el viaje a Cuba. El segundo dato es que la Iglesia, y sobre todo este Papa, apuestan a que la liberalización política será una consecuencia inevitable de la liberalización religiosa. Y tal vez supongan, no lo sé, que la liberalización religiosa no se alcanzará sin resignarse al comienzo al autoritarismo político.

-¿Considera que el Papa debió incluir algún llamado a la apertura del régimen?

-Contesto en la línea de la respuesta anterior. Ese llamado está implícito en la condena al ideologismo. Pero sospecho que no pasará de ahí, por temor a malograr el proceso de recomposición con los Estados Unidos que la misma Santa Sede ha amparado e impulsado. Benedicto XVI aclaró que la Iglesia no tiene como misión cambiar gobiernos. Y creo que Francisco tiene la misma visión. Apuesta a una evolución y no a un cambio abrupto. Lo cual implica un costo para él ante una parte de la opinión pública. Tal vez para entender mejor su política convenga leer la introducción a uno de sus libros predilectos: «La estrategia de la aproximación indirecta», de Liddell Hart. Dicho esto, hay que tomar nota de que el Nuncio en Cuba, Bruno Musaró, ha sido severísimo con el régimen castrista en los últimos tiempos, aun en medio de las negociaciones con los Estados Unidos.

-¿Qué similitudes y diferencias observa entre esta visita y las dos anteriores de Juan Pablo II y Benedicto XVI?

-No encuentro diferencias importantes. La visita de Francisco fue preparada por el cardenal Beniamino Stella, que era el Nuncio en La Habana durante la visita de Juan Pablo II. Tal vez Juan Pablo II fue más explícito sobre el totalitarismo del régimen cuando pidió «que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba».

-¿Cómo cree que podría utilizar políticamente el régimen de los Castro la visita del Papa, en términos de política interna y externa?

-También ellos exhiben una continuidad en su conducta. Cada vez que los Castro se vieron ante el precipicio, por el colapso de la Unión Soviética o por el colapso de la economía venezolana, apelaron a la Iglesia para buscar una salida. No en vano ambos fueron formados por jesuitas como Bergoglio.

-¿Por qué el Vaticano tiene tanto interés en Cuba? En menos de 18 años han ido tres Papas…

-Porque es el único país en América Latina, que es una región estratégica para la Iglesia, en la que la libertad religiosa ha sido reducida casi a cero. Un ejemplo: la visita de Francisco permitió que la TV cubana entrevistara a un prelado, el cardenal Jaime Ortega, por primera vez en 60 años.

-Francisco es el primer Papa latinoamericano. ¿Qué incidencia podría tener ese aspecto en su visita a Cuba? 

-El problema cubano es un problema de larga duración. A pesar de eso, la influencia puede ser bastante. El Papa constituyó una Secretaría de Estado latinoamericanista. El secretario de Estado, el cardenal Parolin, fue antes Nuncio en Caracas. Y varios de sus colaboradores cumplieron funciones diplomáticas en la isla.

 

 

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