Actualidad Informativa es presentado por:
Publicado el 26 de octubre, 2014

Ampuero llama a la izquierda chilena a reflexionar sobre la idealización del estatismo

Autor:

Renato Gaggero

“Detrás del Muro” relata su experiencia en la ex RDA. El escritor cuestiona a los chilenos que no condenaron al régimen de Honecker.
Autor:

Renato Gaggero

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Roberto Ampuero dedicó su discurso el martes pasado en la Universidad Finis Terrae a Peter Fechter, obrero de 18 años y primera persona abatida a tiros en el Muro de Berlín, el 17 de agosto 1962, y al mesero Chris Gueffroy, de 20 años, última persona en ser abatida en el Muro de Berlín por guardias germano-orientales, el 6 de febrero de 1989.

Recordó también en sus palabras “a los amigos cubanos que me abrieron los ojos con respecto a una dictadura totalitaria… que este año cumplió 55 años. Recuerdo especialmente a aquellos que nacieron, maduraron y murieron sin conocer la libertad ni la democracia”.

Y también, citando a Silvio Rodríguez (“soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad”), quiso hacer especial mención a quienes con él vivieron tras el Muro: “Pienso también en mis amigos de la desaparecida DDR que, en la confianza que fuimos tejiendo en los nevados crepúsculos invernales de Berlín Este… Mis ideales comunistas de juventud me motivaban y enorgullecían a comienzos de los 70, a ellos, sin embargo, les pasaron la cuenta en la vida real: vivieron hasta el 9 de noviembre de 1989 sin libertad, sin democracia, sin derecho a cruzar la frontera que estaba en la otra esquina de Berlín”.

Las palabras de Ampuero, describiendo una experiencia que calificó de “dura y triste” tras el Muro, impactaron no sólo por la emoción de su relato sino por una serie de mensajes políticos potentes. El mismo escritor reconoció que parte del valor de su nuevo libro es que “habla del pasado desde la perspectiva del presente, pero sin ignorar la actual discusión de futuro en Chile”.

Así, trasladó el conflicto ético que hay tras el Muro de Berlín a nuestro país: “Muro chileno porque, viviendo allí, el exilio chileno o, al menos, los partidos de la izquierda chilena, lo justificaron, defendieron o bien –hasta el día de hoy- guardaron silencio, eludieron el tema o celebran hoy las bondades de un sistema supuestamente ideal que necesitaba de muro, alambradas, campos minados, perros adiestrados y 13.000 soldados para que nadie escapara de él”.

Y posteriormente, llamó a ciertos sectores de la Nueva Mayoría a tomar posiciones ante la opinión pública de cara al aniversario que se celebra en noviembre próximo: “Me gustaría invitar a la izquierda que simpatiza o simpatizó de alguna forma con el totalitarismo a mirarse en el espejo y, tras posar la mano en el pecho, a reflexionar sobre el carácter brutal, antihumano y antidemocrático de esa utopía socialista fracasada. Los llamo a expresar públicamente que nada –ni la utopía redentora que proyectan- justifica la violación de derechos humanos. Pero hago este llamado sin retórica, convencido de que una reflexión pública de ese tipo en el marco de los 25 años del fin del socialismo real puede contribuir a articular un país con menos odiosidades. Sueño con que en Chile convengamos de una vez por todas en algo: ni una doctrina de seguridad nacional ni la misión histórica de la clase obrera con su vanguardia revolucionaria, justifican la violación de derechos humanos en ningún país. Ni en Chile, ni en Cuba, ni en Venezuela, ni en Corea del Norte. No existen dictaduras deleznables y dictaduras justificables. Todas merecen nuestro repudio y condena”.

En ese marco, criticó “a los compatriotas chilenos que, enarbolando las banderas de la democracia y los derechos humanos, justifican los 55 años de partido único y aplauden a los hermanos que por más tiempo han gobernado en la historia del planeta, y pienso también en los compatriotas que optaron por guardar silencio, en esos que miran hacia otra parte mientras en los jardines de su utopía rechinan los instrumentos de la tortura, o en el Caribe infestado de tiburones naufragan los que huyen de su socialismo, y pienso también en los políticos nuestros que este año felicitaron con voz trémula por la emoción a los hermanos Castro por ejercer el poder en la isla desde 1959”.

Y continuó con un reproche a aquellos exiliados chilenos acogidos por la DDR: “Pienso en esos chilenos que sin embargo nunca –ni entonces desde dentro, ni hoy desde fuera- solidarizaron con la ausencia de libertad de sus vecinos alemanes orientales ni exigieron para ellos los mismos derechos que demandaban para los chilenos que vivían bajo Pinochet. Pienso ahora en esos chilenos que justificaron el Muro o que simplemente prefirieron no verlo, que han optado por la amnesia y el olvido, por afirmar que no supieron que vivían en una dictadura, que reducen ahora su recuerdo del totalitarismo a una admiración por “la prodigiosa memoria de Fidel” o a la gratuidad de los jardines infantiles de la DDR, del mismo modo que los nazifascistas incorregibles celebran hoy a Mussolini por su carisma histriónico o alaban a Adolfo Hitler por la calidad de las autopistas que construyó”.

Una parte importante de su discurso se centró en llamar a una reflexión más profunda sobre el totalitarismo comunista de manera de sacar lecciones para el país hoy: “Siento además que la reflexión sobre el fin del totalitarismo comunista, que se basa en el estatismo económico, la descalificación del opositor y una vanguardia que representa supuestamente a todo el pueblo, sigue mostrando un gigantesco déficit en nuestro país. En un país donde vuelve a idealizarse el estado como panacea para todos los males, como la herramienta idónea para imponer la justicia, la igualdad, la democracia, el desarrollo y la prosperidad, es bueno recordar qué aportó en términos concretos a la humanidad la expresión más pura del estatismo y monopartidismo. El socialismo, como expresión máxima del estatismo fracasó hace 25 años de manera estrepitosa. No debemos olvidarlo, y es importante que los jóvenes lo sepan”.

Ampuero dejó a la audiencia dos preguntas y un comentario final que impactó a los presentes.

¿Por qué las personas se rebelaron y eliminaron un estado que, para un importante sector de la izquierda chilena, entregaba todo lo necesario a sus ciudadanos? Y la otra pregunta: ¿por qué esa misma izquierda calló entonces y guarda hoy silencio frente a uno de los dos totalitarismos que marcaron el siglo XX?

“Mi libro no está escrito con la perfección con que los cubanos calafatean las balsas con que se echan al Mar Caribe infestado de tiburones para escapar del socialismo y alcanzar la libertad; ni exhibe el talento con que los alemanes orientales cosían partes de globos para cruzar por el aire la franja de la muerte, ni muestra la maestría con que construyeron fondos falsos en autos para pasar a Occidente a un amigo o un familiar. Y tendrán razón en algo más: mi libro tampoco tiene la delicada belleza de las coronas de flores que recuerdan hoy, en el centro de Berlín, a los centenares de personas –jóvenes como los alumnos de nuestras universidades- que fueron acribillados tratando de atravesar el Muro que también fue chileno”.

REVISA EL TEXTO COMPLETO DE LA CONFERENCIA

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: