El 9 de enero de 1977 asistí al Autódromo Municipal de Buenos Aires a presenciar una fecha del Campeonato Mundial de Fórmula 1. En ese entonces, Carlos Alberto Reutemann, Niki Lauda, James Hunt y Jochen Mass, los dos primeros de Ferrari y los dos últimos de McLaren, se disputaban la supremacía de la categoría de pilotos. Sus escuderías, en tanto, peleaban palmo a palmo en la competencia de constructores de Fórmula 1.

Pasaron 45 años desde aquel día para que volviera a ver un Gran Premio en vivo. Gracias a una invitación que recibí, tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos este fin de semana para ir a la histórica primera carrera disputada en el espectacular Autódromo Internacional de Miami, en Miami Gardens. Un evento deslumbrante donde nada quedó al azar y donde me tocó experimentar grandes momentos que atesoraré para siempre.

La carrera que se desarrolló en este nuevo escenario -en mi opinión quedó deslumbrante, aunque la pista un tanto angosta- fue genial y la ganó legítimamente Max Verstappen (Red Bull), seguido por los dos pilotos de Ferrari, Charles Leclerc y Carlos Sainz. Pero hubo un momento mucho más memorable durante la jornada. Al menos para mí.

Y es que entre las cosas que incluía la invitación había un exclusivo encuentro con el gran Fernando Alonso, dos veces campeón mundial de Fórmula 1. El piloto asturiano, hoy en la escudería Alpine, es un verdadero ídolo de este deporte, sobre todo en España. En los minutos que compartimos, conversamos sobre autos y de su país natal. Asimismo, me dio muy buenos datos gastronómicos de Madrid, importantes de tomar en cuenta para la próxima expedición que haremos con El Líbero a esa ciudad.

Parte de la dinámica de la reunión también incluyó competir con Alonso en los autos simuladores preparados especialmente para la ocasión. Al finalizar la competición -me reservaré el resultado- Alonso me dijo: “manejar estos simuladores es más difícil que manejar en la pista real”. Yo le agregué: “Pero mucho menos peligroso”. Ambos nos reímos de buena gana.

Después firmó mi camisa, yo le regalé un llavero de Chile y nos despedimos con un fraternal abrazo.

Me impresionó la gran euforia con que se vivió esta carrera en Estados Unidos. Tras bambalinas, el comentario más repetido para explicar este fenómeno fue el impacto que ha tenido la serie documental de Netflix “Fórmula 1”, que ha acaparado los primeros lugares en las pantallas del mundo al mostrar la emoción y adrenalina que se vive en torno a este deporte.

En resumen, puedo decir que fue una experiencia inolvidable tanto por la carrera como por el encuentro con Alonso. El único punto negro del evento fueron los atochamientos para desalojar el circuito en las clasificatorias y el día de la carrera. Los pasillos eran verdaderos embudos y la espera para salir superó los 45 minutos. Pero nada grave, considerando que esperé ¡45 años! para volver a vibrar en vivo con uno de mis deportes favoritos.

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