Más allá de la implementación técnica del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cabe hacerse la pregunta de cuál es el rol que debe jugar en el fortalecimiento de la cultura y el patrimonio de Chile. Es cierto que algunas manifestaciones culturales requieren de un soporte, pero también es razonable poner énfasis en dos áreas que han tenido poco desarrollo: el rol del mercado y las audiencias.
Publicado el 03.03.2018
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La gran gracia de un gobierno está en cómo resuelve las preguntas que no son tan evidentes. Por eso, más allá de los desafíos obvios que enfrentará la derecha en su retorno a La Moneda, también hay temas que deberán ser resueltos con astucia para proyectar el trabajo de Chile Vamos al futuro. Dentro de ellos tiene gran importancia la implementación del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el cual exigirá, entre otras cosas, nombrar un nuevo subsecretario de patrimonio, que se sumará a los ya designados por el Presidente electo.

Sin embargo, más allá de la implementación técnica del ministerio, cabe hacerse la pregunta de cuál es el rol que debe jugar en el fortalecimiento de la cultura y el patrimonio de Chile. Una posibilidad de acción es mantener todo tal cual se ha hecho hasta ahora: un órgano, ahora ministerio, que fundamentalmente, reparte diversos fondos para que los creadores, los artistas, puedan sostener su producción. Es cierto que algunas manifestaciones culturales requieren de un soporte, pero también es razonable poner énfasis en dos áreas que han tenido poco desarrollo: el mercado y las audiencias.

La primera es el rol del mercado en la cultura y las artes. Si bien el sector cultural puede ser reacio a ver este instrumento como algo deseable, parece necesario equilibrar la cancha para permitir que sean los privados los que participen con más fuerza en lo cultural, fuera de la lógica buenista de la responsabilidad social empresarial. Y es que el sector cultural se encuentra adormecido por el formularismo tan propio de nuestra burocracia, ese afán de estandarizar todo, de requerir timbres y estampillas para obtener el apetecido dinero fiscal.

La segunda variable que no ha recibido atención son las audiencias. Los espectadores comunes y corrientes no ven resueltas sus dificultades de acceso a los bienes culturales con la creación de un ministerio. En este punto, cabe la iniciativa de la ministra Alejandra Pérez y su equipo: cómo acercar a las personas a las artes. Y en esto es indispensable el trabajo mancomunado con el Ministerio de Educación, ya que no se puede entender la cultura como un hecho aislado, una entretención: se trata de una parte esencial de nuestro acervo nacional, que se transmite, cómo no, a través de la educación.

Como se ve, la tarea es grande, y es posible que no tenga resultados inmediatos. Mal que mal, la primera tarea es levantar un ministerio casi desde cero, y la tentación de repetir la fórmula es grande. Pero como cualquier constructor que quiere hacer algo distinto, es indispensable tener claro hacia dónde lo guían los planos desde el momento en que se instalan los cimientos. Y una obra diferente requiere, como dijera un prócer futbolístico, de “alta chispeza”.

 

Rodrigo Pérez de Arce, investigador Fundación para el Progreso

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO