El economista clave del acuerdo entre la Alianza y el Gobierno espera, además, que el SII no desvirtúe la aplicación de la ley.
Publicado el 12.09.2014
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El economista Bernardo Fontaine, uno de los gestores relevantes del acuerdo de la Alianza con el Gobierno que permitió la aprobación de la polémica reforma tributaria, habla con “El Líbero” sobre el impacto que tendrá en las personas, las empresas y el país el mayor cambio tributario en 30 años, como lo definió el ministro de Hacienda, Alberto Arenas.

La reforma está lista para la promulgación de la Presidenta Michelle Bachelet, subirá el impuesto a las empresas del 20% actual al 27% en 2018, y establece profundos cambios en el sistema tributario.

– Aprobada la reforma, ¿cómo será su aplicación en términos prácticos?

– A partir de 2017 las empresas deberán definir si usarán la renta tribuida o el sistema parcialmente integrado. En renta atribuida se paga por toda la utilidad obtenida sin separar si se retiró o reinvirtió. En el sistema parcialmente integrado es distinta la diferencia en impuestos entre retirar o reinvertir.

– ¿A qué empresas les convendrá uno u otro sistema?

– Las empresas que repartan más de la mitad de las utilidades a las personas naturales,  no a sociedades,  como consultoras de abogados,  les va a convenir la renta a tribuida. En cambio, las empresas que reinviertan utilidades les convendrá el sistema integrado, que serán la gran mayoría.

– ¿Qué pasará con las Pymes?

– En dos años más podrán acogerse a un nuevo sistema que les permitirá reinvertir hasta $100 millones o la mitad de las utilidades. Por ejemplo, si la empresa tiene utilidades de $200 millones al año puede reinvertir $100 millones y se ahorra $27 millones en impuestos.

– ¿Cuál será el impacto para los consumidores?

– Las tarifas del agua tienen los impuestos dentro de los costos, por lo tanto, el próximo reajuste de tarifa incluirá el alza. En los bienes, en la medida en que suban los impuestos se irán traspasando a las personas. Hoy, cuando alguien vende una propiedad no paga impuesto, pero con la reforma va a pagar un impuesto del 10%, siempre que la hayan comprado después del 2004 y tenga utilidades sobre 8 mil UF ($300 millones). Quedo muchísimo mejor que el proyecto original del Gobierno que era de 35%.

– ¿Y las viviendas?

– Sólo por efecto impuesto, las que están en el rango 1.500 – 2.000 UF debieran subir 3%, y las que estén sobre las 4.000 UF alrededor de 10%.

– ¿Qué efecto tendrá la reforma en la clase media?

– La clase media será la gran perjudicada con la reforma tributaria porque le subirán las casas, los autos (3%), las bebidas y el alcohol, tendrán menos empleos y los salarios crecerán menos. La economía andará como un auto con freno de mano. Dañará el emprendimiento porque las Pymes son las que más necesitan reinvertir por falta de acceso al capital. Desde el punto de vista de un profesional que quiera emprender, la tasa de impuesto de los dividendos le sube a 44%. Cuando un médico resuelva salir de la Clínica le costará más porque le subirá la tasa de impuesto. Hoy la tasa es la misma como empleado o emprendedor. Eso está mal diseñado porque el principio básico del impuesto es que uno paga por el monto que gana, independiente del origen.

– ¿Cuál será el impacto en las empresas?

– Perjudicará el ahorro porque el impuesto a las empresas subirá de 20 a 27%. Las empresas, que son las que ahorran en Chile, tendrán menos contrataciones, menos empleos y salarios más bajos. Como las empresas pagaran más impuestos, las acciones chilenas serán negocios menos rentables. Todos los trabajadores pagarán el alza de impuesto porque son accionistas de las compañías a través de las AFP. Las cuentas individuales van a bajar. Esta alza de impuestos es como un restaurante que está lleno de comensales, donde unos pagarán una cuenta más grande que otros pero todos pagarán la cuenta.

– En lo macroeconómico, ¿qué pasará con el crecimiento y la inversión del país?

– Es difícil ponerle número porque depende de otras cosas, pero el ahorro va a disminuir y esa es la basa del crecimiento, pero se hablan de estimaciones entre medio punto y un punto de crecimiento del PIB. En empleo es muy difícil estimar pero habrá menos inversiones y empleos, más endeudamiento. Será más barato para las empresas financiarse con deuda que capital, esto genera menor emprendimiento y menor movilidad social económica.

– ¿Qué rescata como positivo de la reforma?

– La lucha contra la elusión. No comparto las críticas de que generarán más elusión, y  también hay algunas cosas positivas para las Pymes. No veo ninguna crisis o drama pero sí veo un país más lento. El factor más importante es la desconfianza que ha generado la reforma.

– En ese sentido, ¿con la aprobación de la ley termina la incertidumbre como dijo el ministro Arenas?

– Creo que no hay incertidumbre sino desconfianza, porque, al ambiente de cuestionamiento a las empresas por parte de las comunidades y los factores externos, se añadió la reforma tributaria. Está claro que su aprobación ayuda a tener menos desconfianza porque se disipa una nube, pero el grueso de la desconfianza es porque el crecimiento no ha sido prioridad. Recién ahora el gobierno descubrió que era importante el crecimiento. El gobierno ha ostentado impericia, improvisación e impulsividad en las reformas, no solo tributaria sino educacional. También quieren hacer una reforma laboral no pro empleo sino para beneficiar a sindicalistas, hay cuestionamientos al rol de las pensiones, reformas a la salud, constitución, todo eso  planteado sobre la base de eslóganes y caprichos y con escasa argumentación técnica.

– ¿No es suficiente entonces la aprobación de la ley para dar tranquilidad a los inversionistas?

– Se necesita mucho más que aprobar la reforma tributaria para disminuir la desconfianza. Se requiere aprobar centrales, destrabar proyectos de energía, que el ministro de Economía sea gestor e impulso de proyectos; no querer arreglar todo Chile en 4 años y hacer reformas bien pensadas técnicamente. Todos estamos de acuerdo que las reformas son necesarias pero el asunto es cómo se hacen.

– ¿La reforma es caso cerrado o puede que surjan nuevos cambios legales?

– Parece poco probable que durante este gobierno se reabra el tema, salvo alguna ley técnica interpretativa para aclarar o corregir errores técnicos de la reforma. Es bastante inconveniente que el proceso de redacción final tras el protocolo de acuerdo, que fue totalmente distinto que el proyecto original, haya sido muy rápido porque hubo solo dos días para leerla y votarla  en la Comisión de Hacienda del Senado. Me hubiera gustado una discusión de la  redacción técnica más amplia y más larga para asegurarse de que no tenga fallas. No descartaría que haya alguna ley que busque corregir algunos errores técnicos que surjan, pero no creo que se abra de nuevo el tema tributario más allá de eso. Habrá que revisar toda la letra chica de la reforma para que sea consistente, y cuidar que las circulares del Servicio de Impuestos Internos no desvirtúen los criterios expresados en la ley.

– El país está creciendo menos este año y las proyecciones para el próximo también siguen cayendo, ¿se recaudará lo que promete el ministro Arenas?

– Nadie lo sabe. Es imposible porque el grueso de la reforma se aplica en cuatro años y, como cambian todos los impuestos y los procedimientos, afectarán la conducta de las personas y por eso es mucho más difícil de predecir. El ministro ha hecho todas las simulaciones pero, si Chile no se levanta y empieza a crecer, esta reforma reemplazará la pérdida de recaudación que genere la disminución del crecimiento. Chile venía creciendo bien y cayó en una zanja, y la discusión ahora es cómo salimos de esa zanja.

– ¿La reforma ayudará a combatir la desigualdad como sostiene el Gobierno?

– Creo que los sectores de altos impuestos, el 2-3% de la población, pagarán más impuestos, pero que eso se traduzca en reducir la desigualdad dependerá del crecimiento y que no haya efectos negativos  en empleo y en los salarios de los sectores menos desfavorecidos. No está garantizado que esta reforma disminuya la desigualdad. La mejora en educación tendería a mejorar la desigualdad en el largo plazo. Aunque fuera bien hecha es efecto en 20 años, hoy para superar la desigualdad debe ser a través del empleo y los salarios.

 

frase Fontaine