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Publicado el 29 de diciembre, 2020

Una titana del Derecho

Periodista Ana María Gálmez

Donald Trump aseguró que era una farsante, y en su estilo mediático generó una polémica al nombrar a la reemplazante de Ruth Bader Ginsburg. La jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos que escribió una página clave en la justicia estadounidense y los derechos de las mujeres, murió este año que cerramos literalmente con una vida de película.

Ana María Gálmez Periodista

Uno de los hitos polémicos en Estados Unidos durante 2020 fue la nominación del reemplazo de la jueza de la Corte Suprema, Ruth Bader Ginsburg. Aclamada por miles de personas, denostada por Trump durante el ejercicio de su cargo, fue uno de los tantos líderes que partieron en este misterioso año que cerramos. A sus 87 años, falleció en su casa de Washington rodeada de su familia dejando una huella imborrable en la justicia americana. Por algo Trump la despidió con un tuit donde lamentaba la pérdida de “un titán del Derecho”.

Como fue una mujer increíble y tuvo una vida de película, recomiendo La voz de la igualdad, una cinta que da cuenta de una vida tejida de esfuerzo, rigurosidad y discriminación profesional. Estrenada en cines en 2018, gracias a la pandemia, y sin prever que sería un homenaje póstumo, está desde hace unos meses en la parrilla de Netflix y Amazon Prime.

Encarnada por la actriz Felicity Jones, la película comienza en 1956 cuando la joven jueza ingresa a la Escuela de Leyes de Harvard como una de las 9 mujeres entre 500 hombres de su generación. En Cornell había conocido a quien se convertiría en su marido apenas licenciarse, Martin D. Ginsburg (encarnado por un guapetón Armie Hammer) y luego ambos aceptados en Harvard. Si bien era una universitaria malabarista, recién casada, que lidiaba conciliando sus roles de madre, dueña de casa, destacada alumna e incluso cursando ramos y estudiando por Martin cuando a él le detectaron un cáncer testicular; él también pasa a la historia, no sólo por ser un renombrado jurista o por liderar el juicio que lanzaría a la fama a Ruth, sino porque fue alguien fuera de lo común, jugándosela en los años 70 por dar prioridad a la carrera de su esposa.

Todos quienes trabajaron con la jueza recuerdan a su marido como la persona que, a partir de las siete de la tarde, la llamaba para recordarle que la comida estaba lista. “En algún momento entre las 19.30 y las 21.30 yo llegaba a casa para cenar”, explica en un documental que se puede ver en Movistar+ y que se titula RBG Jueza Icono, que sumo a esta recomendación para hacerse un retrato completo de ella y para hacer justicia, con el tremendo hombre que tuvo al lado.

Pero volvamos a La voz de la Igualdad. La película muestra pasajes desconocidos de la vida de esta leyenda, que probablemente es la única magistrada del mundo con su propio merchandising y que inspira cada año disfraces de Halloween. Ruth sufrió en sus años universitarios la discriminación por ser mujer. A pesar de que siempre logró ser la mejor de su clase, había personas convencidas de que su presencia en la academia era innecesaria y que su lugar estaba en su casa cuidando a su familia.

La cinta, dirigida por Mimi Leder, también muestra cómo esa discriminación la persiguió cuando intentó insertarse en el mundo laboral. A pesar de sus brillantes credenciales fue rechazada por decenas de estudios de abogados neoyorkinos y tuvo que conformarse con el cargo de académica en la Universidad de Rutgers. Mientras que su esposo, no tuvo ningún problema en iniciar una prestigiosa carrera de Derecho Tributario.

Pero el partido que había comenzado a jugar desde el primer año universitario, manteniéndola siempre en el banquillo como reserva, tomó un rumbo diferente cuando uno de los casos que le llegaban a Martin despertó su atención. Charles Moritz, un hombre soltero de Denver, había contratado una enfermera para cuidar a su madre inválida mientras él trabajaba y quiso obtener una reducción de impuestos. Petición que fue denegada por el Servicio de Impuestos Internos porque era una ley que sólo aplicaba para mujeres y hombres que se habían casado, y como Moritz era soltero y no era mujer o un marido con una esposa incapacitada, su petición fue denegada. Ruth furiosa por la discriminación sexual le solicitó a Martin ser su asistente en este proceso.

Aquí comienza a dejar su huella en el mundo del Derecho y no precisamente por estrenarse defendiendo a una mujer, sino bajo la premisa de ¿por qué un hombre no puede ser considerado jurídicamente como una persona que pueda brindar cuidados a otras personas? En su alegato final frente al tribunal, Bader Ginsburg argumenta que la ley tributaria que perjudica a su cliente fue hecha por personas que nunca pensaron que un hombre podía elegir quedarse soltero y decidir dedicar su vida al cuidado de su madre enferma. El caso pionero en leyes tributarias quedó como el primer precedente de una persona que fue ante un tribunal y cuestionó su rol de género preestablecido.

La cinta es un retrato íntimo de las facetas menos conocidas de una mujer que no sólo enfocó su trabajo en la defensa de la igualdad legal de género, sino en las luchas legales de las minorías sexuales y étnicas, de los migrantes y de los movimientos medioambientales. Aboga por un sistema legal que debe ver personas y aborda cuestiones como la conciliación familiar y el avance profesional en un marco temporal concreto, donde las mejores oportunidades son para los hombres, pero profundizando en todo momento el lado humano de la historia, la relación entrañable con su marido o en el choque generacional con su hija.

Una película que deja claro que los tiempos cambian, y también el estado injusto de las cosas. Pero tal vez el mejor cierre para esta reseña son las palabras del debutante guionista de la película, Daniel Stiepleman y sobrino de la jueza: “Aprendí de ella lo que es el verdadero patriotismo”.

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