El poeta mexicano Octavio Paz decía que no tiene sentido preguntarse por la identidad latinoamericana, porque las tenemos todas. Celebramos una diversidad de culturas, creencias y costumbres que, mezcladas, constituyen lo que somos, y es en la calle donde tiene lugar nuestro encuentro. De eso trata la docuserie Street Food: Latinoamérica, un paseo por las calles, plazas y mercados de Argentina, Brasil, México, Perú, Colombia y Bolivia que seguro le “hará agua la boca”.

Estrenada hace un par de semanas, y dirigida por los mismos creadores de Chef´s Table, aborda la calle como mucho más que puestos de comida o pequeñas cocinerías; son lugares de sociabilidad donde sentimos los aromas y sabores, pero también la fiesta que conlleva la alegría, los sueños, esperanzas y tristezas de su gente.

Siempre me he considerado un “amante de América Latina”, parafraseando el libro de Mario Vargas Llosa, y he tenido la suerte de recorrerla. Una razón de ese enamoramiento es su comida: una “¡delicia!”, como canta esa vendedora de la playa en Salvador de Bahía ofreciendo sus platos. Desde las tortillas, pizzas y empanadas con carne cortadas a cuchillo hasta el asado argentino, pasando por un choripán al salir del estadio. Los tamales y la imprescindible tortilla mexicana, sin olvidar las enchiladas. El ceviche, los anticuchos de corazón y platos combinados en Perú. La feijoada, abará y el acarajé de Brasil. Las arepas y la bandeja paisa de Colombia, hasta esas exquisitas empanadas salteñas con decenas de salsas que se comen al desayuno en las calles de La Paz, para más tarde ir a un relleno de papa o un helado de canela, un clásico boliviano. Todos sabores propios con toque gourmet, que también nos entregan historias de vida llenas de esfuerzo, emprendimiento, sufrimiento y éxito.

En la calle latinoamericana está lo que somos. Ahí se protesta y se celebra, pero también se brinda y se baila. La simpleza y complejidad de la vida. Es imposible conocerla sin sentir sus aromas y sabores. Ver esos colores de una comida que se disfruta por los ojos, la boca y el corazón.

En Netflix, seis capítulos de 30 minutos.

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