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Publicado el 30 de agosto, 2018

Smart TV, la columna de Fernanda Demaria: Cuando Harry le puso «like» a Sally

Autor:

Fernanda Demaria

El 30 por ciento de los matrimonios que se llevan a cabo actualmente en Estados Unidos se conoció a través de internet. Cada mes más de doscientos millones de personas recurren a las aplicaciones de citas. El mundo virtual da el puntapié inicial. Pero la última palabra la tiene el mundo real. Y un factor imposible de incorporar a ningún algoritmo: la química.

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Fernanda Demaria

¿Cómo te gustaría que fuese tu futura pareja? ¿Qué características son importantes para ti? Nuevamente internet tiene la respuesta y a través de una serie de aplicaciones puede hacer que el encontrar el compañero perfecto sea más sencillo de lo que tú crees. Según la última edición de The Economist, el 30 por ciento de los nuevos matrimonios en Norteamérica parte con una cita coordinada a través de redes sociales. Internet es ahora el segundo lugar más popular para conocer personas.

 

Si buscas que tu compañero comparta la pasión por el ciclismo, puedes acudir a BikerKiss; los que consideran que la imagen importa más que nada, usan Hot or Not; en la India arrasa matrimony.com, mientras China cuenta con Tantan. OkCupid es la plataforma para jóvenes expertos en tecnología (su lema es “Utilizamos las matemáticas para ayudarte a encontrar pareja”), los mayores de 55 recurren a SeniorPeopleMeet y quienes buscan avanzar lentamente y conocerse  mejor antes de concretar una cita utilizan EHarmony. Gracias a complejos algoritmos los sitios de citas permiten buscar personas que estén dispuestas a convertirse al judaísmo o con inclinaciones esotéricas. O criterios más simples como edad, sexo, profesión, interés por tener una buena conversación o un encuentro sexual.

 

La pantalla aparece ahora como un medio que no se utiliza para vivir una realidad paralela sino que para afianzar lazos y vínculos de carne y hueso.

 

Internet se convierte así en el primer paso para tomar una de las decisiones más importantes de la vida. El puntapié inicial forma parte del mundo virtual. El resultado pertenece al mundo real. Y de acuerdo con las cifras, funciona. Cada mes más de 200 millones de personas recurren a este tipo de servicios. Razones son muchas. Falta de tiempo, círculos de amigos cada vez más reducidos, temor al rechazo… La pantalla aparece ahora como un medio que no se utiliza para vivir una realidad paralela sino que para afianzar lazos y vínculos de carne y hueso.  De acuerdo con Moira Weigel, autora de Labor of Love: The Invention of Online Dating, “nuestras identidades reales y en línea están cada vez más entrelazadas”.

 

El primer sitio fue Match.com. El 2013 apareció Tinder, aplicación que permite una conexión mucho más inmediata al hacer uso de la ubicación para encontrar otros usuarios; al igual que Badoo, que cuenta con más de 300 millones de inscritos. En Chile el fenómeno no es ajeno. En una reciente entrevista, Andrea Iorio, director de Marketing y Comunicaciones para Tinder en Latinoamérica, afirmó que nuestro país se encuentra en el top 20 mundial y ocupa el tercer puesto en Sudamérica. Las ciudades costeras más “tinderas”: Valparaíso, Iquique, La Serena y Viña del Mar. Las universidades más activas: Universidad de Santiago de Chile, Universidad de Chile, Universidad Adolfo Ibáñez, Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de Concepción. Mientras estudian, analizan sus opciones sentimentales.

 

Millones persiguen su alma gemela a través de un medio en el cual la timidez no constituye un obstáculo, pero que tiene una falencia imposible de solucionar.

 

Sin embargo, el mercado de las citas en línea enfrenta ahora el surgimiento de un nuevo actor. Facebook entró de lleno al negocio. “Será para construir relaciones auténticas y duraderas, no solo planes casuales”, anunció Mark Zuckerberg. Y todo indica que con la informarción de sus usuarios (más de 2 mil millones, de los cuales 200 se presentan como solteros) se convertirá en líder de la industria. Ya hay señales al respecto. Tras el anuncio en mayo pasado, Match.com vio cómo sus acciones bajaban un 20 por ciento.

 

Hasta hace unos años buscar pareja a través de estas aplicaciones constituía una opción utilizada principalmente por nerds y homosexuales (el 70 por ciento de las relaciones entre personas del mismo sexo comienzan en la red). Los bares y fiestas eran los puntos de encuentro y todo se reducía a la fórmula de “me lo presentó un amigo”. Actualmente no es así.  Millones persiguen su alma gemela a través de un medio en el cual la timidez no constituye un obstáculo, pero que tiene una falencia imposible de solucionar.

 

En toda relación amorosa la química es clave. Todo puede calzar. El color de pelo, gustos culinarios, lugares de veraneo… pero la atracción va mucho más allá. Y sólo se conoce al momento de sentarse frente a frente y y mirarse a los ojos, tal como lo hicieron Meg Ryan y Billy Cristal en la memorable comedia romántica Cuando Harry conoce a Sally, un blockbuster de la era pre internet.

 

Pero ahora, cuando el mundo online y offline están entrelazados, luego de conectarse mediante una aplicación y de haber sostenido un diálogo a través de mensajes de texto, llega la prueba de fuego. Ya no importa tan sólo lo que dices –algo fácil de hacer a través de los mensajes de texto- sino cómo lo dices, el tono, la forma de acentuar las palabras y de alargar algunas sílabas. También influyen detalles como el  olor. Tal como afirma en The Guardian Robin Dunbar, profesor de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oxford, “el olor y el sabor de las personas están determinados por un complejo particular de genes”. Y percibirlos no es algo racional. Si te gusta una persona, muchas veces no sabes explicar el por qué. Argumentos racionales sobran, pero los sentimientos y sensaciones no caben en ninguna ecuación. Si no, basta con preguntarle a Sally y Harry.

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