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Publicado el 12 de noviembre, 2020

Santa Ana, la nueva ruta del vino del valle de Colchagua

Periodista Pía Orellana

No tienen parras centenarias ni una gran producción. Lo de ellos es a pequeña escala, mediante un proceso manual y de calidad. Les contamos sobre las viñas que están refrescando el enoturismo en la sexta región.

Pía Orellana Periodista

Cuando el reconocido crítico de vinos y licores inglés Simon J. Woolf publicó en octubre pasado su lista de lugares que “hay que visitar”, los viñateros de Santa Ana no lo podían creer. Tres viñas de la zona -ubicada en el Valle de Colchagua Costa- figuraban en The Wine Lover’s Bucket List 2020, destacados como uno de los mil lugares del planeta que es “obligación” conocer. “Nuestra reacción fue de orgullo y alegría, considerando la importancia y prestigio  del autor en el mundo de los vinos naturales”, dice Roberto Ibarra, uno de los dueños de Clos Santa Ana. 

¿Cómo es que un lugar tan encantador no figure aún en el radar de los chilenos? ¿Por qué lo descubrió antes un inglés? ¿Dónde está y qué hace tan especial a Santa Ana?  

Un nuevo tipo de vino 

Santa Ana es un sector ubicado a 50 kilómetros de Pichilemu, entre Peralillo y Marchigüe, en la zona más cercana a la costa del Valle de Colchagua. Rodeado de cerros, tiene un clima seco y caluroso y se ha constituido como un pequeño pero atractivo polo para los amantes del vino. 

Por cierto que no hay grandes cadenas hoteleras ni una extensa oferta de actividades. Todo lo contrario, lo que este sector ofrece es un descanso al estilo vitivinícola, con tranquilas caminatas por los viñedos y largas conversaciones al calor de la chimenea, acompañados, cómo no, de un buen vino de producción local. 

Son siete las viñas boutique que se pueden encontrar en la zona, a no más de un kilómetro de distancia entre sí: La Despensa, Clos Santa Ana, Caminomar, La Sirca, Los Chanchitos, Soraya y La Chance. Curiosamente, sus dueños constituyen una entretenida mezcla cultural. Hay propietarios bolivianos, mexicanos, malayos, ingleses, norteamericanos, italianos, todos con un norte común: la producción a pequeña escala de un vino de alta calidad. “Cada una tiene una filosofía propia y distintas variedades, pero trabajamos muy unidos para hacer de esta zona un nuevo circuito de enoturismo”, explica Luis Allegretti, el otro socio de Clos Santa Ana. 

Tanta voluntad tiene su razón de ser: prácticamente ninguno de ellos tenía pasado viñatero; con paciencia y dedicación, y muy unidos, han ido aprendiendo sobre el arte de producir vinos y han descubierto el potencial de la región. Muchas de las parras han sido plantadas por ellos mismos hace menos de una década, traídas de lugares como Francia y España algunas; otras son propias de nuestro país. 

Según Allegretti, el surgimiento de este polo turístico ha ido de la mano de un cambio en el perfil del vino chileno. “Hay mucho que agradecer a la gran industria del vino, que abrió hace años un camino en el mundo. Pero poco a poco se ve que hay también un espacio para las viñas chicas. Lo que nosotros buscamos no es presencia masiva, sino una producción pequeña, de no más de diez mil botellas al año, producidas de forma orgánica, en pocas hectáreas, cosechadas de forma manual, casi artesanal, que se pueda posicionar en lugares específicos y sea valorado por su gran calidad”, agrega.

A punta de esfuerzo lo han ido consiguiendo: en la edición de Descorchados 2021, la guía que desde 1999 califica a los vinos chilenos, figuran algunos de la zona con altos puntajes, como Sosiego y Vaho de Caminomar, con 94 y 93 puntos respectivamente, y Aralez, Sirios y Velos de Clos Santa Ana, con 95, 93 y 94 puntos. 

El vino, una experiencia

A Santa Ana se llega en general por el boca a boca. Al ser viñas boutique, la atención es tan  personalizada que los tours y degustaciones las hacen los mismos dueños, recibiendo pocas visitas a la vez. Con la pandemia han incorporado algunas restricciones, como hacer las catas al aire libre en vez de en las bodegas, adoptar protocolos de desinfección o aceptar sólo grupos familiares al mismo tiempo.

Se puede planear una visita por el día o por el fin de semana, y catar vinos de una sola viña o recorrer todas las de la zona. Asimismo, cada viña ofrece una experiencia distinta: La Sirca y La Despensa, por ejemplo, tienen un ambiente más familiar, mientras Clos Santa Ana y Caminomar están pensadas para recibir grupos de adultos. 

Los tours contemplan una estadía campestre, cómoda, con buena comida y, por supuesto, buenos vinos.

Más información:

Clos Santa Ana

clossantaana@gmail.com

www.clossantaana.net

Caminomar

contactocaminomar@gmail.com

La Despensa

matt@ladespensaboutique.com

www.ladespensawines.com

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