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Publicado el 07 de febrero, 2020

“Parásitos”: Todo huele mal

Periodista Virginia Araya

Por fin este jueves se estrenó la película que todos quieren ver, súper alabada por la crítica y llena de premios, partiendo por la Palma de Oro a Mejor Película del Festival de Cannes y a los que este domingo seguramente sumará un Oscar.

 

Virginia Araya Periodista

Es la séptima cinta del director surcoreano Bong Joon Ho, ya acostumbrado a la buena crítica con producciones  como Mother o Snowpiercer, y por tanto con la solidez suficiente para el llamado de atención que hizo al recibir el Globo de Oro como mejor película extranjera: «Una vez superada la barrera de los subtítulos, descubrirán películas maravillosas».

Provocador y directo, tal como el título Parásitos, al que le damos vuelta tratando de entender los límites del concepto en una sociedad tan exitista y competitiva, precisamente hoy cuando  asistimos a  un cuestionamiento ético al respecto, partiendo por nuestro propio Chile.

La historia trata de la familia Kim, compuesta por el padre Kim Ki-taek (Song Kang-ho ), la madre Chung-sook (Jang Hye-jin), el hijo Ki-woo (Choi Wooshik) y la hija Ki-jeong (Park So-dam), que vive hacinada en un pequeño y oscuro semisótano de un barrio pobre en Seúl, las llamadas banjiha (en 1970 el gobierno de Corea del Sur ordenó que  los edificios de baja altura tuvieran sótanos que sirvieran como búnkeres en caso de emergencia y en los 80 los legalizó ante la crisis de viviendas).

En esa estrechez, con un retrete a medio metro del piso, comen y duermen, se cuelgan de internet de los vecinos -porque el chat es indispensable-, soportan vagabundos que orinan en su ventana, y trabajan doblando cajas de pizzas. No hay drama, como si supieran que en algún momento el dinero les caería del cielo.

La oportunidad llega de la mano de un amigo del hijo Ki-woo, que se va a estudiar al extranjero y le regala una piedra de erudito (Gongshi) que se supone les traerá riqueza. Además, le pide que  se haga  pasar por estudiante universitario y que lo reemplace como profesor de inglés de una niña rica.  Su hermana Ki-jeong falsifica a la perfección sus documentos estudiantiles, acepta el desafío y se presenta entonces en la impresionante casa de la familia Park, rica y sofisticada.  Tema aparte es esta casa en sí, supuestamente obra de un famoso arquitecto Namgoong, pero totalmente falsa,  creación del diseñador de producción de la película, Lee Ha Jun, en un set abierto.

Yeon-kyo (Cho Yeo-jeong) la cándida señora Park, se fascina con Ki-woo quien se convierte en bastante más que el profesor de la hija, Da-hye (Jung Ji-so). Con la madre y la hija en el bolsillo, Ki-woo ve oportunidades de trabajo para toda su familia. Despiadados en sacar a los empleados existentes, los Kim astutamente se las arreglan para que todos sean contratados: chofer el padre, terapeuta del hijo menor Da-song la hermana,  y como ama de llave, la madre.  Así, los Kim se inoculan en la vida de los Park.

Absorto en su exitosa compañía tecnológica, el señor Park (Lee Sun-kyun) también cae ante  los oficios de su nuevo chofer, sólo que arrisca su nariz ante un “olor extraño”. Este gesto será el pivote que marcará la diferencia de ambas clases sociales, dramática e injustamente imborrable a pesar de la perfección del engaño.

Los parásitos se pasan  de la raya y una lluvia torrencial hace que todo se inunde y que lo escondido por la antigua ama de llaves Moon-gwang (Lee Jung-eun) salga a la superficie, dando un giro gore a la historia. Aquí todo comienza a oler mal y se pudre.

Excelente. 132min. Mayores de 14. Todos los cines.

Vea el trailer aquí.