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Publicado el 06 de agosto, 2020

“Naturalezas muertas” como prolongación de la vida

Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo Gabriel Carvajal

Un día, en un arranque de creatividad, me sorprendí haciendo una cara en el plato con unas pocas verduras. Se me vino inmediatamente a la mente un artista italiano que en el S. XVI pintaba retratos de personas, configurados con frutas, verduras, raíces, flores etc.: Giuseppe Arcimboldo.

Gabriel Carvajal Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo

Cocinar en cuarentena se ha transformado en una rutina muy habitual en muchos de nosotros. Hemos vuelto a tener más tiempo, se ha convertido en un quehacer liberador de tensiones y también aglutinador de la familia en torno a la mesa, costumbre algo perdida. Con un sentido de solidaridad y cooperación, para no cargarle la mano solo a uno o dos integrantes del grupo, los distintos miembros de la familia, muchas veces, han convertido en un reto de creatividad su participación en las artes culinarias. «Familia que come unida permanece unida» parece ser el lema recuperado en estos tiempos, y mejor aún si la tarea es compartida equitativamente, y casi un éxtasis si la elaboración es en equipo gozoso. No es mi caso que vivo solo, pero lo disfruto de igual manera. Es más, instado por mi gran y querida amiga Fernanda Demaría -periodista, columnista también de esta sección de El Libero y responsable que yo esté acá escribiendo-, que sabe de mi entusiasmo por la elaboración y combinación -bastante básica por lo demás- de productos alimenticios, me encontré ¡¡¡subiendo fotos de mis platos a las redes sociales!!! (en instagram, @gabrielcarvajalarte). Por supuesto, son más efecto fotográfico que un verdadero acierto gastronómico/degustativo, de eso estoy seguro.

El caso, es que un día, en un arranque de creatividad, con unas pocas verduras, algunos espárragos, brócolis, pimentones de piquillo, limones y otros, me sorprendí haciendo una cara en el plato, y se me vino inmediatamente a la mente un artista italiano -bien de “pacotilla” la comparación, pero válida para efectos de esta nota- que en el S. XVI pintaba retratos de personas, configurados con frutas, verduras, raíces, flores etc.

Giuseppe Arcimboldo (1527-1593), nacido en Milán, Italia, desarrolló principalmente sus trabajos pictóricos en la corte de los Habsburgo. Para Maximiliano II pintó 8 cuadros de “cabezas compuestas” que representaban las estaciones del año y también composiciones con diferentes elementos. Tenía un enorme conocimiento naturista. Sus retratos estaban realizados con gran maestría y compuestos, a veces grotescamente también, de carnes, peces, utensilios, libros, entrelazados de tal manera que conformaban un rostro humano a la manera de un trompe l´oeil (trampa al ojo).  Fue tal el éxito que luego siguió con otras series que serían, algunas, regalo de los Habsburgo a monarcas vecinos del resto de Europa a modo de agasajo.

Arcimboldo es considerado el precursor de los bodegones o “naturalezas muertas” que se convertirían en género pictórico pocas décadas después, a comienzos del S. XVII, siendo un radical ejemplo del genero puro, despojado de otros elementos, Caravaggio con su “Cesto de Frutas” (1595/1600). El género va adquiriendo con el paso del tiempo distintos matices dependiendo de las regiones, alcanzando su mayor plenitud y exuberancia entre los pintores holandeses que desarrollaron prolíficamente el genero.

Giuseppe Arcimboldo es luego olvidado por siglos, hasta que es redescubierto por los surrealistas en pleno siglo XX. Mas adelante, el año 2017/2018, se realizó una importante muestra sobre el pintor en el Museo de Bellas Artes de Bilbao que reunió 14 sobresalientes pinturas provenientes de otros museos de España y colecciones particulares, logrando la expectación y admiración del publico nuevamente.

Representaciones de alimentos y utensilios ya se encontraban desde la época de los egipcios, que pintaban en sus tumbas comida y objetos pensando que se harían reales en la otra vida; en la antigua Grecia; frescos en Pompeya; en la Edad Media, formando parte de pinturas religiosas o alegóricas, subordinados a personajes y usados también como símbolos con sentido moralista. Los cráneos, por ejemplo -desde la época de los romanos- son recurrentes e incluidos en las pinturas como símbolos de mortalidad y fugacidad, a veces acompañados de la frase “omnia mors aequant” (la muerte iguala a todos).

La comida siempre ha sido un gesto de hospitalidad, de celebración, finalmente de vida. Y pienso que es de ahí, precisamente, que se configura este afán generalizado, de compartir platos y comida en las redes sociales hoy día, quizás y de manera inconsciente, como forma de hacerle frente a la adversidad que vivimos. La elaboración de los alimentos es un momento de relax, de gozo, de prolongación, de proyección. Son, estas fotos compartidas, nuestras naturalezas muertas, puras, despojadas de cualquier otro elemento distractor. Finalmente, una acción catártica que nos hace pensar más a largo plazo y no en la finitud de nuestra existencia, al menos por ahora, como alivio a la amenazadora frase que sentencia ciertamente que ¡la muerte nos iguala a todos!

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