Quienes leyeron «La Magia del Orden» o vieron la serie de Netflix «¡A Ordenar!» saben que la invitación de Marie Kondo es a un viaje de descubrimiento personal. Ordenar, dice ella, es mucho más que clasificar cosas y ponerlas en su lugar. «Es un proyecto importante en la vida». Con la misma seriedad con que nos hizo botar todo lo que no aportaba en nuestras casas («Does it spark joy?» es la pregunta de rigor), ahora se hace presente en el ámbito laboral.

Si piensas que basta con aplicar las mismas técnicas que la consultora propone para el hogar, te equivocas. De partida, porque en el espacio de trabajo no solo hay un desorden físico, sino también uno digital. Pero partamos por el primero: la principal razón por la que habría que mantener un entorno ordenado es porque estar rodeado de cosas aumenta los niveles de cortisol, hormona responsable del estrés. En otras palabras, un ambiente desordenado pone a prueba al cerebro, que tiene que hacer un esfuerzo extra para concentrarse. Pero además, un escritorio ordenado mejora la visión que los demás tienen de uno, incluso la evaluación que puedan hacer; si eso mejora, repercute en nuestra autorestima, lo que a su vez repercute en un mejor trabajo. Y aunque obviamente un espacio ordenado no garantiza la felicidad, sí aporta, pues nos hace más eficientes.

La propuesta de Marie Kondo para ordenar el espacio físico consiste en establecer categorías: libros, papeles y lo que llama «komono», es decir, material de oficina, artículos personales, comida, cosas propias de la profesión, objetos con valor sentimental, gadgets electrónicos.

El desorden digital lo toma el psicólogo Scott Sonenshein, co-autor del libro, quien plantea que el problema de la tecnología es que nos permite guardar todo, y lo hacemos, hasta que llega el minuto que nos damos cuenta que hemos perido el control de lo que tenemos. ¿Cuánto tiempo hemos perdido buscando claves y contraseñas? ¿Cuántos documentos tenemos duplicados? ¿Cómo se ve el «Escritorio» de nuestro computador? Los consejos en esta área aplican a los documentos digitales (informes, presentaciones, hojas de cálculo, etc.), los correos digitales y las aplicaciones del celular.

A continuación, el libro aborda temas que a primera vista no forman parte del «orden» del espacio laboral, como son la administración del tiempo, la toma de decisiones, de nuestra red de contactos, incluso las reuniones y los equipos. Son sin duda estos capítulos los que mayor impacto pueden generar sobre nuestro trabajo, ya que apelan a nuestra forma de ejercer.

Vale la pena.

En librerías y formato e-book.