Crítica de Cine es presentado por:
Publicado el 29 de abril, 2021

“Madame Curie”: ¡Radioactiva en sí misma!

Periodista Virginia Araya

Una película que ahonda en la pasión científica de Marie y cómo el hecho de ser mujer le jugó en contra, a pesar de su tremendo aporte a la investigación.

Virginia Araya Periodista

Muchísimo se ha escrito sobre la obra de Marie Curie (Maria Salomea Skłodowska, nacida en 1867 en Varsovia), más respecto a su extraordinario aporte científico y menos de su vida privada, aunque el exitoso libro “La ridícula idea de no volver a verte” de Rosa Montero sobre su historia de amor con Pierre, nos ha llevado a esa vereda.

La película Madame Curie (Radioactive es su título original), dirigida por Marjane Satrapi (Persépolis) y protagonizada por una cálida Rosamund Pike (Orgullo y Prejuicio,I Care a Lot), ahonda más en su pasión científica, parte de una saga familiar que continuaría su hija Irene con la misma brillantez (ganó también un Nobel junto a su esposo por la radioactividad artificial).

La cinta, basada en la novela gráfica “Radiactive Marie & Pierre Curie: A tale of love and fallout”, de Lauren Redniss, parte en 1934 en París (adonde Marie había llegado en 1891 siguiendo a su hermana Bronisława para continuar sus estudios de ciencias iniciados clandestinamente en la Varsovia rusa) y su “topón” accidental en la calle con Pierre Curie (Sam Riley). Ambos sabían de los trabajos del otro y aunque Marie era muy independiente y celosa de sus investigaciones, accedió a la insistencia de Pierre para apoyarla con medios y trabajar juntos.

Un ensamblaje perfecto en una sociedad muy machista y una academia que siempre la miró con reticencia, a pesar de sus descubrimientos sobre las propiedades magnéticas de diversos aceros. Las escenas en torno a sesiones espiritistas que frecuentaba Pierre distraen y quizás sobren, con efectos oníricos no bien resueltos.

Tras la insistencia de Pierre, se casan y se dedican a investigar, investigar e investigar, con embarazos y partos que fueron casi un trámite… Trabajan ardua y apasionadamente con toneladas de uraninita que traen de una mina lejana y luego de cuatro años presentan sus resultados ante la academia científica francesa: los dos nuevos elementos -el polonio y el radio- y lo que Marie llamó “radioactividad“. Ahí pronuncia una de sus frases notables: “Creo que han malinterpretado el átomo”.

Claro, pues se creía que los átomos eran finitos y estables, pero no todos. Ella les evidencia que algunos son inestables y en esa inestabilidad emiten rayos: la radioactividad. La historia nos fue demostrando lo extraordinario de este descubrimiento y lo revolucionario que fue para la ciencia y la cura de enfermedades como el cáncer, aunque con dañinos efectos colaterales también, partiendo por la misma Marie.

Impresiona cómo la radioactividad se comenzó a aplicar en todo tipo de productos: fósforos, cremas, ungüentos para la calvicie, etc., hasta las pruebas de aplicación en tumores cancerígenos. Se van intercalando hechos históricos de sus efectos hasta nuestros días, como Hiroshima y Chernobyl.

A pesar de su tremenda investigación y de su relevante integración a la academia universitaria, el hecho de ser mujer le jugaba injustamente en contra. Tanto así, que cuando se les notifica al matrimonio Curie la obtención del Premio Nobel en Física (1903), ¡sólo invitan a la ceremonia en Suecia a Pierre! Marie se siente traicionada y humillada, pero su amor por Pierre es más fuerte y aguanta. Su venganza vendría años más tarde cuando obtiene su segundo Nobel (1911), esta vez en química y en solitario.

El guion va dando guiños feministas cada vez más intensos, sobre todo luego de su viudez y de tener una relación con Paul Langevin (Aneurin Barnard), casado, amigo y socio de Pierre, que desata un escándalo de proporciones y –como diríamos hoy- con “funas” públicas e insultos de grueso  calibre: “Judía sucia, fuera de Francia”, por ejemplo, le gritaban.

No se deja amedrentar y una vez terminado el amorío, regresa la calma y el trabajo científico, y a pesar de su fobia a los hospitales, se involucra en el trabajo de su hija Irene y su campaña de conseguir ambulancias y equipos de rayos X para ayudar a definir la necesidad de amputaciones a los soldados en la guerra (de lo contrario, cercenaban a destajo). Notable la escena cuando ofrece sus dos medallones de oro del Nobel para financiar la iniciativa. Fue su última labor, ya consciente del daño de la radiación en su salud. Esta “polaca espectacular”, como dice Rosa Montero, muere a los 66 años a causa de anemia aplásica.

Bonus track:

Carta de Einstein a Marie Curie en 1911

Muy apreciada Madame Curie,

No se ría de mí por escribirle sin tener nada sensato que decir. Pero estoy tan enfadado por el modo vil en que actualmente la opinión pública se atreve a meterse con usted, que necesito absolutamente airear este sentimiento.

Siento la necesidad de decirle lo mucho que admiro su intelecto, su energía y su honradez. Me considero afortunado por haberla conocida en Bruselas hace unos meses en la Conferencia Solvay. Siempre agradeceré que tengamos entre nosotros gente como usted y Paul Langevin, genuinos seres humanos, de cuya compañía uno puede congratularse.

Si la chusma sigue ocupándose de usted, deje sencillamente de leer esas tonterías. Que se queden para las víboras para las que han sido fabricadas.

Albert Einstein

Para olvidar el machismo en la ciencia… 1 h 50 min. En Netflix.

Tráiler aquí.

Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO