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Publicado el 15 de julio, 2021

“Maniac”: Los prejuicios y verdades incómodas de la enfermedad mental

Novelista. Analista FPP Chile Sascha Hannig

La miniserie de Netflix con Emma Stone y Jonah Hill, no glorifica ni caracteriza a la enfermedad mental como un atributo atractivo de los personajes, sino como algo doloroso y vergonzoso de lo que quieren deshacerse.

Sascha Hannig Novelista. Analista FPP Chile

Una herida puede desinfectarse, un hueso soldarse con el tiempo, pero la sociedad y la ciencia aún tratan a los problemas psicológicos desde la distancia. Mientras, el cine ha interpretado puntos de vista de personajes que sufren de estas condiciones, a veces distorsionando el sufrimiento. Hannibal no habla del tema directamente, pero atrapa a la audiencia con sus tendencias psicópatas; “Una mente brillante” muestra que los genios también son vulnerables y, más recientemente, “El Joker” da una mirada a la creciente brecha entre la fantasía o expectativa y la realidad, y cómo al chocar rompen la estabilidad de un ser humano. A diferencia de todos esos ejemplos, Maniac, la miniserie de Netflix con Emma Stone y Jonah Hill, no glorifica ni caracteriza a la enfermedad mental como un atributo atractivo de los personajes, sino como algo doloroso y vergonzoso de lo que quieren deshacerse. La producción logra esto formulando escenarios imposibles, que ayudan a los pacientes en tratamiento bajar a la realidad, utilizando referencias inteligentes, sin gran complejidad y con una construcción de mundo mucho más amplia de lo que alcanzamos a ver en sus nueve capítulos.

La vergüenza en la locura

En un mundo alternativo, con tecnología entre estancada en los ochentas y avanzada un par de décadas, una empresa busca voluntarios para probar una droga experimental que, bajo ciertas condiciones y supervisión, puede curar enfermedades mentales como la esquizofrenia o la depresión crónica. El proceso es éticamente criticable y poco convencional, pero hay personas desesperadas por sanarse que aceptan someterse a dicha prueba.

Uno de estos es Owen (Jonah Hill), quien decide ocultar un secreto a su familia: ve cosas que realmente no están ahí, incluso a un hombre que se ve exactamente igual que su hermano, llamado Grimsson, que de vez en cuando aparece para darle misiones secretas. La serie no cae en ambigüedades y directamente presenta a un personaje que sabe “no está bien de la cabeza” y se avergüenza de su condición, incapaz de ser una persona normal.

Pese a sus intentos de “verse normal”, Owen tiene fuertes presiones a su alrededor: pierde su trabajo y le piden mentir como testigo en el juicio de su hermano Jed, quien está acusado por acoso sexual. Nada de eso ayuda a la salud ya inestable de dicho personaje. Es por eso que cuando conoce a Anne (Emma Stone) otra voluntaria que vive al margen de la sociedad, sus alucinaciones le dicen que ella en realidad es otro agente encubierto, y sin saber que se enfrenta a un paciente esquizofrénico, esta le responde siguiéndole el juego.

El experimento en sí consiste en ingresarlos a través de sueños inducidos a realidades imposibles, para que puedan enfrentarse a sus “demonios” por medio de metáforas y filtros. En una realidad Owen y Anne están casados, en otra él es un agente de la ONU que ha asesinado a un extraterrestre y ella un agente secreto. Es difícil saber cómo experimentan estas realidades o si realmente ayuda a su salud mental, pero a través de cada uno de los capítulos que la relación de ambos se forja entre la dependencia y la lástima, más que en el romance.

Un maestro novelista me dijo que para escribir sobre la densa realidad había que tener la cabeza en las nubes, y para escribir ficción o derechamente fantasía había que tener los pies anclados en la tierra. Sin duda Maniac es el punto medio entre ambos y no parece ser accidental o antojadizo. La construcción del mundo es ficción que roza lo distópico. Es una sociedad en la que uno puede rentar amigos que te narren publicidad (ad buddies) o consumir publicidad a cambio de créditos para comprar productos, todo bajo una estética que hace referencia a películas de ciencia ficción y que cita a obras tan icónicas como El Quijote de la Mancha.

Sin duda, Maniac debiera tener mucho más crédito del que se le ha dado hasta ahora. Nos pone incómodos, pues no colorea ni matiza la realidad de la enfermedad mental. Esto provoca cierto rechazo inicial a los personajes, pues aceptar que uno tiene un problema (lo que gatilla la entrada al segundo acto), es aceptar debilidad, es vergonzoso y es algo que no queremos mostrarle al resto. Sin embargo, eso mismo hace creíble la historia.

Maniac es una serie limitada autoconclusiva y se encuentra disponible en Netflix.

Trailer aquí.

 

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