“La vida ante sí” es una historia que muestra cómo el amor puede salvar al ser humano. En este caso, a dos personas que transitan etapas muy distintas: un niño con una vida por delante, y una mujer que se despide de la suya.

Mohamed, o Momo -como le dicen- es un niño huérfano de doce años, oriundo de la ciudad senegalés Diourbel, cerca de Dakar, que emigró con su familia siendo guagua. No tiene fotos de su madre, pero sí recuerdos de su sonrisa, sus bailes, sus abrazos y sus risas. Momo vende drogas y cree que la felicidad y él no tienen nada que ver. “Soy joven, tengo toda una vida por delante. Lo sé. No voy a arrastrarme por la felicidad. Si viene, genial. Si no, me importa una mierda. La felicidad y yo no somos de la misma raza”, suele pensar.

Madama Rosa, interpretada por la majestuosa Sophia Loren -de regreso a las cámaras del cine luego de diez años-, es una adulta mayor que un día dejó de ser prostituta para ganar dinero y comenzó a cuidar a los hijos de otras prostitutas. La mujer convive con las sombras de un pasado doloroso, que cada tanto aparece en sus frecuentes lapsus de desesperación. Es una sobreviviente del Holocausto.

El milagroso encuentro sucede cuando Momo, sin conocerla, le roba dos candelabros en una feria. Este episodio desencadena una serie de situaciones gracias a las que Momo termina viviendo con Madama Rosa.

De a poco estos dos personajes se conocen y entrecruzan sus vidas con un cariño muy especial. Ella le cuenta un secreto: le confiesa que el sótano del edificio al que iba seguido sin que nadie lo advirtiera, era su refugio; y recuerda el de Auswitch, debajo de las barracas, donde solía esconderse. “Aus?”, pregunta Momo, que no tenía ni idea de lo que le hablaba. Le comparte también su mayor nostalgia: antes de la guerra vivía con su familia en una casa cerca de Viareggio y en la primavera los árboles de mimosas se llenaban de unas flores amarillas. “Eran tan bellas que me hacían llorar. Daría todos mis recuerdos por conservar este”, le dice Rosa a Momo, mientras le muestra una postal del lugar. Y también le pide un favor: “Momo, no importa qué suceda, no quiero terminar en un hospital”.

La profunda trama de este filme muestra cómo dos personas con poco en común, pero que comparten el peso de algún dolor pasado, logran empatizar y forjar un vínculo de amor que los rescata de sus destinos: a Madama Rosa, de morir en la soledad de un hospital. Al niño, de un futuro sin rumbo, abriéndole la puerta a su vida por delante. Fue quizá este encuentro una luz en el camino de cada uno, una esperanza de que la vida tiene sentido, que se trata de amar a otro ser humano.

La película se estrenó en noviembre de 2020 y fue dirigida por el hijo de Sophia Loren, Edoardo Ponti.

En Netflix.

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