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Publicado el 07 de febrero, 2019

 “La Mula”: De lirios y otras hierbas…

Autor:

Virginia Araya

Muy buena es esta película en que el protagonista, un octogenario en la quiebra y cansado, decide probar el dato que le había dado un amigo de su nieta de un posible “trabajo fácil”. Una historia que muestra que nunca es tarde para pedir perdón.

Autor:

Virginia Araya

Clint Eastwood la hace de nuevo. Como director, productor y protagonista, nos ofrece otra historia profunda, sentida, de pecadores que buscan ser redimidos, esta vez, interpretando a Earl Stone, un viejo canchero y carreteado, ya con 88 años, que se convierte por azar y necesidad en “mula”. ¡Y en la mejor!

¿Cómo? Bueno, resulta que este octogenario personaje ha dedicado su vida al cultivo de lirios –de esos maravillosos que pintaba Van Gogh-, incluso sacando premios por sus exquisitas variedades. Pero llevaba el negocio a su modo y a la antigua, por lo que cuando llega internet y el comercio on line empieza a invadirlo todo, su venta directa, persona a persona, se desvanece.

En la quiebra y cansado, decide probar el dato que le había dado un amigo de su nieta de un posible “trabajo fácil”.  Se contacta entonces con una banda de narcotráfico de mexicanos que funciona en un garaje clandestino y que comienza a pagarle cada vez más suculentos fajos de billetes por transportar en su destartalada camioneta paquetes de droga. Hacer de “mula”.

A Earl, que se ufana de haber recorrido casi todo el territorio de Estados Unidos y dominar  sus interminables carreteras, el trabajo de hacer entregas manejando le parece pan comido. De hecho, sortea los obstáculos con facilidad, incluso aprende a usar un celular y entenderse con los mensajes de texto  y –lo más importante-, la disponibilidad de dinero le permitirá pagar deudas con su familia, en efectivo, pero también de abandono y de cariño.

Como el propio Earl confiesa, en su vida le dio más importancia al trabajo y fue un pésimo padre y esposo, tanto que sólo su nieta Ginny (Taissa Farmiga) lo considera. Su ex esposa Mary (Dianne Wiest) y su hija Iris (Alison Eastwood, hija de Clint en la vida real) lo desprecian. De a poco comienza a estar más presente y a participar de los afectos familiares que se ha perdido, llevando en secreto su peligrosa labor como estrella del delivery de droga.

Viejo zorro y mañoso, no está dispuesto a estas alturas a un total sometimiento ante latinos mal hablados y es él quien los hace adaptarse a sus modos, sus tiempos y a sus rutas tarareadas. Tal es su éxito en las “entregas”, que el jefe máximo del cartel, Laton (Andy García), lo convida a celebrar a una fiesta con todos los clichés mafiosos: tragos, piscina, baile y muchas chicas dispuestas a complacer a los huéspedes. Lejos de amilanarse, Earl da clases de virilidad.

Con su nueva ocupación, además, pasa a estar en el radar de la DEA que persigue a los traficantes. En el estado de Illinois se topa con el agente Colin Bates (Bradley Cooper), quien empieza a pisarle los talones, pero su desgracia primero viene de la mano del nuevo jefe de la banda, un mafioso agrandado y violento que le pasa cuentas por haberse demorado en la última entrega. Y es que Earl se toma el tiempo necesario para acompañar la agonía de Mary, arrepentirse y pedir perdón, hasta su muerte. Ahí está la gran humanidad de esta película que nos pasa el dato: nunca es tarde, a la cuarta edad también se redime.

Muy buena. 117 min. Todos los cines.

Vea el trailer aquí.