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Publicado el 30 de enero, 2019

‘La Favorita’: ¡Sarta de manipuladores!

Autor:

Virginia Araya

Una intriga de época, con bastante de historia real y bastante de las pasiones desbocadas e incómodas de su director -“el griego loco”, como lo apodan-, tiene como protagonistas a Emma Stone, Rachel Weisz y Olivia Colman.

Autor:

Virginia Araya

La nueva cinta del griego Yorgos Lanthimos (escrita por Deborah Davis y Tony McNamara) no ha dejado indiferente. Una amiga se la repitió, a otras les cargó y tres se salieron del cine sin terminarla. Se ha llenado de laureles (Festival de Venecia, Bafta, Globos de Oro, etc.) y consiguió 10 nominaciones a los próximos Premios Oscar.

La historia se centra en las maquinaciones políticas, amorosas y eróticas de quienes rodean a la caprichosa e insegura reina Ana de Gran Bretaña (siglo XVIII), la última soberana británica de la Casa de los Estuardo. No es una comedia, aunque quieran catalogarla así. Es una intriga de época, con bastante de historia real y bastante de las pasiones desbocadas e incómodas de Lanthimos -“el griego loco”, como lo apodan-, aunque no perturba ni agrede como su anterior película, “El Sacrificio del Ciervo Sagrado”, angustiante y estremecedora.

Protagonizada por tres actrices potentes, encarnando a tres mujeres también potentes: Rachel Weisz (Lady Sarah), Emma Stone (Abigail) y Olivia Colman (ganadora del Globo de Oro como Reina Ana) son el trío central de la trama, vestidas fastuosamente, pero siempre en blanco y negro, riguroso y frío. El color lo llevan los hombres, desde sus pelucas.

Filmada casi sólo con luz natural, con uso de lentes del tipo “ojo de pez” que permiten un ángulo de visión de 180° o más, hacen que la estética también tenga un tono intrigante, como los títulos de los ocho capítulos en que es narrada.

Cinismo, engaño, perversión, chantaje, soledad, intriga, obscenidad, crueldad, abuso de poder y mucha elegancia. De todo esto vemos en la “La Favorita”, que relata la historia de la pérdida del poder de Lady Sarah en la manipulación de la Reina Ana, ante la aparición de Abigail. Esta hermosa ex aristócrata llega al castillo en busca de que su prima Lady Sarah –casada con el duque de Marlborough, general estrella del ejército- la acomode en la corte. No calculó que sólo sería destinada como sirvienta a la cocina y por lo tanto, comienza la lucha de intrigas para lograr convertirse en la favorita de la monarca y desplazar a su maquiavélica pariente.

A medida que va descubriendo el modus operandi de la sarta de manipuladores que operan en palacio, aprende a jugar para su propio beneficio, usando todo tipo de artimañas, pero nadie se espanta y nadie se turba, como diría Santa Teresa. Lady Sarah y Abigail, sin límites, se valen de retorcidas tácticas para acaparar el beneplácito de la Reina, mortificada con una gota dolorosa e invalidante que la hace vulnerable a quien más la cuide y mime, tanto en su oficio como gobernante como en su cama. Todo aderezado con dudosas y depravadas diversiones y bailes palaciegos.

El contexto es la guerra que libran con Francia a principios del siglo XVIII, y mientras el partido del Primer Ministro y sus fieros opositores gritan y pelean en el Parlamento -dentro del mismo castillo- a favor y en contra de seguir el conflicto que les está costando la bancarrota, Abigail y Lady Sarah, libran su propio enfrentamiento, siempre con una sonrisa y con un exquisito y bien pronunciando lenguaje soez. ¿El desenlace? Borroso como la imagen final.

Detalle histórico: la célebre canción «Mambrú se fue a la guerra» se refiere a este duque de Marlborough y es una deformación de su apellido.

Buena. Intrigante ficción de un capítulo de la historia. 121 min. En todos los cines.

Vea el trailer aquí.