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Publicado el 20 de septiembre, 2018

“La Esposa”: ¿Culpable o inocente?

Autor:

Virginia Araya

Una magnífica Glenn Close interpreta a una fiel mujer que prácticamente hace el trabajo de su marido en silencio, bancándose su ego. La película va más allá del cliché del “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, y plantea la pregunta: ¿por qué lo hizo o por qué dejó hacer?

Autor:

Virginia Araya

La crítica mundial ha coincidido en que el rol de Glenn Close en la cinta “The Good Wife” -basada en la novela de Meg Wolitzer y dirigida por el sueco Björn Runge- le valdrá finalmente un premio Oscar, luego de seis nominaciones anteriores. Y ojalá así sea, pues está magnífica como Joan, “la esposa” de Joseph “Joe” Castleman (Jonathan Pryce), un aclamado escritor estadounidense.

 

Tan aclamado, que recibe el llamado desde Suecia anunciándole que ha sido elegido el nuevo Premio Nobel de Literatura 1991, y celebra saltando arriba de la cama junto a su esposa como niños. Muy cómplices y enamorados tras 40 años de matrimonio, en los que al parecer Joan ha supervisado todos los detalles de la vida de su marido, desde controlar su comida saludable hasta esconder deslices amorosos.

 

Parte de esta tremenda distinción del Nobel es viajar con su familia a Estocolmo, en modo lujo, para preparar  honores y protocolos varios. Los Castleman acuden con su hijo David (Max Irons) -iniciándose también como escritor- pues su hija Sussanah (Alix Wilton Regan)  está pronta a dar a luz. Pero el viaje -en un imponente Concorde- no fluye… hay más caras largas e incómodas que sonrisas.

 

La mayor incomodidad se ve en Joan, quien va recordando episodios de su vida desde que conoció a Joe como su profesor de literatura. A través de flashbacks vamos conociendo cómo han construido su relación: con un ego predominante de él y una sumisión de ella, llevada por su amor/admiración. Se van develando resentimientos y renuncios perfectamente expresados en el rostro de Joan, de contenida amargura y humillación.

 

Desde que se conocieron, el enganche principal  fue la escritura y -como sucede muchas veces-  la alumna resultó con mejor pluma que el profesor. Sin embargo, Joan entendió por otra escritora que lo importante era ser leída, no sólo publicada, y que eso no pasaba con las mujeres. Así las cosas, decide comenzar a corregir los textos de Joe y pronto a escribirlos por completo.

 

¿Por qué esto de ser la “escritora fantasma” de su marido no se limitó a las primeras novelas y emprendió luego su propio vuelo? ¿Por qué Joe no impulsó el nombre de su talentosa esposa en vez de usurpar su trabajo? ¿Se puede victimizar tantos años después? ¿Quién es realmente el culpable o el inocente?

 

Mucha de esta trastienda la conoce el periodista Nathaniel Bone  (Christian Slater), quien desde hace un par de años persigue a Castleman para escribir su biografía. No consigue ser tomado en cuenta, pero sí inocular el deseo de desenmascarar el falso talento de Joe, tanto en Joan como en su hijo, frustrado por no lograr la aprobación de su padre a sus escritos.

 

De hecho, esperamos que lo haga en cualquier momento, pues la tensión es constante, hasta el mismísimo momento en que Joe recibe el galardón de manos del rey, o cuando pronuncia su discurso de agradecimiento cargado de alabanzas hacia Joan en la cena de gala… pero no sucede. Más ahogo y más temor de la explosión que vendrá cuando la línea de contención se rompa.

 

Contrariamente a quedarse en el cliché del “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, surge la pregunta: ¿por qué lo hizo o por qué  dejó hacer? Interpelaciones que hoy, con la intensa nueva ola feminista, cobran más fuerza, pues incluso a pesar del desenlace (que obviamente no podemos contar) la protagonista decide continuar dominando su versión de la historia en vez de transparentarlo todo. ¡Plop!

 

Para pensar cuántas esposas son las que hacen el trabajo de sus maridos en silencio bancándose sus egos. 100 minutos. En todos los cines.

 

Vea el trailer aquí.

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