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Publicado el 19 de julio, 2018

La cocina política de Mecha Corta: La soupe à l’oignon de Lagos Weber

Autor:

Mecha Corta

Nos quedó claro que Lagos Weber quiere ver el próximo mundial de fútbol en La Moneda, por lo que le voy a dedicar un plato ad hoc y, de paso, aprovecho de homenajear al equipo galo por su gran triunfo.
Autor:

Mecha Corta

 

 

Sopa de cebolla francesa
(6 personas)
2 cebollas medianas
3 chalotas
1 diente de ajo
1,5 litros de caldo de carne
1 taza de queso Gruyère rallado
1 cucharada de mantequilla
Aceite de oliva virgen
1 rama de tomillo fresco
1 vaso de vino blanco
6 rebanadas de pan baguette

Me gustaron las declaraciones de Fuad Chahín quien, desde la testera de la presidencia de la DC, emplazó –sin arrugarse– a los miembros de la ex Nueva Mayoría (liderados por la Señora) y del Frente Amplio para que, de una vez por todas, dejen de lado las defensas corporativas a los líderes de izquierda vecinos y se pongan las pilas con la triste situación de Nicaragua. “Antes de hacer esfuerzos inhumanos por apoyar líderes políticos de la región condenados por corrupción, vuelquen sus esfuerzos a defender los derechos humanos”, dijo fuerte y claro, resaltando el problema de las muertes bajo el régimen de Ortega. Bien por eso Fuad, ya es hora de que comience a despertar esa coalición que llevó a los chilenos al despeñadero. Si les sigues apuntando, quizá hasta te ganes uno de esos asados que regaló Andrónico Luksic para la final del Mundial.

El que está desatado es el protagonista de la receta de la semana pasada. Joaquín Lavín sigue sumando porotos (con riendas) a su haber gracias a la iniciativa de inclusión social impulsada por su proyecto de la rotonda Atenas. Ha sido tan “popular” el tema que hasta el destacado columnista Carlos Peña le hizo un guiño en sus letras el fin de semana. Mientras la leía, no sé por qué me lo imaginé como su jefe de campaña (sería simpática esa dupla). Y no es que yo sea muy fantasioso, porque se rumorea que Lavín podría ser el próximo aspirante a la Presidencia; de hecho, ya apareció un nuevo léxico para colocarlo en el espectro político: candidato de “derecha-izquierda”, algo así como un huevo a la copa frito, o peor aún, un crudo a la plancha. Este hombre jamás deja de sorprenderme.

El que también me impresionó este fin de semana, mientras veía la final entre Croacia y Francia, fue el senador por la V Región, Ricardo Lagos Weber, quien a pito de escopeta se proclamó candidato presidencial. Así no más, con más de tres años de anticipación declaró que cree que tiene la madurez suficiente para el cargo y que está dispuesto a participar. ¿Alguien le preguntó? Sea como sea, me parece que lo de la madurez está bien (está peludito el hombre) y lo de su disposición, todo bien mientras no sea un campeonato de cueca. Ojo eso sí con la competencia, senador, porque el ex diputado Jorge Tarud también se pregonó dispuesto para el cargo. Parece que el programa Código Azul del gobierno para este invierno generó un fuerte espíritu de voluntariado.

Nos quedó claro que Lagos Weber quiere ver el próximo mundial de fútbol en La Moneda, por lo que le voy a dedicar un plato ad hoc y, de paso, aprovecho de homenajear al equipo galo por su gran triunfo. Y qué mejor manera de hacerlo que con la tradicional sopa de cebolla, aquella que en los tiempos de la Revolución Francesa era considerada como un plato humilde, cocinado con ingredientes sencillos pero que podía convertirse en un plato digno de reyes si era elaborada de forma magistral.

Senador, invite a Joaquín Lavín para que le haga una clase de popularidad y a Jorge Tarud para que se cuadre desde ya a sus filas. Por si acaso, también invitaría a Heraldo Muñoz (le veo cara de candidato al ex canciller) y no estaría de más sumar a la Señora, de lo contrario se le puede acabar la fiesta antes de empezar.

Hágalos pasar con toda confianza a la cocina y que el más popular de todos se ponga a picar las cebollas y las chalotas en juliana. Que Heraldo caliente la mantequilla y el aceite de oliva en una olla y, cuando estén bien calientes, pongan la cebolla y las chalotas que picó Lavín y las dejen cocer a fuego lento por 30 minutos. Revuelvan de vez en cuando.
Pasada la media hora, que Tarud vierta el vaso de vino en la olla y que deje que se evapore el alcohol. Usted senador, añada el litro y medio de caldo de carne, la sal, pimienta y la rama de tomillo. Que la mezcla se cocine a fuego lento por una hora.

Mientras tanto, tuesten las rebanadas de pan en el horno; una vez listas, refriéguenlas con el diente de ajo y las reservan para cuando esté lista la sopa. Pasada la hora, pongan el caldo en pailas de greda individuales, agreguen la rebanada de pan junto al queso Gruyère rallado y vuelvan al horno a gratinar.
Escojan un bueno vino francés y, con la sopa humeando al frente, reflexionen acerca del timing, las sorpresas que les puede presentar el destino y consideren la posibilidad de tomarse las cosas con más calma. Aprovechen este tiempo para pensar y recuerden que, así como la deliciosa sopa que tienen al frente, propuestas sencillas y humildes pueden hacer una magistral candidatura. ¡Bon appetit!

@politicaycocina

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