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Publicado el 29 de agosto, 2019

“Había una vez en Hollywood”: La pillería de Tarantino

Periodista Virginia Araya

Estrenada en el último Festival de Cannes con mucha parafernalia  por ser lo nuevo de Quentin Tarantino después de un tiempo y por reunir a Brad Pitt y Leonardo Di Caprio, “Había una vez en Hollywood” es eso: una cuento que tuerce la realidad en pos de un final feliz. Aunque no sabemos si realmente se  logra el “fueron felices para siempre”.

Virginia Araya Periodista

Escrita y dirigida por Tarantino, en esta, su novena cinta, homenajea los años 60 y la manera en la que entonces se hacía cine. Las generaciones jóvenes han reaccionado fríamente a su propuesta, pero a otras las lleva a un viaje encantadoramente nostálgico con  películas de vaqueros, con ñoñas series de televisión como “FBI en Acción”, con Steve McQueen como galán de moda, y chicas en hot pants bailando al ritmo de Los Bravos (Bring a Little Lovin’). En fin, una mezcla de estética pop, hippie y psicodélica muy del mundo de The Mamas & the Papas.

La historia nos lleva por supuesto a Los Angeles, California, en 1969, días previos a la muerte de la preciosa Sharon Tate de 23 años (interpretada por Margot Robbie), en su mismo barrio de Bel Air, en la calle Cielo Alto (donde vivía con su marido Roman Polanski), con casi los mismos personajes que la rodearon, sólo que mientras el reloj avanza hacia el día y hora de su macabro asesinato a manos de seguidores de la secta de Charles Manson, los protagonistas son sus vecinos. Concretamente, Rick Dalton (Di Caprio) estrella de un western televisivo que lucha por amoldarse a los cambios de las nuevas corrientes del cine, y su doble Cliff Booth (Pitt).

Dalton, recio tras las cámaras, pero muy vulnerable en la intimidad, mira con rabia el estilo de vida y fama de su vecino Polanski (Rafal Zawierucha), su amistad con Steve McQueen (Damian Lewis, Homeland), sus fiestas en la mansión Playboy y su despampanante mujer.

Cliff, más que su doble, oficia como su chofer, su confidente y hasta su maestro chasquilla, mientras supera un pasado que no queda muy claro y se contiene ante la seducción de las novedosas chicas hippies.

En una suerte de cortometrajes paralelos, Tarantino sigue la vida de Dalton y Cliff, rodeados de hechos y personajes reales que va ficcionando como en un laberinto.

Mientras vamos siguiendo las vicisitudes de este par inventado, el contexto son hechos reales, desde la aparición de Bruce Lee (Mike Moh), hasta el Spahn Ranch, un lugar de filmación abandonado donde el desquiciado de Manson (Damon Herriman) llevó a sus seguidores.

Tarantino juega toda la película acercándonos a ser testigos de las 16 puñaladas que terminaron con la vida de Tate y sus ocho meses de embarazo. La tensión se mantiene hasta que Quentin re-escribe la historia. Para eso es Hollywood, para crear cuentos propios y torcer la realidad todo lo que la fantasía personal desee. Es esta vuelta de tuerca la que mantiene el sello Tarantino, con todo su humor negro y cuestionamientos a la cultura pop y la incitación a la violencia, con menos chorreo de sangre por cierto (aunque lo tiene). Como él mismo ha repetido, “no me someteré a lo políticamente correcto para complacer a otros”.

¡Ah! ¿Cuál es el rol de la chilena Lorenza Izzo? Bueno, interpreta a la esposa italiana de Dalton.

Recién en nuestra cartelera, esta cinta batió récord el fin de semana con  65 mil espectadores y  se transformó en el mejor estreno para una película del famoso director en Chile, superando a Kill Bill Vol. 2 (2006) que tuvo 25.030 espectadores y a Django Sin Cadenas (2013) con 24.830 espectadores. Mi favorita sigue siendo Bastardos Sin Gloria.

Entretenida, buena banda sonora y conclusiones inquietantes. Casi 3 horas que no se notan. 2 h 40 min. TE.

Vea el trailer aquí.