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Publicado el 28 de febrero, 2019

“Green Book”: No sólo por el Oscar

Autor:

Virginia Araya

Una película profundamente humana, que muestra la amistad que se va forjando entre un músico y su guardaespaldas, que da lecciones en muchos sentidos y reflexiona sobre el racismo en ciertos círculos “cultos”.

Autor:

Virginia Araya

A pesar de todas las críticas por haberse quedado con la estatuilla a mejor película, a mi juicio es un Óscar bien ganado para Green Book, una amistad sin fronteras, y de hecho comparte con Roma que se trata de una película profundamente humana.

Bajo la dirección de Peter Farrelly, con más experiencia en comedias (“Locos por Mary” es su etiqueta), la historia fluye cotidiana y creíble en torno a la amistad que se forja entre un prosaico guardaespaldas/chofer y un refinado pianista de color. Se trata de Tony Lip Vallelonga (Viggo Mortensen) un ítalo americano del Bronx y Don Shirley (Mahershala Ali, ganador del Oscar a mejor actor secundario), un elegante músico que vive en los altos del famoso Carnegie Hall.

Estos opuestos  se encuentran cuando Tony Lip se queda sin trabajo por la clausura del Copacabana, donde ejercía de matón, y  es contratado por Shirley para que lo acompañe en una gira por el “sur profundo” de Estados Unidos -donde no son amables con los ciudadanos negros-, para que no sólo conduzca su auto, sino sea su “protector” ante eventuales problemas raciales. En pleno 1962, emprenden el viaje, guiados por el The Negro Motorist Green Book, un cruel  librito turístico verde que  contiene los restaurantes y hoteles donde aceptan a los de color. Sus dos músicos van en otro auto y no tienen problemas de discriminación como su jefe. ¿Por qué lo que hacen entonces? “Porque hace falta coraje para cambiar el corazón de las personas”, y Don lo tiene, aguantando y aguantando.

La fuerza de esta travesía es que fue real, pues está basada en las memorias del verdadero Tony Vallalonga rescatadas por  su hijo Nick, quien coescribió el guión junto a Farrell. Es más, quienes personifican a la familia de Tony Lip son los verdaderos tíos, padre, cuñadas, y por eso dan el tono perfecto al clan italiano y sus festines de pasta. Mortensen contó que su primera reunión con ellos para preparar el personaje fue una cena interminable que lo llevó a correr al estacionamiento a aflojarse el cinturón del pantalón.

Casi sin querer queriendo, en la carretera se va forjando entre patrón y matón una amistad que pasa por una relación de enseñanza-aprendizaje: de modales y educación para Vallalonga, y de abandono de la soledad para Shirley. Por eso encanta, porque da lecciones en muchos sentidos y reflexiona sobre el racismo en los círculos “cultos”, que  aplaudían el virtuosismo musical de Don, pero no le permitían usar sus baños ni sus comedores (¡Cómo olvidar la discriminación a Violeta Parra en el Club de La Unión!).

La cinta tiene mucho humor y es muy emotiva sin ser cebolla. “¿Qué hago, si no soy los lo suficientemente negro ni lo suficientemente blanco?”, es una de las sentidas frases  del pianista.

Viggo Mortensen también se merecía ganar el Oscar a mejor actor, pero competió con el protagonista de Rapsodia Bohemia, indesbancable.

De crudezas y finezas, una película que encanta. Tres Oscars, tres Globos de Oro. 130 min. Todos los cines.

Vea el trailer aquí.

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