Cine en su Casa es presentado por:
Publicado el 25 de junio, 2020

«El precio de la verdad»: Sed de justicia

Periodista Ana María Gálmez

Al más puro estilo de los libros de ficción periodística de Lapierre y Collins, este thriller judicial reconstruye un caso real que denuncia la falta de honestidad de un coloso empresarial, Dupont, que vertió sin control residuos tóxicos durante años y dañó de por vida a habitantes de un pueblo agrícola en West Virginia. Una historia con visor ecológico y en estrecha relación en cómo cuidamos a nuestro planeta.

Ana María Gálmez Periodista

Nunca pensé que mis ollas de teflón, que estrené en mis primeros años de casada y cuidaba con tanto primor, tenían una historia tan macabra detrás: un veneno que no se puede eliminar por ninguna vía del cuerpo.

«El precio de la verdad» («Dark Waters»), dirigida por Todd Haynes y protagonizada por un trío magistral de actores -Mark Ruffalo, Anne Hathaway y Tim Robbins-, aborda una trama oscura, tal como lo señala el título original en inglés. Estrenada en marzo de este año en cines, a los pocos días, producto de la pandemia, tuvo que confinarse en AppleTV.

El guión de Todd Haynes (director de cintas como «Lejos del Paraíso» o «Carol») se inspiró en un reportaje de denuncia, publicado en 2016 por el New York Times en su suplemento dominical. Allí, Nathaniel Rich perfila a Rob Bilott, un abogado ambientalista que sacó a la luz, con un alto costo profesional y familiar, los peligros de un producto químico que llevaba años contaminando una comunidad rural, y se convirtió en un fuerte dolor de cabeza para el gigante corporativo Dupont por promocionar sus usos.

Mark Ruffalo se enfunda en el traje de Bilott, un abogado que acaba de incorporarse como socio a Taft Stettinius & Hollister, uno de los estudios jurídicos más prestigiosos de Cincinatti. Pero al profesional se le remece el piso y la conciencia cuando a su oficina llega Wilbur Tennant, un granjero tosco y rudo, amigo de su abuela, y le pide ayuda para denunciar lo que está ocurriendo en sus tierras. Bilott viaja un fin de semana a Parkersburg, sólo por cumplir y evitar la incómoda presencia de Tennant en su oficina. Se impacta al ver la contaminación de sus tierras, del río que las surca y de los cientos de cabezas de ganado sacrificado. Más tarde será testigo del horror de que él y su mujer son diagnosticados de cáncer por la misma causa: desechos tóxicos de una fábrica de productos con teflón perteneciente a Dupont.

La película, de corte ecológico, tiene un aire a la cinta de Erin Brockovic, una mujer audaz, protagonizada magistralmente por Julia Roberts. La trama se centra en el enfrentamiento entre ciudadanos comunes y poderosas corporaciones, y expone con maestría un largo y complejo entramado (los hechos se inician en 1950, pero se requirieron varias décadas para que la multinacional reconociera los daños).

Wilbur Tennant, el atribulado granjero, hace reiterados reclamos a las directivas medioambientales de la zona, quienes coimeados y presionados por Dupont redactan un informe donde lo culpan de la muerte de sus vacas. Pero Haynes, a través de su lente magistral, va haciendo parte al espectador de la farsa que hay detrás. Recorre con la cámara el pueblo, donde todo luce opaco, niños que sonríen con dientes ennegrecidos por el exceso de flúor en el agua que consumen y distintas tiendas y agrupaciones que llevan el nombre de Dupont, la única empresa proveedora de empleos de la comunidad.

Bilott es un tipo asombroso, sencillo, mateo y claramente con una ética a prueba de balas y se encierra en una bodega llena de reportes a estudiar durante meses, donde logra demostrar que un compuesto llamado politetrafluoretileno está ligado directamente al peligro de generar cáncer y diversas deformaciones congénitas.

Como es de esperar, la pelea de David contra Goliat genera sus primeros daños cuando, tras los juicios, muchos de los denunciantes pierden sus fuentes de trabajo. Bilott, a su vez, comienza a sufrir progresivos recortes de sueldo; su estrella de profesional exitoso se opaca; se enfrenta a su jefe por el riesgo económico que sufre el estudio y es funado en su pueblo.

El litigio dura 7 largos años. Durante ese tiempo el abogado logra sacar adelante un estudio médico, inédito por su magnitud, hasta la fecha el más grande de la historia, e incluso sufre un accidente cardiovascular por estrés. Pero en 2011 el análisis comprueba el vínculo del compuesto químico con cáncer de riñón y testicular; afecciones tiroideas, además de los casos de niños que nacieron con malformaciones, entre otros. Uno de los afectados, Buck Bailey, tiene un breve papel al final.

Es una película larga, sólida y dura. Un relato que compromete al espectador y tal vez lo más atrayente es que su protagonista es un hombre de carne y hueso, con miedos y angustias, que se enferma de agotamiento y de frustración, pero que tiene claro que la salud y el futuro de mucha gente depende de una pelea bien dada.

Una cinta para conversarla con una buena copa de vino y reflexionarla.

En Apple TV para arriendo y compra.

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete