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Publicado el 11 de junio, 2020

“El Insulto”: ¿Qué fue lo que dijo?

Periodista Virginia Araya

Esta cinta estrenada en el Festival de Cine de Venecia de 2017 trata de la escalada moral que toma una discusión en un barrio de Beirut entre un palestino y un libanés. Tremendos diálogos en una película que toca un tema siempre actual: la intolerancia.

Virginia Araya Periodista

Esta singular película libanesa nos hace reflexionar de manera insospechada y dura en múltiples aspectos de la vida. Desde las implicancias que puede tener no sólo pensar distinto, sino el destino con que a algunos los carga la geografía de su nacimiento, y hasta cómo la fe nos puede hacer intolerantes. “El Insulto” es una película seria, tan lejana pero cercana; un cliché que se relaciona con el derrumbe de fronteras de la globalidad y de los conflictos en tiempo real, a diario, en el living de nuestras casas. Sin ir más lejos, estos últimos días hemos solidarizado virtualmente con  las protestas anti racismo de otros países y llevamos décadas tratando de entender el conflicto árabe-israelí.

Dirigida por Ziad Doueiri y coescrita por Doueiri y Joelle Touma, esta cinta estrenada en el Festival de Cine de Venecia de 2017 trata de la escalada moral que toma una discusión en un barrio de Beirut. Mientras Yasser Salameh (Kamel El Basha) un capataz palestino, conocido por su buen trabajo y mal humor, pasa revista junto a su cuadrilla a las imperfecciones callejeras, como pintura de fachadas o desagües en mal estado para mejorarlas por orden del diputado del distrito, se encuentra con que desde un balcón de un edificio cae agua de una canaleta mal instalada y moja a los transeúntes. Sube entonces a hablar con el propietario, el mecánico y fanático del partido cristiano libanés, Tony Hanna (Adel Karam) para comunicarle que se la va a arreglar. Pero Tony no quiere y le da un portazo.

Yasser la repara igual y cuando Tony se da cuenta, la destruye, provocando que el capataz le diga “eres un maldito desgraciado”… ahí el insulto, la chispa que enciende la rabia de Tony contra los palestinos y exige que le pida disculpas.

No las recibe y demanda a Yasser, que hasta ese momento vivía apaciblemente con su esposa libanesa en el campo de refugiados San Eli, y como siente que no hizo nada por lo cual disculparse, no da su brazo a torcer. Menos cuando a raíz de otro encontronazo, esta vez Tony lo insulta a él con un “ojalá Ariel Sharon los hubiera aniquilado a todos”.

Con la guerra ya declarada y ambos sintiendo vulnerada su dignidad, van a un primer juicio sin abogados, en el que obviamente el juez desarma un conflicto exagerado y no habiendo delito, se desestima la acusación. Pero suceden otros problemas en la vida de Tony y su joven señora embarazada, Shirine (Rita Hayek), y se llega a una segunda demanda y un segundo juicio. Esta vez, las posturas se polarizan políticamente y los bandos comienzan a enfrentarse en las calles con violencia e intervención de la policía y hasta del presidente libanés.

De gran atractivo son los argumentos de abogados y jueces, especialmente porque el defensor de Tony es un renombrado abogado de la plaza –genio y figura- Wajdi Wehbe (Camille Salameh), y quien representa a Yasser es su aguda hija Nadine (Diamand Bou Abboud). De hecho ninguno de los afectados buscaba dinero ni grandes castigos, sino solamente disculpas públicas, pero es imposible dada la ideologización de los ciudadanos y, como dice Wehbe, “es difícil porque está de moda defender a los palestinos”.

En los alegatos obviamente se intenta revelar por qué ambos se han sentido tan insultados y afloran sus raíces, sus años de amargura. Ambos protagonistas tenían en su pasado experiencias de guerra traumáticas. Como la masacre de Damour (ciudad bananera a poca distancia de Beirut) en el caso de Tony, ​ y el Septiembre Negro en Jordania, en el caso de Yasser. Historias de violencia, pobreza y desarraigo. Con estos referentes, el ambiente está cada vez más alterado, con Wehbe acusado incluso de sionista asesino y el juicio prosigue con protección policial. Perplejos en cambio,  Tony y Yasser van viviendo un proceso distinto al conocer la historia del otro, como sucede en la vida misma. Qué importante es no repetir ideologías o creencias como loros y darse el tiempo para entender las circunstancias de los demás e impedir espetar frases como una simple manera de descargar rabia, pero que para otros son un insulto de vida.

Wehbe lo señala al final del caso: «nadie tiene el monopolio del sufrimiento y en este juicio hemos visto el primer paso para considerar y aceptar al otro». Qué tal si lo aplicamos acá?

Muy buena, tremendos diálogos. Nominada al Oscar como mejor película de lengua extranjera y Kamel El Basha, ganador de la Copa Volpi como Mejor Actor en Venecia. ​1h 54m. En Netflix.

Puedes ver el trailer aquí.

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