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Publicado el 07 de febrero, 2019

El hallazgo de un Little Italy en Limache

Autor:

Rodrigo Martínez

Si va a la costa, vale la pena este desvío, sobre todo si ama la sobremesa y los sabores italianos sin concesiones al paladar local. A cargo de esta estupenda cocina, una pareja de italianos que son el alma de esta bucólica trattoria y pizzería que es toda una sorpresa escondida. 

Autor:

Rodrigo Martínez

Ya un par de años lleva esta cocina inaugurada en un camino interior entre Concón y Limache, una ciudad que vive una plácida moda de lo orgánico, sustentable y con emprendimientos veganos que riman con la colectividad viva de un establecimiento Waldorff que hace escuela, ejerce conciencia y emana una sólida pandilla de seguidores. Entusiastas u oportunistas, da lo mismo. Limache merece una visita también por la estupenda pizzería Pizatti, por el café Vilú y el deleite que ofrece una ciudad conectada por tren (a 45 minutos de Valparaíso), algo que parece (con sus distancias) la Emilia-Romagna rural y fecunda conectada con Ferrara, Bologna, Florencia, Venecia. Lo cierto es que esta ciudad ha sido marcada a fuego por una tradición italiana, desde la fundación del Club Social Italiano, los dulces Merello (huevos de almendras confitadas, ¿se acuerdan?) y, en este caso, una cocina que vale la pena -y la cuenta- tener en consideración.

Vamos a partir con un par de recomendaciones. Ajuste GPS o aplicación mediante para llegar, porque es en una curva, de súbito. No abre ni lunes ni martes, los fines de semana se llena y sin reserva es un vía crucis para familias con niños. Se recomienda la reserva al menos con un día de anticipación. Llegar temprano y con paciencia es la consigna. Si reúne todos esos elementos pdrá encontrar una cocina verdaderamente italiana, preparada en el momento, que utiliza y saca lustre a los ingredientes de estación y que además logra deleitar desde esa “sencilla” postura italiana que es trasladar los sabores del huerto a la mesa.

Lo probado (entre varios), burrata casera con ensalada, tabla de bruschetas, con un pan casero que lograba el equilibrio casi improbable entre alveolos y crocancia con funghi porcini, alcachofas, berenjenas y otras coronas aptas para todos nosotros, los omnívoros y los vegetarianos.

De su amplia carta de pizzas nos decidimos por la con pera, queso azul y nueces. Con una masa delgada y a la vez solida y de cierta elasticidad. Perfectible, pero deleitosa.

Fetuccini al cartoccio que es la misma receta presente en el famoso y sobrevalorado Pasta e Vino de Valparaíso, que tras vaivenes, dimes y diretes y otras hierbas todavía sigue en pie en el puerto. La cocina que manda acá es la responsable de buena parte de la fama del comedor porteño y eso se nota.

Acá hay carácter, hay rigor y esa entrañable falta de respeto por el comensal, sobre todo si se atreve con un Penne arrabiatta con peperoncino siciliano. Un platillo que saca lágrimas (nostalgia, picor y sabor, todo junto). En estas épocas en que los chefs son estrellas, se agradece que el protagonismo esté en la cocina y no en un nombre propio. No traicionar nunca los sabores y las sazones nativas es siempre un juego peligroso al negocio, pero satisfactorio para el conocedor.

La cuenta, cerca de $120.000 con propina, entre seis (dos niñas, mediante), una botella de vino Kingston Pinot Noir, agua mineral, jugos, café y profiteroles con crema de limón de postre y los platos descritos además de unos gnoccis de castaña que apenas me dejaron probar de lo buenos que estaban.

Pavarotti. Camino Los Laureles Poste 109. Tel 9 4537 0544. Abierto de miércoles a sábado de 13.00 a 17.00 y de 20.00 a 23.00 horas.